¿Protegen o no del contagio?: la clave para las vacunas contra el SARS-CoV-2

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Los responsables de los principales grupos españoles que trabajan en el desarrollo de vacunas contra el coronavirus han explicado las peculiaridades de sus prototipos.

Diversos grupos españoles trabajan en vacunas para el coronavirus.
Diversos grupos españoles trabajan en vacunas para el coronavirus.

Uno de los aspectos a los que se enfrentan todas las vacunas que actualmente se desarrollan contra el virus SARS-CoV-2 es, además de concretar su efectividad real sobre la población, determinar si protegen del contagio, de los síntomas o de la enfermedad más grave. Y ello, según Margarita del Val, viróloga e inmunóloga del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), debe ratificarse con estudios científicos y no de inversores, porque constituye la clave para valorar los resultados de las futuras vacunaciones que podrían acercarnos a la ya denominada ‘antigua normalidad’ con mínimas restricciones.

“Lo importante es que protejan del contagio, de los asintomáticos. Hay que conocer si protegen o no del contagio o si sólo van a proteger a los vacunados. Son aspectos que aún no se han concretado”, ha señalado la especialista que ha participado en un encuentro organizado por la Fundación Alternativas, coordinado por Mariano Barbacid, patrono de la citada fundación e investigador en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), y en el que han participado los responsables de los principales grupos españoles que, en estos momentos, diseñan vacunas contra este coronavirus.

El balance que realiza Del Val de los prototipos españoles es que parecen ser más complejos que los que ya se están anunciando y más potentes, porque “podrían inducir en personas una buena inmunidad celular. Son prototipos muy distintos entre sí, pero todos contribuyen a la lucha contra la pandemia. Cada uno de ellos aporta sus ventajas y no sería raro que, con el tiempo, se fueran realizando modificaciones en segunda o tercera generación”. Desde luego, ha dejado claro que hay muchos tipos de vacunas y que “no siempre las más avanzadas o rápidas coinciden con que sean las más eficaces”.

Líneas estratégicas en España 

De los prototipos vacunales que se están desarrollando en España destacan tres. El que desarrolla el grupo de Vicente Larraga, profesor de Investigación del CSIC y director del Informe de Ciencia y Tecnología de la Fundación Alternativas, se centra en ADN sintético, frente a otros en los que se trabaja con ARN de virus atenuados o modificados. “Este ADN porta un gen que se corresponde con el antígeno del virus y del que pensamos que será útil. Al inyectar el gen, es la célula la que reconoce el antígeno”, ha explicado Larraga, quien adelanta que actualmente se encuentran en las fases finales de la fase preclínica y que a finales de año esperan empezar la fase en humanos.

El prototipo del grupo de Luis Enjuanes, profesor de investigación del CSIC y director del Laboratorio de Coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología (CNB), es, básicamente, una vacuna de ARN para la cual se han diseñado varios sistemas de administrar el virus: con un ARN en torno a 28 kilobases, envuelto en polímeros catiónicos o lípidos que ayudan a entrar en la célula y en la que, además, se ha incorporado un adyuvante potenciador, así como análogos de virus, “uno de los mejores sistemas para crear una respuesta inmune fuerte, mediante células empaquetadoras”.

Para Enjuanes, la vigilancia constante de los cambios que se producen en la actividad del SARS-CoV-2 es esencial. “No podemos fiarnos del virus porque tiene una elevada capacidad de replicación, puede mutar y echar al traste los avances conseguidos. Es un riesgo que no podemos asumir”. Su equipo trabaja desde el año 2000 con coronavirus para los que ya diseñaron sistemas de ingeniería genética para modificar el genoma del virus. En 2003 se enfrentaron al primer SARS y en 2012 al MERS, para el que diseñaron una vacuna con ARN del mismo virus.

Una variante de la vacuna utilizada para erradicar la viruela es en la que trabaja el equipo de Mariano Esteban, investigador del CNB y jefe del Grupo de Poxvirus y Vacunas. “Es un virus muy atenuado al que se ha insertado la proteína del SARS-CoV-2 y con una respuesta inmunológica muy potente, sobre todo de linfocitos T”. Este vector vacunal ya mostró un 80% de capacidad en anteriores ensayos con el virus del Ébola y con el de la fiebre Chikungunya, entre otros. “Se trata de un vector muy estable e induce una potente respuesta inmunológica durante varios años”. En estos momentos, este prototipo ya se está produciendo como lote clínico para empezar, previsiblemente, “los ensayos en seres humanos en el primer trimestre de 2021”.  

¿Qué protección se puede aceptar?

En cuanto a cómo discernir qué prototipo vacunal sería el más conveniente en función de los distintos grupos de población o de necesidades específicas, Enjuanes ha destacado que, en cualquier caso, “es muy positivo que haya una colección de vacunas que pudieran ir combinándose o alternándose”. En este sentido, y aunque no existen biomarcadores específicos de genes de sensibilidad y resistencia al virus SARS-CoV-2, al contrario de lo que ocurre con el virus de la gripe con el gen MX1, del que existe mucha información, según ha señalado Enjuanes, Del Val considera que sí existen marcadores de riesgo definidos clínicamente -ser varon, edad, diabetes, HTA, obesidad y riesgo cardiovascular- que “abren expectativas sobre cómo tratar a ese paciente e ir priorizando a quién se va a ir vacunando”.

Sobre la protección que en un contexto de emergencia mundial se podría aceptar de las vacunas, Margarita del Val considera que, en principio, depende de la eficacia que ofrezcan: “Si alcanza un 100%, una cobertura vacunal aceptable sería entre el 60-70% de la población. Si la eficacia disminuye a un 50%, por ejemplo, lo ideal sería que se vacunaran cuantos más mejor”, indica la viróloga y recuerda que las vacunas que ya empiezan a aparecer “han pedido la autorización de emergencia o condicional; es un tirar hacia adelante, teniendo en cuenta las dimensiones de la pandemia y el número de fallecidos”.

Es de esperar, según los científicos, que para la temporada de otoño-invierno de 2021 haya un porcentaje razonable de población mundial vacunada, “aunque en los países menos desarrollados estos tiempos probablemente se retrasen”, según Larraga. “Aun en el caso más optimista, hasta después del verano de 2021 no creo que podamos variar las prácticas restrictivas actuales de prevención”.

Diferentes velocidades 

Mariano Barbacid se ha preguntado por qué nuestra investigación va más lenta con respecto a la de los grupos que desarrollan prototipos como Moderna, Pfizer o AstraZéneca, por ejemplo. ¿Hay que comparar recursos? ¿Se necesita mayor financiación?, ha preguntado a los científicos españoles que trabajan en el ámbito de las vacunas.

Según Vicente Larraga, “los grupos españoles están bien financiados para la ‘prueba de principio’. Las siguientes fases son más caras y no estamos adecuadamente preparados para la fase subsiguiente de desarrollo”, razonamiento que comparte Enjuanes quien además indica que “cualquier empresa como Pfizer o AstraZéneca, por ejemplo, destina dos mil millones de dólares o de euros mientras que en España se destinan 1 ó 2 millones de euros en las fases preclínicas. Hay diferencias económicas y de estructura. Pero ahora la maquinaria española se empieza a engrasar”.

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