#El #dolor físico altera la respuesta del #alcohol como refuerzo para evitar el #sufrimiento

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Así lo ha demostrado una investigación llevada a cabo por la la Facultad de Farmacia de la Universidad de Valencia y publicado en la revista ‘Pain’.

El dolor altera la respuesta ante el alcohol del núcleo accumbens
El dolor altera la respuesta ante el alcohol del núcleo accumbens

La presencia de dolor físico altera la respuesta del alcohol como refuerzo para evitar el sufrimiento, según un estudio de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Valencia, publicado en la revista Pain.

En la investigación, realizada en ratas, se analiza cómo se modifican las señales neuroquímicas derivadas del alcohol en el núcleo accumbens del cerebro, responsable del placer, la recompensa y emociones, como las adiciones y el miedo.

Así, el equipo de investigación del Departamento de Farmacia y Tecnología Farmacéutica y Parasitología ha demostrado que cuando hay dolor hay que aumentar la cantidad de alcohol para tener la misma respuesta neuroquímica, hecho que se mide con la liberación de dopamina. “Esta respuesta alterada al alcohol puede provocar el incremento de su consumo en grandes cantidades para obtener los mismos efectos subjetivos (de reforzamiento) que tenemos cuando tomamos alcohol”, ha destacado Lucía Hipólito, portavoz del grupo responsable del trabajo, cuyos primeros firmantes son Yolanda Campos-Jurado y Jesús David Lorente.

Lucía Hipólito, de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Valencia.
Lucía Hipólito, de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Valencia.

Además, en un segundo experimento se comprobó que se necesitaba aumentar la dosis de alcohol para que los animales mostraran efectos de recompensa al etanol. “Estos son los que modificarían el comportamiento humano para buscar y encontrar la droga, en este caso alcohol”, ha añadido la experta.

En declaraciones a este medio, Hipólito destaca el valor de su investigación: “Nuestro estudio aporta nuevos detalles sobre los mecanismos neurales que rigen la relación entre dolor y alcohol. Datos anteriores en humanos mostraban un incremento en el porcentaje de pacientes con dolor no convenientemente tratado que recaían en el consumo de alcohol. así como una correlación entre presencia de dolor y desórdenes de consumo de alcohol. Nuestros datos con modelos animales muestran por primera vez que la presencia de dolor altera el procesamiento de la señal reforzante del alcohol a través de alteraciones del sistema dopaminérgico. En otras palabras, la presencia de dolor atenúa la liberación de DA y la respuesta comportamental de refuerzo de alcohol a dosis bajas y medias, siendo necesarias dosis mayores. Este mecanismo sugiere que en individuos con dolor se produzca un consumo a dosis mayores o lo que se conoce como un escalado en el consumo”.

Recaídas

Asimismo, en un tercer estudio se observó el efecto del dolor sobre la recaída y los autores concluyen que los animales con dolor recaen del mismo modo que los que no tienen dolor, aunque este hecho va en función de la cantidad de alcohol que beben durante la recaída. Por lo tanto, se sugiere que el dolor provoca a los individuos que tengan más riesgo (más ganas) de recaer. No obstante, no han podido evaluar el riesgo, solo la magnitud.

Precisamente, para profundizar en este aspecto, Hipólito adelanta a CF que actualmente están desarrollando dos estudios, uno en colaboración con la Unidad de Dolor del Hospital General Universitario de Valencia para analizar el riesgo de recaída en pacientes con dolor crónico. “Por otra parte -continúa-, estamos desarrollando modelos animales que nos permitan medir este riesgo y, por tanto, nos permitan ahondar en los mecanismos neurales implicados con la finalidad de hallar nuevas o mejores estrategias terapéuticas antirrecaída para este tipo de pacientes”.

Y es que, uno de los problemas más importantes del alcoholismo son las recaídas, ante las cuales no existen terapias efectivas. Como muchas personas con dolor no lo tienen controlado con medicación, es posible que se desarrolle alcoholismo o exista una recaída, hecho que no se está controlando en pacientes con dolor. Además, a los abstinentes no se les controla cuál es su situación de dolor físico. “En otras palabras, como que no aparece en los esquemas que el dolor puede desarrollar alcoholismo, no se controla a los enfermos”, ha señalado Hipólito.

Una relación poco investigada

A juicio de la experta, la relación entre dolor y alcoholismo no está suficientemente investigada “porque, aunque se conoce esta relación desde los estudios realizados en 2008, no se ha investigado cuáles son las alteraciones del sistema nervioso que conducen al mayor consumo o mayor riesgo de consumo de alcohol en individuos con dolor”. En su opinión, “sin conocer en detalle estos mecanismos neurales es difícil diseñar estrategias terapéuticas para estos pacientes en concreto. Es incluso posible que el uso de algunos fármacos antirrecaida existentes puedan ser menos efectivos en estos pacientes y por tanto es necesario ampliar el conocimiento mecanístico”. Es más, ha afirmado que tampoco se conoce si otras variables, como el sexo, el tipo de patología dolorosa, la edad o el uso de otras drogas o fármacos como los opiáceos, puedan ser relevantes.

Además, hay que tener en cuenta que esta relación se ha estudiado principalmente en el sentido de que el consumo elevado de alcohol puede dar lugar a neuropatía periférica y no tanto en el sentido contrario, que es lo que hemos estudiado nosotros y otros grupos de investigación.

 

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