#La #COVID-19 es muy distinta en niños y en adultos

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El primer caso de COVID-19 en Madrid se registró el 27 de febrero. Dos semanas y media después había 4.695 casos confirmados. Los menores de 18 años eran menos de uno por cada cien, y la enfermedad normalmente leve.

Pero en este periodo y solo en la región de Madrid, 25 niños fueron hospitalizados, y 4 admitidos a la unidad de cuidados intensivos pediátrica necesitaron apoyo respiratorio.[1]

Dr. Alfredo Tarrago

“El número de casos graves pediátricos es significativo, y ha seguido aumentando”, comentó a Medscape en español en una conversación vía Skype el pediatra e investigador clínico, Dr. Alfredo Tarrago, del Servicio de Pediatría del Hospital Infanta Sofía de San Sebastián de los Reyes.

El estudio, que evaluó 365 niños testados en 30 hospitales de Madrid (41 de ellos positivos para SARS-CoV-2), pretende empezar a definir cómo es la enfermedad en los niños.

“Tenemos un porcentaje alto de pacientes hospitalizados porque no hemos testado masivamente, como en China o Corea, sino principalmente a los que ingresaban o tenían alto riesgo de hospitalizarse”, explicó el Dr. Tarrago.

Pero el clínico también se enfoca en el número absoluto, manifestando que en dos semanas, solo en Madrid y al inicio de la epidemia se presentaron 25 casos graves. En toda China y en el registro de un periodo mayor (16 de enero al 8 de febrero) los casos graves sumaron 21.[2]

Dra. Gabriela N. Ensinck

Los datos de este trabajo son similares a otras publicaciones que se hicieron en China; uno a destacar es que los niños generalmente se contagian de adultos, manifestó a Medscape en español la Dra. Gabriela N. Ensinck, jefa del Servicio de Infectología del Hospital de Niños Dr. Víctor J. Vilela en Rosario, Argentina.

“Los pacientes pediátricos son pauci-sintomáticos (oligo-sintomáticos), y hay un porcentaje bastante alto de asintomáticos, donde la mayoría evoluciona bien. Alrededor de 10% ingresa a terapia intensiva, y un porcentaje bajísimo a asistencia respiratoria mecánica. Y al igual que en la serie de China, no hubo fallecidos”.

Falsos negativos

Otro aspecto de la serie destacado por el Dr. Tarrago, es que podría haber muchos niños catalogados como casos negativos de COVID-19 que no lo sean. Las dudas recaen en la prueba de reacción en cadena de la polimerasa (PCR), y se sustentan en un trabajo que sitúa la sensibilidad de la prueba en el frotis nasal en 35% y en el frotis faríngeo en 65%.[3]

“Los falsos negativos son un reto. Estamos viendo niños con cuadros idénticos a los de COVID-19, pero que son pruebas negativas”, advirtió el médico español.

La Dra. Ensinck, secretaria del Comité de Infectología de la Sociedad Argentina de Pediatría, confirmó que si bien las pruebas de reacción en cadena de la polimerasa son las mismas que se realizan en la población adulta (hisopado nasofaríngeo u orofaríngeo), se acepta que la sensibilidad de dichas pruebas en pediatría oscila entre 67% y 77%.

Con esta metodología, al día 13 de abril Argentina tenía aproximadamente 100 niños diagnosticados; 40 casos de 0 a 9 años, y 68 de 10 a 19 años, sin ningún fallecimiento. En general los casos son contactos de casos positivos o por viaje, o por contacto estrecho de viajeros dentro de la familia, informó.

Más que una simple gripe

Asimismo, el Dr. Tarrago puntualizó que aquello que antes de la pandemia podía interpretarse como una simple gripe de vías altas o una diarrea leve, ahora debe considerarse posible COVID-19.

Como virus respiratorio, presenta manifestaciones diferentes en los pacientes pediátricos, es decir, en menores de 3 meses se observa fiebre sin foco, en menores de 1 año bronquiolitis y en mayores, neumonía viral.

Además la enfermedad es completamente distinta a la de adultos, ya que no se observa un prolongado síndrome de insuficiencia respiratoria aguda, tampoco interleucina-6 muy elevada ni enfermedad microvascular tromboembólica.

El especialista también resaltó que se está empezando a ver el papel que cumple un tipo de lesiones distales detectadas en los pies. “Recién se están empezando a estudiar; todavía no tenemos datos de las biopsias de estas lesiones”, añadió.

En China, un estudio retrospectivo en 20 pacientes pediátricos determinó que algunas imágenes y determinaciones de laboratorio (elevación de procalcitonina) podrían ser características de la población infantil, pero en España eso no fue estudiado.[4]

El número bajo de casos graves dificulta los estudios. La pregunta sobre qué ocasiona que de miles de casos leves pocos se agraven, no tiene respuesta todavía. “Tampoco sabemos la evolución a mediano y largo plazos”, resaltó el médico.

Con el tiempo a su favor, recomendó a sus colegas de Latinoamérica: “Todos los niños que vean en las próximas semanas con esos síntomas leves y hasta que se demuestre lo contrario, son enfermos de COVID-19. Tenemos que tratarlos así”.

El objetivo de esta recomendación es para protección de los propios sanitarios, y para no ser vectores de transmisión a otros niños que puedan tener familiares de riesgo y a otros sanitarios.

Como los síntomas son inespecíficos, la Dra. Ensinck sostuvo que el pediatra “debe tener los ojos abiertos ante cuadros febriles o no tan febriles, como cuadros respiratorios altos o gastrointestinales”, limitando la recomendación solo a casos en lo que haya habido adultos en la familia con estos cuadros.

En su opinión, no es necesario considerar los contactos del niño con adultos asintomáticos o paucisintomáticos, porque si bien algunos artículos describen que pueden contagiar, el porcentaje de contagio de los asintomáticos dentro del grueso de la enfermedad es muy bajo, afirmó la especialista.

¿Por qué en niños es más leve?

Las tasas bajas de niños afectados por COVID-19 podrían deberse a disminución de la exposición al virus, disminución de la infección por el virus debido a la inmunidad a otros coronavirus o disminución de la probabilidad de enfermedad, incluso cuando están infectados con el virus.[5]

Hay muchas hipótesis de porqué en adultos existe una reacción inmune grave que no tienen los niños, señaló el Dr. Tarrago.

“La clave seguramente residirá en el sistema inmunológico. Por una parte, más inmunotolerante en niños, pero además reforzado por las vacunas. Sin embargo, esto hay que estudiarlo”.

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