#Las #pautas dietéticas #DASH y #mediterránea se asocian a menor riesgo de #carcinoma basocelular

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MADRID, ESP. La adherencia a los patrones alimenticios propuestos por las dietas mediterránea y DASH (Dietary Approaches to Stop Hypertension) pueden reducir en 72% y 68%, respectivamente, el riesgo de desarrollar carcinoma basocelular, el cáncer de piel no melanoma más frecuente (representa 70% – 80% de los tumores cutáneos) que a pesar de su bajo potencial metastásico y sus reducidas tasas de mortalidad, produce alta morbilidad.[1]

Esta es la principal conclusión arrojada por un estudio realizado por investigadores del CIBEROBN (Centro de Investigación Biomédica en Red sobre la Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición), España, y la Universidad de Milán, Italia, publicado recientemente en The American Journal of Clinical Nutrition.

El punto de partida de esta investigación fue analizar la asociación entre determinados patrones nutricionales y el riesgo de desarrollar este tumor, un nexo del que hasta ahora se han tenido pocas evidencias, y que ha sido objeto de escasos estudios. Según los autores, las investigaciones previas en este sentido se han centrado principalmente en determinar el impacto de un único nutriente y/o alimento (grasas, vitaminas o carotenoides, entre otros) en la aparición del carcinoma basocelular, arrojando hasta el momento resultados contradictorios.

Sin embargo, como explican los responsables del estudio, este enfoque no tiene en cuenta las interacciones o sinergias que pueden resultar determinantes para precisar el factor protector de la dieta frente a este tumor, de ahí que hacer una evaluación en función de una pauta alimentaria en general sea más eficaz para identificar de forma más precisa esa relación causa-efecto.

En base a esta idea, el estudio se centró en el análisis en tres tipos de patrones alimenticios considerados de alta calidad: la dieta mediterránea, la dieta DASH y el patrón provegetariano. Para ello se investigó la adherencia a estos tres patrones en un total de 22.492 personas durante el periodo comprendido entre 1999 y 2016.

Antecedentes familiares e historial de quemaduras solares

Dra. Maira Bes-Rastrollo

La Dra. Maira Bes-Rastrollo, investigadora de Ciberobn, comentó a Medscape en español: “Se trata de un estudio de casos y controles anidado en la cohorte SUN (Seguimiento Universidad de Navarra). La muestra de este estudio está formada por personas con nivel educativo alto, con una media de edad de 48 años, con normopeso, y aproximadamente la mitad de ellos (55%) constituida por mujeres”.

Además de evaluar la adherencia a las tres dietas se pidió a los participantes que al inicio del estudio completaran un cuestionario sobre sus hábitos alimentarios, estilo de vida y condiciones de salud, solicitándoles también información sobre historial de quemaduras solares y antecedentes familiares de cáncer de piel. Todos estos datos se fueron actualizando cada dos años, lo que permitió a los autores identificar 101 nuevos casos de carcinoma basocelular durante el periodo de observación.

Al final del estudio se comprobó que las personas más adherentes a la dieta mediterránea presentaban un riesgo 72% menor de desarrollar este tumor, a igualdad de exposición solar y antecedentes de cáncer de piel. En el caso de la dieta DASH, la reducción del riesgo fue de 68%, mientras que no se encontró asociación entre el patrón provegetariano y el riesgo de carcinoma basocelular.

Como comentó la Dra. Bes-Rastrollo, en estudios previos tanto la dieta mediterránea como la DASH se han asociado a reducción del riesgo de cáncer, incluido el melanoma. Sin embargo, en el caso concreto del carcinoma basocelular, no se disponía de datos lo suficientemente concluyentes.

La única evidencia en este sentido procedía de un reciente estudio prospectivo llevado a cabo en mujeres francesas de entre 40 y 65 años, y que sugería una relación inversa entre la dieta mediterránea y el riesgo de carcinoma basocelular.[2]

“Los resultados de nuestra investigación han replicado los de esta cohorte previa francesa, demostrando también el efecto protector que la dieta DASH tiene en este sentido”, agregó.

En cuanto a al patrón provegetariano, aunque también existe poca información sobre su impacto en la aparición de este tumor, su inclusión en la terna dietética se basó en el potencial papel de algunos compuestos bioactivos que abundan en los alimentos de origen vegetal que han demostrado efectos fotoprotectores e inhibidores de la carcinogénesis.

Sin embargo, y a diferencia de las otras dos dietas, los resultados del estudio no han encontrado relación entre esta pauta y el riesgo de carcinoma basocelular.

Frutas y lácteos bajos en grasa, clave del efecto antitumoral

Respecto a las razones que explicarían los beneficios de los patrones mediterráneo y DASH frente a este tumor cutáneo, la Dra. Bes-Rastrollo señaló que los resultados encontrados parecen indicar que un elevado consumo de frutas, una de las fuentes principales de polifenoles en la dieta, con propiedades antiinflamatorias, antioxidantes e inmunomoduladoras, así como el calcio y la vitamina D procedente de los productos lácteos (ambas dietas recomiendan los bajos en grasa), que intervienen en las vías de proliferación y diferenciación de los queratinocitos, pueden desempeñar un papel importante en la protección que proporcionan estas opciones dietéticas.

No obstante, es posible que otros componentes de estas dietas de alta calidad nutricional también tengan un efecto protector, lo que haga que al ser incluidos en el conjunto del patrón dietético, ejerzan protección con un efecto conjunto, acumulado y sinérgico, añadió la especialista.

Dra. Katherine García Malpartida

La Dra. Katherine García Malpartida, del área de nutrición de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, quien no participó en el estudio, comentó a Medscape en español los principales beneficios saludables de la dieta mediterránea y de la dieta DASH que pueden explicar ese potencial papel antitumoral demostrado en esta investigación: el consumo abundante de frutas y verduras, las cuales aportan sustancias antioxidantes como son las vitaminas C, E y carotenos; el bajo aporte de carnes rojas, a favor de las carnes de ave y magras, lo cual supone un menor consumo de grasas saturadas; y alto aporte de pescado, que se traduce en alto contenido en grasas poliinsaturadas (con dosis altas de omega-3, en el caso del pescado azul).

“La base de estas dietas está compuesta de cereales (de preferencia integrales) con un aporte ocasional de azúcares simples. Las legumbres ocupan un lugar destacado en esos patrones dietéticos, pues son ricas en fibra y proteínas. Asimismo, la principal grasa de la dieta mediterránea proviene del aceite de oliva, que aporta grasas monoinsaturadas y vitamina E”, destacó la especialista.

En cuanto a la dieta DASH, la Dra. García recordó que originariamente fue creada para disminuir el desarrollo de la hipertensión, evitando los alimentos ricos en sodio y grasas, “pero además ofrece otros beneficios para la salud, ya que aconseja el consumo de alimentos ricos en nutrientes saludables, estando en línea con las recomendaciones nutricionales dirigidas a la prevención del cáncer, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes y la osteoporosis”.

“Esta dieta enfatiza el consumo de vegetales, frutas, productos lácteos bajos en grasa, así como cantidades moderadas de granos integrales, legumbres, pescado, aves y frutos secos. La principal diferencia entre la dieta DASH y la mediterránea es que, aun cuando ambas son bajas en grasas saturadas y trans, la DASH es baja en grasas totales”, destacó.

A vueltas con el alcohol: resultados no concluyentes

Asimismo, y en línea con la hipótesis de partida de esta investigación, la Dra. García destacó que ningún tipo de alimento por sí mismo es capaz de aportar todos los nutrientes en las cantidades necesarias, de ahí la importancia de mantener una dieta variada, que asegure las sinergias nutricionales en las que se basa este efecto tumoral.

“La Asociación Española Contra el Cáncer recomienda una dieta rica en frutas y verduras y pobre en grasas, así como evitar la obesidad y realizar ejercicio físico como factores que pueden proteger frente a determinados cánceres. Las dietas mediterránea y DASH son buenos ejemplos de una dieta variada, sana y equilibrada. Se sabe, por ejemplo, que una alimentación rica en frutas y verduras variadas evitaría más de 20% de todos los tipos de cáncer. Asimismo, se aconseja que la ingesta diaria de grasa no supere 30% de las calorías totales, y preferiblemente que estas sean de origen vegetal, como el aceite de oliva”, añadió.

La Dra. García también destacó la importancia de evitar hábitos como el consumo de cantidades importantes de alimentos con azúcares añadidos, que puede contribuir a la aparición de sobrepeso y obesidad y, por tanto, aumentar el riesgo de padecer cáncer. Por su parte, el alcohol se relaciona con el desarrollo de determinados tipos de cáncer, por lo que no se recomienda su consumo de forma habitual.

Precisamente el posible papel del alcohol como factor implicado en mayor riesgo de desarrollo del carcinoma basocelular fue uno de los aspectos que este estudio analizó en concreto. Sin embargo, y a pesar de que otras investigaciones recientes había confirmado esta hipótesis, los autores no encontraron que la ingesta de alcohol aumentara de forma significativa las probabilidades de padecer este tumor.

Como posible explicación a esta evidencia, los investigadores apuntan al hecho de que el consumo de alcohol de los participantes se consideraba moderado (una media de 1,3 vasos del vino al día), un valor dentro del rango de adherencia a la dieta mediterránea, por lo que, en su opinión, este dato no contradice las pautas establecidas respecto al nexo entre el consumo excesivo de alcohol y el riesgo de cáncer.

En cuanto al potencial papel protector que la adherencia estas u otras pautas dietéticas saludables podría tener para, en cierta medida, contrarrestar el riesgo de desarrollar este tumor en aquellos casos en los que existe predisposición genética, la Dra. Bes-Rastrollo destacó que los principales factores de riesgo asociados al carcinoma basocelular son la exposición a la luz ultravioleta, tener la piel blanca, el envejecimiento y la presencia de lesiones o inflamaciones graves prolongadas en la piel.

“Respecto al impacto de los antecedentes familiares, en concreto influyen el estar afectado de dos enfermedades hereditarias: la xerodermia pigmentosa y el síndrome de Gorlin. Asimismo, si hay predisposición genética, la adherencia a una dieta de alta calidad probablemente podría disminuir, al menos parcialmente, el riesgo de desarrollar este tipo de tumor. No obstante, serían necesarios otros estudios con un mayor número de pacientes con esta patología para tener mayor certeza en este contexto”.

La Dra. García, para quien los datos en la literatura científica de los que se dispone aún son escasos para afirmar que existan pautas de alimentación saludable que puedan proteger la piel y reparar el daño solar producido en ella, minimizando así el riesgo de desarrollar tumores cutáneos, agregó: “Se necesitan estudios confirmatorios antes de utilizar estos hallazgos para respaldar recomendaciones dietéticas específicas con el objetivo de prevenir este tipo de tumores”.

Siguiente objetivo, replicar los resultados en otros tumores cutáneos

Entre las fortalezas de este estudio, los autores destacaron que se trata de la primera investigación que analiza la asociación de diferentes patrones dietéticos saludables con el riesgo de carcinoma basocelular en una población cuyos antecedentes de exposición al sol y de cáncer de piel familiar fueron documentados.

También resaltaron el hecho de que debido a su naturaleza prospectiva, ya que la medición de los hábitos alimentarios de los participantes se llevó a cabo antes de la aparición de la enfermedad, se ha permitido reflejar la relación temporal óptima entre la exposición al sol y la aparición del carcinoma basocelular.

En cuanto a los siguientes pasos que tienen previsto dar en línea con los resultados obtenidos, la Dra. Bes-Rastrollo afirmó que en inicialmente se deberían replicar los resultados en otras poblaciones diferentes para confirmar los hallazgos. “El siguiente paso, cuando se disponga de más casos de melanoma en la cohorte estudiada, será evaluar si estos patrones dietéticos también podrían ser un factor protector en este tipo de tumor”.

Las doctoras Bes-Rastrollo y García Malpartida han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

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