Ninguna de las mutaciones recurrentes en el SARS-CoV-2 confiere más transmisibilidad

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El análisis de los genomas virales de más de 46.000 personas con covid-19 de 99 países indica que ninguna de las variantes recurrentes observadas en las cerca de 13.000 mutaciones documentadas del SARS-CoV-2 evidencia más transmisibilidad.

Ninguna de las más de 12.000 mutaciones documentadas del coronavirus es más infectiva.
Ninguna de las más de 12.000 mutaciones documentadas del coronavirus es más infectiva.

Una nueva investigación, publicada hoy en Nature Communications, señala que ninguna de las mutaciones actualmente documentadas en el virus SARS-CoV-2 que provoca la covid-19, parece aumentar su transmisibilidad en los seres humanos, indican los investigadores de la University College de Londres (Reino Unido) que han llevado a cabo el trabajo a través del análisis de los genomas de los virus de más de 46.000 personas con covid-19 de 99 países que han sido evaluados hasta finales del mes de julio.

Este hallazgo incluye una mutación en la proteína pico del virus, la denominada  D614G, que ha sido identificada en visones como una mutación común que puede hacer que el virus sea más transmisible. La nueva evidencia científica apunta que esta mutación no está, de hecho, asociada con un aumento significativo de la transmisión, tal y como confirmaba a DM Elisa Pérez Ramírez, viróloga veterinaria del Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA) del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria (INIA).

No son más transmisibles 

Lucy Van Dorp y Francois Balloux, del Instituto de Genética del citado centro y primeros autores del trabajo, indican que “el número de genomas de SARS-CoV-2 que se están generando para la investigación científica es asombroso. Nos dimos cuenta desde el principio de la pandemia de que necesitábamos nuevos enfoques para analizar enormes cantidades de datos en tiempo casi real para detectar nuevas mutaciones en el virus que pudieran afectar a su transmisión o a la gravedad de los síntomas. Afortunadamente, descubrimos que ninguna de estas mutaciones está haciendo que el Covid-19 se propague con mayor rapidez, pero debemos permanecer vigilantes y continuar monitoreando las nuevas mutaciones, en particular a medida que las vacunas se van extendiendo”, explica Van Dorp.

En la investigación se han identificado, hasta el momento, 12.706 mutaciones en el SARS-CoV-2. Para 398 de las variantes, hay una fuerte evidencia de que se han producido repetidamente y de forma independiente. De ellas, los investigadores se centraron en 185 mutaciones que han ocurrido al menos tres veces de forma independiente durante el curso de la pandemia.

Para comprobar si las mutaciones aumentan la transmisión del virus, los investigadores modelaron el árbol evolutivo del virus y analizaron si una mutación particular se estaba volviendo cada vez más común, es decir, comprobando si, después de que una mutación se desarrolla por primera vez en un virus, los descendientes de ese virus superan a los virus sin esa mutación particular.

No se han encontrado pruebas de que ninguna de las mutaciones comunes esté aumentando la transmisibilidad del virus. En cambio, encontraron que la mayoría de las mutaciones comunes son neutrales. Los investigadores descubrieron que la mayoría de las mutaciones comunes parecen haber sido inducidas por el sistema inmunológico humano y no el resultado de la adaptación del virus a su nuevo huésped humano. Esta situación contrasta con otro análisis del mismo equipo sobre lo que ocurrió cuando el SARS-CoV-2 saltó posteriormente de los humanos a los visones de granja.

La situación en granjas de visones 

“Cuando analizamos los genomas del virus procedentes del visón, nos sorprendió ver que la misma mutación aparecía una y otra vez en diferentes granjas de visones, a pesar de que esas mismas mutaciones rara vez se habían observado en humanos anteriormente”, indica Van Dorp.

“Es muy posible que hayamos pasado por alto este período de adaptación temprana del virus en los seres humanos. Anteriormente habíamos estimado que el SARS-CoV-2 saltó a los humanos en octubre o noviembre de 2019, pero los primeros genomas que tenemos datan de finales de diciembre. Para entonces, las mutaciones virales cruciales para la transmisibilidad en los humanos pueden haber surgido y haberse fijado, impidiéndonos estudiarlas”, explica Balloux.

Es de esperar que un virus mute y eventualmente se divida en diferentes linajes a medida que se vuelve más común en las poblaciones humanas, pero esto no implica necesariamente que surjan linajes más transmisibles o dañinos. “El virus parece estar bien adaptado a la transmisión entre humanos, y puede que ya haya alcanzado su estado óptimo de aptitud en el huésped humano en el momento en que se identificó como un nuevo virus”, apunta Van Dorp.

Los investigadores advierten de que la inminente introducción de vacunas probablemente ejercerá nuevas presiones selectivas sobre el virus para escapar al reconocimiento del sistema inmunológico humano. “Esto puede conducir a la aparición de mutantes que escapen a las vacunas que, no obstante, es de esperar puedan modificarse si es necesario”, subraya  Balloux.

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