El consumo excesivo de alcohol puede afectar la integridad de la sustancia blanca de los adolescentes

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El consumo excesivo de alcohol en la adolescencia se vincula con alteraciones de la integridad de la sustancia blanca, señala nueva investigación.[1]

En un estudio de casos y controles de más de 400 participantes, la asociación fue más acentuada en adolescentes más jóvenes y en la porción anterior y media del cuerpo calloso, que sirve para la integración interhemisférica de las redes frontales y la comunicación.

Los resultados proporcionan a los médicos un motivo más para que pregunten a los adolescentes sobre su consumo de alcohol, señaló el investigador, Dr. Adolf Pfefferbaum, del Centro para Ciencias de la Salud, SRI International, en Menlo Park, Estados Unidos, y profesor emérito en la Stanford University School of Medicine, en Stanford, Estados Unidos.

Sin embargo, al hablar a los adolescentes sobre su consumo de alcohol, “a veces es mejor preguntar: ¿Qué tanto alcohol consumes?'”, en vez de solo preguntar si beben, comentó el Dr. Pfefferbaum a Medscape Noticias Médicas. Esto se debe a que están más dispuestos a responder con franqueza a la primera pregunta.

También es importante que los médicos digan a los adolescentes, sin juzgarlos, que hay datos de que “la bebida intensa es mala para su cerebro”, añadió.

Los hallazgos fueron publicados el 30 de diciembre en la versión digital de JAMA Psychiatry.

Anisotropía fraccional

La adolescencia es un periodo crítico de maduración fisiológica y social que se acompaña de cambios importantes en estructura, función y procesos neuroquímicos del cerebro, señalaron los investigadores.

Las imágenes con tensor de difusión producen una medida llamada anisotropía fraccional que caracteriza algunos de estos cambios cerebrales al cuantificar la difusión de agua molecular en el cerebro.

“La anisotropía fraccional es un parámetro de la integridad de la sustancia blanca del cerebro; por consiguiente, la parte del cerebro que conecta las neuronas entre sí”, indicó el Dr. Pfefferbaum, añadiendo que la anisotropía fraccional disminuye en enfermedades como esclerosis múltiple y refleja “una especie de trastorno patológico”.

Los sistemas de fibras afectados son cuerpo calloso, fascículo longitudinal superior, cápsula interna y externa, tronco encefálico y fibras de proyección cortical. La alteración de estos sistemas neurales puede degradar la transmisión de señales neurales y afectar determinadas funciones cognitivas, posiblemente dando lugar a más impulsividad, control inhibitorio deficiente y restricción de la capacidad de la memoria de trabajo, afirmaron los investigadores.

La anisotropía fraccional sigue un patrón de forma de U invertida. “La trayectoria natural consiste en que aumenta desde la lactancia hasta la adolescencia media y luego, conforme envejecemos, alrededor de los 25 a los 30 años comienza a descender. Para entonces nuestros cerebros comienzan a mostrar signos de envejecimiento”, dijo el Dr. Pfefferbaum.

En el presente análisis se evaluaron 451 adolescentes (228 niños y 223 niñas) del estudio National Consortium on Alcohol and Neurodevelopment in Adolescence (NCANDA) NCANDA sobre los cuales los investigadores contaron con cuatro años de datos longitudinales de imágenes con tensor de difusión.[2] Todos tenían de 12 a 21 años al inicio.

La cohorte de NCANDA fue reclutada en cinco centros estadounidenses. A los participantes cada año se les evaluaron indicadores psicobiológicos, incluida la maduración cerebral. La cohorte, que no tenía antecedente de algún abuso de sustancias importante al entrar en el estudio, estuvo equilibrada en cuanto a sexo y grupo étnico.

Los investigadores cuantificaron el cambio en la integridad de la sustancia blanca durante el desarrollo en cada individuo como el declive de la anisotropía fraccional en el curso de las consultas. También analizaron las trayectorias del desarrollo alteradas que se asociaban con el inicio del consumo de alcohol en la adolescencia y las asociaciones diferenciales del alcohol según edad con fascículos fibrosos de sustancia blanca regionales específicos.

También evaluaron el consumo de alcohol en una escala de 1 a 4, con base en la puntuación de Cahalan ajustada con respecto a la juventud. La escala considera la cantidad y la frecuencia para clasificar los niveles de bebida con base en los patrones autonotificados el año previo.

Trayectoria alterada

Los resultados demostraron que 291 participantes (37,2%) permanecieron en niveles de consumo de alcohol nulos o bajos (puntuación de Cahalan ajustada con respecto a la juventud: 0) durante los momentos de evaluación examinados, y 160 (20,5%) se clasificaron como bebedores excesivos por un mínimo de dos consultas consecutivas (puntuación de Cahalan ajustada con respecto a juventud > 1).

Entre los participantes con consumo de alcohol nulo a bajo, 48,4% lo integraban niños con media de edad de 16,5 años y 51,2% niñas con media de edad de 16,5 años. Aproximadamente dos tercios del grupo (66%) eran caucásicos.

De los participantes con consumo excesivos de alcohol, 53,8% era de sexo masculino con media de edad de 20,1 años y 46,3% de sexo femenino con media de edad de 20,5 años. En este grupo 88,8% era de raza caucásica.

Los investigadores no analizaron a los bebedores moderados o a los que iniciaron el consumo excesivo de alcohol durante solo una consulta.

Los hallazgos también demostraron que los bebedores excesivos mostraban reducción importante de la anisotropía fraccional de todo el cerebro. Los declives en los 78 bebedores excesivos fueron más negativos de manera estadísticamente significativa que en los 78 bebedores con consumo nulo o bajo equiparados (media: -0,0013 frente a 0,0001; = 0,008).

“El concepto de los declives es realmente importante aquí, pues es la trayectoria la que parece ser el parámetro más sensible. Probablemente lo que está ocurriendo es que la exposición al alcohol interfiere en la mielinización normal y en el desarrollo normal de la sustancia blanca del adolescente”, agregó el Dr. Pfefferbaum.

Los participantes con consumo de alcohol nulo o bajo tuvieron medidas de anisotropía fraccional relativamente estables en todas las consultas.

Una reducción de la anisotropía fraccional se vinculó significativamente con el consumo excesivo de alcohol. Un análisis de 63 jóvenes que cambiaron de consumo de alcohol nulo o bajo a consumo excesivo demostró que antes de la transición tuvieron anisotropía fraccional aumentada de manera estadísticamente significativa durante las consultas (IC 95% del declive: 0,0011 – 0,0024; < 0,001). Además, sus declives correspondientes no fueron diferentes a otros participantes del mismo intervalo de edad con consumo nulo o bajo.

Sin embargo, la anisotropía fraccional en los integrantes de este grupo disminuyó en grado importante después de que refirieron el consumo excesivos de alcohol, lo que dio lugar a declives significativamente por debajo de cero (IC 95% del declive: –0,0036 a –0,0014; < 0,001) y que fueron más bajos que en los participantes con consumo nulo o bajo del mismo intervalo de edad.

Los hallazgos de esta evaluación singular de antes y después “nos acercan un paso más a la causalidad”, e ilustran también que la bebida intensa durante la adolescencia afecta la integridad de la sustancia blanca, agregó el Dr. Pfefferbaum.

Marcadores potenciales

Ninguna de las medidas del declive se correlacionó con el número de consultas o el uso de tabaco o cannabis. La asociación del alcohol con las medidas del declive fue más evidente en la cohorte más joven (< 19 años).

“Los efectos se observaron más rápidamente en adolescentes más jóvenes porque son los que todavía están progresando a lo largo de esta trayectoria de desarrollo normal. En cierto sentido, cuanto más joven es una persona que consume alcohol, probablemente más vulnerable es”, añadió.

Estudios previos han señalado que el daño en los fascículos de sustancia blanca se asocia con más reactividad neural a las señales del alcohol en adultos con trastorno por consumo de alcohol. Dada esta evidencia, la mayor degradación de la sustancia blanca a edades más jóvenes frente a más avanzadas, podría explicar por qué los adolescentes que comenzaron a beber a edad temprana tienen más probabilidades de desarrollar adicción a edad más avanzada, señalaron los investigadores.

De los cinco fascículos de fibras importantes, solo las fibras comisurales (cuerpo calloso) mostraron asociación significativa con el alcohol. Los investigadores señalan que la reducción del volumen de sustancia blanca y la desmielinización del cuerpo calloso son dos de los marcadores más prominentes en el alcoholismo del adulto y son potenciales marcadores en el abuso de alcohol del adolescente.

Al ampliar más los análisis a las cuatro subregiones del cuerpo calloso, los investigadores encontraron que solo las regiones anteriores y medias del cuerpo calloso (rodilla y cuerpo) mostraron interacciones significativas entre edad y alcohol.

Esto podría ser resultado del periodo de mielinización de fibras en estas regiones del cerebro, en comparación con otras, indicó el Dr. Pfefferbaum.

Señaló que estas fibras conectan las partes izquierda y derecha de las regiones anteriores del cerebro, en especial los lóbulos frontales, que son muy vulnerables a los efectos del alcohol. “Bien puede ser que exista esta interacción del periodo del desarrollo y la sensibilidad de las partes frontales del cerebro”, añadió.

¿Efectos cognitivos?

Aunque los investigadores no encontraron ningún efecto del sexo, el Dr. Pfefferbaum hizo hincapié en que esto no significa que no exista. “Simplemente no tenemos el poder para verlo”.

En el estudio no se analizó específicamente a los bebedores compulsivos, definidos como los que consumen cinco bebidas en 2 horas en el caso de los hombres y cuatro bebidas en 2 horas en las mujeres. El Dr. Pfefferbaum señaló que es difícil obtener una “buena cuantificación” de la bebida compulsiva. “No contamos con un análisis fino lo suficientemente detallado para desentrañar esto”.

Al preguntarle si la trayectoria de la anisotropía fraccional alterada en las personas con consumo excesivo de alcohol afecta a la cognición, el Dr. Pfefferbaum añadió que “esos estudios todavía se están realizando” y cabe esperar que los resultados estén disponibles en más o menos un año.

El Dr. Pfefferbaum dijo que él y sus colaboradores continúan el seguimiento de estos adolescentes y esperan ver si se normaliza la trayectoria de la anisotropía fraccional alterada en bebedores excesivos, añadiendo: “La duda importante ahora radica en que si dejan de beber intensamente, reanudarán su desarrollo normal”.

Se considera que este estudio es el primero en señalar vulnerabilidad diferencial in vivo en la microestructura de la sustancia blanca con respecto a la edad, señalaron los autores.

Además de preguntar a los adolescentes sobre su consumo de alcohol, la función del médico debería ser “asesorar y derivar”, indicó el Dr. Pfefferbaum. También recomendó acceder a los recursos del National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism.

Datos importantes pero varias limitaciones

En su comentario para Medscape Noticias Médicas, el Dr. Oscar G. Bukstein, maestro en salud pública, director médico del servicio de psiquiatría ambulatoria en el Boston Children’s Hospital, y profesor de psiquiatría en la Harvard Medical School, ambos en Boston, Estados Unidos, dijo que los hallazgos proporcionan más datos de que el alcohol afecta al cerebro en etapa de maduración.

Este estudio y otros en que se ha analizado el uso de cannabis, “demuestra que el cerebro tiene un crecimiento dinámico en el que determinadas funciones, en particular en este caso del cuerpo calloso anterior y medio, maduran más tarde y tienen más probabilidades de verse afectadas por el consumo temprano de alcohol”, dijo el Dr. Bukstein, quien no intervino en la investigación.

Resaltó la importancia de determinar el mecanismo implícito y señaló algunas limitaciones del estudio. Por ejemplo, la tecnología de imágenes con tensor de difusión utilizada puede “ya estar desfasada”.

El uso de tecnología antigua pudo haber impedido encontrar un efecto de la bebida intensa en partes del cerebro diferentes al cuerpo calloso anterior y medio, señaló el Dr. Bukstein.

La tecnología más nueva podría proporcionar “un análisis basado en vóxel no lineal de detalle más fino”, aunque el uso de las técnicas de escaneo más actualizadas pudiera no haber detectado diferencias adicionales en los grupos de estudio, añadió.

El Dr. Bukstein también señaló que hubo limitaciones: el estudio no tuvo “gradaciones”, sino que solo se analizó el consumo excesivos y el consumo nulo o bajo. “Le gustaría a uno saber sobre niños que están un poco en el medio”. Tampoco se determinó un “umbral” en el que comienzan los efectos nocivos del alcohol sobre el cerebro.

Asimismo, en el estudio no se analizaron los resultados en el desarrollo del cerebro de niños con trastornos como depresión y trastorno por déficit de atención/hiperactividad que se sabe dan por resultado el consumo de sustancias, algo que un estudio más grande pudo haber hecho, dijo.

El Dr. Bukstein señaló que se ha iniciado un estudio más nuevo y mucho más grande, el estudio Adolescent Brain Cognitive Development (ABCD), en que se han comenzado a valorar en niños los factores de riesgo como el uso de sustancias a partir de los 10 años de edad.

El estudio fue financiado por becas del US National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism y por el National Institute on Drug Abuse, el National Institute of Mental Health, el National Institute of Child Health and Human Development y el Stanford Institute for Human-Centered Artificial Intelligence-AWS Cloud Credits for Research. El Dr. Pfefferbaum declaró haber recibido una beca del US National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism durante la realización del estudio. El Dr. Bukstein ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

Medscape Noticias Médicas © 2021 WebMD, LLC

Citar este artículo: El consumo excesivo de alcohol puede afectar la integridad de la sustancia blanca de los adolescentes – Medscape – 12 de enero de 2021.

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