El gru#po de entre 12 y 25 años, en el punto de mira de la farmacia, por el riesgo de #problemas psicológicos

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Ansiedad, tristeza y alteraciones del sueño son los trastornos mentales que más han detectado los profesionales en niños y adolescentes durante el confinamiento.

Los trastornos psicológicos suelen aparecer entre los 12 y 25 años
Los trastornos psicológicos suelen aparecer entre los 12 y 25 años

Varias asociaciones de psiquiatras y psicólogos se han unido en una plataforma para elabora un informe que recoge las principales conclusiones de diferentes estudios sobre los efectos de la Covid-19 en la salud mental de los menores y la experiencia de los profesionales durante este periodo.

Así, mediante una encuesta de 30 preguntas, realizada a 169 psiquiatras y psicólogos clínicos de
30 ciudades españolas diferentes, han llegado a la conclusión que el grupo de entre 7 y 12 años es el que ha presentado más problemas durante el confinamiento. Los niños con problemas de conducta, trastornos del desarrollo o de tipo ansioso, así como los pertenecientes a familias en riesgo de exclusión social, han sido los grupos con mayores dificultades.

Gloria Bellido Zanin, coordinadora de la  Sección Infanto-Juvenil de la Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes (Anpir), detalla que los trastornos de nueva aparición durante el confinamiento “en su mayoría los clasificaríamos dentro de los trastornos adaptativos, eso es, síntomas en respuesta a una situación estresante, que puede ir desde mayor ansiedad (como preocupaciones excesivas, fobias…) o mayor inquietud en niños más pequeños”. Y añade otro, como” alteraciones en el estado de ánimo, mayor tristezaapatía irritabilidad así cómo alteraciones en el sueño como insomnio o pesadillas”. “También nos hemos encontrado en algunos niños más pequeños -continúa- con más dificultades para separarse de los padres o hacer cosas solos que ya habían aprendido a hacer”.

Según su experiencia, los trastornos adaptativos son leves y muchas veces desaparecen al finalizar el motivo de estrés solo con los recursos personales de los que dispone el niño o la familia. “Sin embargo,  puede ser importante una intervención precoz para evitar que se cronifiquen y se desarrollen trastornos de mayor gravedad”.

Entonces, ¿cómo puede el farmacéutico sospechar si esos trastornos no son tan leves? Bellido Zanin pone el foco en la duración y en el nivel de malestar que exprese el niño, por ejemplo, que le haya afecte en su “rendimiento escolar o en sus relaciones sociales“.

Grupo vulnerable

También señala a un grupo especialmente vulnerable y sobre el que el farmacéutico puede estar pendiente, y es el que se sitúa en una franja de edad de entre los 12 y los 25 años: “Sabemos que la mayor parte de los trastornos mentales comienzan en estas edades, por lo que, una detección y una intervención precoz son fundamentales en esta franja. Animarles a pedir ayuda a tiempo puede ser una forma de prevenir la aparición de trastornos mentales en el futuro.

Cuándo derivar

Preguntado por los casos de derivación de la farmacia al centro de salud, Miguel Martín Almendros, médico y vocal de la Junta Directiva del Centro de Investigación sobre Fitoterapia (Infito), “cuando la sintomatología que nos describen los padres nos lleven a pensar en una ansiedad o estrés grave e incluso en una depresión de entidad, o cuando afloren otros síntomas mayores que nos hagan pensar en problemas de personalidad de fondo que estaban escondidos”.

A su juicio, otro motivo de derivación es “la no respuesta inicial a un tratamiento, cuando al cabo de dos semanas no hay una mejoría clínica constatable o incluso empeore el paciente”. Y es que esto “nos puede hacer sospechar de patologías de base no debida a la sobrecarga del confinamiento, siendo el mismo el desencadenante para que aflore esta condición patológica”, argumenta.

Hábitos saludables

En los demás casos, donde la condición de leve sea clara, la experta sostiene que el primer consejo farmacéutico y lo que más ayuda en estos casos es “mantener unos hábitos de vida saludables: rutinas adecuadas, alimentación equilibrada, hacer ejercicio físico y un buen acompañamiento emocional por parte de sus padres” y animar a que pidan ayuda si lo necesitan.

Una ayuda natural

Martín Almendros también defiende la idoneidad de recomendar plantas medicinales desde la farmacia, siguiendo la siguiente premisa: “Siempre que haya un problema menor de salud ante el cual hay evidencia del efecto terapéutico de la fitoterapia y no interactúe con otra medicación que tome el paciente por otros motivos de salud”. Y es que, sus conocimientos sobre fitoterapia le llevan a afirmar que toda patología “es susceptible de tener una recomendación de fitoterapia de forma complementaria o como primera elección terapéutica”.

Así, en el caso de los trastornos psicológicos en menores, afirma que hay dos grupos de situaciones clínicas y emocionales que pueden responder muy bien a la fitoterapia, como el insomnio y el estrés-ansiedad o depresión leve (en menor medida). “La opción terapéutica basada en hipnóticos benzodiacepinas deberíamos planteárnoslas los médicos ante situaciones clínicas avanzadas, por los problemas que comparta, en este abanico poblacional, este tipo de medicación. Por ese motivo la posibilidad que nos brinda la fitoterapia viene a ocupar un espacio terapéutico para el cual no hay ninguna opción definida.

Por ello, el experto propone dos plantas: amapola de California, “para ayudar a regular el sueño en adolescentes, junto a una valeriana“, y en niños, una melisa con lúpulo. “En ambos casos se puede complementar con una melatonina a las dosis comercializadas. Para el estrés y ansiedad ayudarían plantas adaptógenas, como el eleuterococo y la rodiola, tomadas por la mañana y a lo sumo al mediodía, pero evitando la toma por la tarde-noche”.

Cuando el niño somatiza en el aparato digestivo, Martín Almendro afirma que podría ayudar una “hierba luisa con melisa y manzanilla“. También señala a la flor de San Juan “para las fases incipientes de depresión o depresión leve a moderada, pero esta entidad es más difícil de identificar en niños y adolescentes, por lo que llegar a esta conclusión en farmacia es complicado, ya que los síntomas en esta población difieren a los de la población adulta”, reconoce. No obstante, asegura que la respuesta terapéutica a la hierba de San Juan o hipérico “es muy buena, salvando sus particularidades de no abusar de la exposición solar, no mezclar con benzodiazepinas…”.

No hay estudios en niños

También reconoce que no hay estudios del uso de la fitoterapia en niños prácticamente, “al igual que con gran parte de la medicación alopática”. Y añade: “No valdría una extrapolación terapéutica de una dosis de adulto ajustándolas al peso del niño. Los niños tienen una metabolización diferente de la medicación, unos volúmenes de distribución diferentes y una acción terapéutica diferente de muchos fármacos. Deberíamos tener estudios específicos, pero no los hay”.

Dicho esto, el portavoz de Infito describe que, conforme se pasa de la infancia a la adolescencia y se va desarrollando el organismo y va aumentando el peso y va madurando la persona en todos los aspectos y se va transformando en un organismo adulto, va respondiendo como una persona adulta.

Por todo ello, el experto en plantas dice que a la hora de prescribir o aconsejar fitoterapia los profesionales sanitarios se pueden guiar “por los usos tradicionales de las plantas, recogidos por la Agencia Europea del Medicamento (EMA) y otras instituciones”.

En su opinión, una edad prudente para empezar a recomendar fitoterapia en el campo de la salud mental puede ser los 6 años. “Antes de esta edad es difícil identificar situaciones clínicas ocasionadas por el confinamiento y la actuación debería ser más psicológica que medicamentosa”. Es más, declara que, a partir de esa edad, “la respuesta fisiológica se va asemejando a la de los adultos y podemos prever la respuesta terapéutica que puede tener un fitocomplejo en el niño o adolescente”.

Respecto a la duración de las terapias naturales, el médico defiende que debe mantenerse “hasta la estabilización sintomática”. Por ello, entiende que, como han sido dos meses y medio, “la reversibilidad ha de ser rápida, a no ser que este desenmascarándose una situación patológica de fondo. Por ese motivo, en el plazo de dos semanas se ha de observar un cambio en la clínica muy constatable”. “Esto nos reafirma -continúa- en seguir hasta el mes de tratamiento para estabilizar la nueva situación que se va ganando. No obstante, cada persona es un mundo a la hora de responder a una planta medicinal”.

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