#Los dos #estilos de vida del #confinamiento

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Un amplio estudio francés ha reconstruido los hábitos dietéticos y físicos durante la encerrona del coronavirus: no todos se han atiborrado de galletas y televisión.

Dibujos de alimentos
El 35% ganaron dos kilos de media y el 23% perdieron dos kilos.

Las crónicas históricas, muchas noveladas, suelen relatar que ante la llegada de un presunto apocalipsis, en forma de los clásicos jinetes de la peste, el hambre y la guerra -según los intérpretes, el del caballo blanco puede simbolizar la Gloria o el Anticristo-, la humanidad reacciona bien hacia el desenfreno o bien hacia la renovación de su vida.

Con una cierta sensación apocalíptica -el hogar como refugio antinuclear-, buena parte de la humanidad actual ha pasado tres meses de confinamiento preventivo en los que de algún modo, menos dramático, claro, se han reproducido esas dos actitudes.

Lo refleja un amplio estudio de la universidad parisina de La Sorbona que aparece en la plataforma pre-publicación medRxiv y que está encabezado por Melanie Deschasaux-Tanguy. Mediante cuestionarios específicos enviados a la cohorte NutriNet-Santé, han analizado los comportamientos nutricionales, el peso corporal, la actividad física y los registros dietéticos de 37.252 franceses adultos durante los meses de abril y mayo. Los hábitos nutricionales se compararon antes y durante el periodo de confinamiento.

Tras los análisis, observaron dos tipos de comportamientos: uno desfavorable y otro favorable. Así, el 35% de los encuestados confesaron haber ganado en promedio 1,8 kilos de peso, el 53% había disminuido la actividad física, el 63% había aumentado el tiempo sedentario, y un porcentaje variable -del 20 al 30%- había aumentado el consumo de aperitivos, galletas y dulces, y disminuido el de productos frescos (fruta y pescado). Un 15% reconocieron haber tomado más bebidas alcohólicas. La tendencia opuesta reflejaba que el 23% había perdido un promedio de 2 kilos de peso, el 40% había aumentado la dieta casera y el 19% la actividad física.

Variables perturbadoras

Los autores precisan que ambas tendencias de comportamiento se relacionan con la situación sociodemográfica y económica, con la profesional (teletrabajo o no), el estado de peso inicial, tener hijos en casa, ansiedad y síntomas depresivos, así como con la calidad de la dieta antes del encierro. Las modificaciones de las prácticas nutricionales se relacionaron principalmente con cambios de rutinas, suministro de alimentos, razones emocionales y cambios voluntarios para adaptarse al confinamiento.

Los resultados sugieren que la interrupción sin precedentes de las rutinas diarias condujo, en una parte sustancial de la población, a comportamientos nutricionales poco saludables que, si se mantienen a largo plazo, pueden aumentar la carga de morbilidad relacionada con la nutrición y también afectar a la inmunidad orgánica. Sin embargo, añaden los autores, la situación de encierro también creó una oportunidad para que algunas personas, menos de las que sería deseable, mejorasen sus hábitos nutricionales, con el beneficio de que tal actitud pueda establecerse a largo plazo, dadas sus ventajas en la salud.

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