Contaminación y fibrilación auricular: inhalaciones peligrosas

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Niveles altos de partículas nocivas en el ambiente complican el pronóstico en personas con fibrilación auricular.

Vanessa Roldán y José Miguel Rivera.
Vanessa Roldán y José Miguel Rivera, dos de los autores, en los laboratorios del Hospital General Morales Meseguer, en Murcia.

Un equipo del Instituto Murciano de Investigación Biosanitaria (IMIB) ha descubierto que los niveles elevados de contaminación atmosférica por partículas PM10 están asociados a un mayor riesgo de ictus isquémico, hemorragias graves y mortalidad por cualquier causa en pacientes con fibrilación auricular (la arritmia cardíaca más frecuente). Los resultados se publican en el último número de la revista Mayo Clinic Proceedings y sus autores pertenecen a los grupos de Hematología y Oncología Médica Clínico-Experimental (Vanessa Roldán y Vicente Vicente) y Cardiología Clínica y Experimental (José Miguel Rivera Caravaca y Francisco Marín).

“Ante las noticias alertando del aumento de la contaminación atmosférica en Murcia durante 2019 y principios del 2020, nos planteamos que sería muy interesante estudiar este tema. Así que escogimos dos parámetros que nos parecían claves y característicos de la ciudad: la temperatura y el PM10, que son pequeñas partículas sólidas o líquidas de polvo, cenizas, hollín, metales, cemento o polen, dispersas en la atmósfera y transpirables por los humanos. Precisamente, cuando en aquellos momentos se tomaron medidas como restringir el tráfico o poner el trasporte público gratuito fue porque los niveles de PM10 superaban el valor límite diario para la protección de la salud humana que marca la normativa europea”, explica José Miguel Rivera, investigador responsable del estudio, miembro del grupo de Cardiología Clínica y Experimental del IMIB, del Servicio de Cardiología del Hospital Virgen de la Arrixaca (HCUVA) y del Centro de Investigación Biomédica en Red-Enfermedades Cardiovasculares (CIBERCV).

Más frecuente en mayores 

Para comprobar la hipótesis de esa asociación entre la polución, la temperatura y las complicaciones en la fibrilación auricular, el equipo se sirvió de una base de datos recopilada por Vanessa Roldán, investigadora principal del IMIB, hematóloga del Hospital Morales Meseguer de Murcia y profesora titular de la Universidad de Murcia (UMU). Está compuesta por 1.361 pacientes con fibrilación auricular, pertenecientes a las áreas VI y VII del Servicio Murciano de Salud y en tratamiento con anticoagulantes orales antagonistas de la vitamina K (Sintrom), a los que se les hizo un seguimiento durante casi diez años. Los datos climatológicos los obtuvieron de los registros de las estaciones disponibles en la web de la Agencia de Calidad del Aire.

La fibrilación auricular es la arritmia cardíaca más frecuente. La prevalencia actual oscila entre el 2% y el 4%, y dado que tiene una estrecha relación con la edad, se espera un aumento de la prevalencia en los próximos años. De hecho, en mayores de 85 años la prevalencia ronda el 15%. En cuanto al nivel de incidencia, a partir de los 55 años uno de cada tres ciudadanos desarrollará fibrilación auricular.

El coste socioeconómico asociado a esta patología es muy elevado porque aumenta cinco veces el riesgo de ictus, causando el 20%-30% de los casos. Además, la fibrilación auricular incrementa entre 1,5 y 3,5 veces el riesgo de muerte, casi dos veces el riesgo de sufrir una demencia, provoca un deterioro de la calidad de vida en el 60% de los pacientes y causa entre el 10% y el 40% de todos los reingresos hospitalarios anuales.

Peor durante el invierno

Los resultados obtenidos revelan que tanto los niveles elevados de PM10 como las temperaturas bajas se asociaron con un mayor riesgo de hemorragia grave y mortalidad por cualquier causa. Además, por separado se asociaron con un mayor riesgo de ictus isquémico, aunque no así la temperatura. Sin embargo, las temperaturas bajas sí que estaban vinculadas con una mayor posibilidad de sufrir eventos cardiovasculares adversos.

“En cuanto a las estaciones, el invierno mostró la incidencia más elevada de eventos cardiovasculares adversos, hemorragia mayor, ictus isquémico y muerte. Es decir, fue el periodo del año durante el cual las complicaciones clínicas se produjeron con más frecuencia. Las comparaciones entre estaciones demostraron que el riesgo de eventos cardiovasculares adversos aumentó en primavera, otoño e invierno en comparación con el verano, mientras que el riesgo de mortalidad se incrementó solo durante el invierno en relación con el verano”, detalla Rivera.

“En nuestra opinión, los resultados que hemos obtenido abren un nuevo espectro de posibles parámetros que deberían considerarse a la hora de evaluar a los pacientes con FA. Es innegable que el cambio climático tiene una relación directa con nuestra salud y, por ello, dentro de ese enfoque más holístico del manejo de la fibrilación auricular que defendemos, también se debería prestar atención a factores de riesgo menos comunes, como la contaminación”, resume el investigador responsable del estudio.

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