Terapias dirigidas contra cánceres olvidados

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La inmunoterapia está ayudando a mejorar la supervivencia de pacientes de tumores, como el de vejiga, para los que no ha habido avances en 30 años

Terapias dirigidas contra el cáncer.
La inmunoterapia mejora la supervivencia de pacientes con cáncer. (ILUSTRACIÓN: Gabriel Sanz)

La inmunooncología es el presente y el futuro del abordaje del cáncer. Este tratamiento ha sido capaz de dar respuesta a enfermedades raras que no tenían terapias específicas hace unos años, mejorando incluso el pronóstico de la enfermedad y la calidad de vida, pero también está demostrando ser capaz de alargar la vida de las personas.

Concretamente, uno de los avances que se están consiguiendo, gracias a la investigación constante, es incrementar la supervivencia de los pacientes con cáncer de vejiga, un tumor en el que no ha habido progresos significativos desde hace 30 años.

Para distinguir las células tumorales de las normales, el sistema inmunitario induce la expresión de proteínas como PDL1 en las células no tumorales, que una vez reconocidas por la proteína PD-1 de los linfocitos impiden el ataque sobre ellas, dirigiéndolo directamente contra el tumor. Pero en ocasiones el tumor es capaz de sintetizar también esta molécula PDL1 como mecanismo de “escape tumoral a sistema inmune”. Los nuevos fármacos anti-PD1 y PDL1 lo contrarrestan y reactivan la respuesta contra el tumor.

“Ésta es la base de la mayoría de los avances terapéuticos que se han producido en la inmunoncología en los últimos cinco años en muchos tumores y de forma especialmente importante dentro de los tumores genitourinarios: en el cáncer de riñón y especialmente en cáncer de vejiga”, explica Jose Angel Arranz, presidente del Grupo Español de Oncología Genitourinaria (SOGUG) y oncólogo en el Hospital Gregorio Marañón, y añade que “estos fármacos han demostrado un incremento significativo de la supervivencia de los pacientes en diferentes escenarios del cáncer renal y de vejiga urinaria”.

El cáncer de vejiga es una enfermedad muy relacionada directamente con el hábito tabáquico; en España hay alrededor de 20.000 casos nuevos al año, siendo el cuarto tumor más frecuente en hombres. Al año, a nivel nacional, fallecen entre 4.400 y 5.000 personas por este tipo de cáncer. El tratamiento tradicional es la resección transuretral del tumor o incluso una cistectomía radical (extirpando la vejiga), es decir, cirugía.

A esto se le suma un tratamiento con quimioterapia perioperatoria que puede ser administrada antes o después de la operación. En la actualidad se están llevando a cabo ensayos clínicos en esta situación con fármacos anti-PD-L1 o anti-PD-1, como tratamiento después de extirpar la vejiga, y de hecho ya sabemos que estos fármacos ofrecen aquí un beneficio adicional prolongando el tiempo hasta la progresión de la enfermedad, y es posible que incluso evitándola en algunos pacientes”, afirma Arranz.

Sin embargo, según destaca el oncólogo, los mayores avances se están observando hasta ahora en pacientes con metástasis, independientemente de que ésta aparezca después de la resección quirúrgica o se diagnostique al inicio. “Hay ya por lo menos seis estudios en marcha que están probando la eficacia de añadir fármacos anti-PD-L1 o anti-PD-1 a la quimioterapia. De hecho, recientemente se ha demostrado que la inmunoterapia aporta resultados prometedores, incrementando la supervivencia global de los pacientes”.

La investigación de tratamientos de inmunoterapia avanza rápido en tipos de cánceres con mayor incidencia, como el cáncer de vejiga, el de mama o el de pulmón. La razón es que hay un mayor número de pacientes para realizar ensayos clínicos; sin embargo, en el panorama de las enfermedades raras el progreso es más lento, pero igual de esperanzador. “Los pacientes de muchas de estas enfermedades raras, como el carcinoma de células de Merkel, un tipo de cáncer de piel más agresivo que el melanoma, no tenían más tratamientos una vez que salían del control quirúrgico. Eran quimioterapias muy poco activas que además se suministraban a un grupo de población ya de por sí frágil como son las personas mayores, inmunodeprimidas y trasplantadas. Se solía recurrir a la cirugía porque no contábamos con más opciones, pero gracias a la inmunoterapia estamos valorando si este tipo de cirugía es realmente necesaria”, afirma Pilar López, oncóloga en el Hospital MD Anderson Cancer Center de Madrid.

La doctora destaca que estos nuevos tratamientos no sustituyen un buen diagnóstico inicial y un buen abordaje precoz, es decir, “si hay un paciente con carcinoma de células de Merkel, se debe hacer una cirugía y un marcaje e incluso ganglios centinela. En fases avanzadas, los nuevos fármacos aportan un beneficio que era desconocido hasta la fecha, pero aún no surten efecto en el cien por cien de los pacientes”, comenta López. La prevención en el caso de esta enfermedad, con una incidencia de uno o dos casos por millón, no es sencilla. Hay tumores de Merkel que, en fases precoces, requieren cirugías poco agresivas. Pero, en otros casos, con tumores más avanzados o pacientes metastásicos, la inmunoterapia marca la diferencia.

“Hace cinco años, cuando veíamos a pacientes con metástasis nos enfrentábamos a una situación muy complicada porque no teníamos nada con qué tratarles. Ahora, gracias a la inmunoterapia contamos ya con resultados del 70% de beneficio claro en pacientes. Hemos pasado de tratamientos con grandes toxicidades, como era la quimioterapia, a fármacos mucho menos tóxicos y más activos”, subraya Pilar López. Ambos expertos destacan la importancia de los ensayos clínicos en el avance de los tratamientos de inmunoterapia. “España es un país privilegiado desde el punto de vista de la participación de pacientes. En todos los ensayos clínicos que han demostrado beneficios de supervivencia o de tiempos de la progresión del tumor, ha habido una amplia participación española, siendo en muchos casos el país que más pacientes ha incorporado a estos estudios”, dice Arranz.

El oncólogo también recalca que el paciente nunca está infratratado en un ensayo clínico, lo habitual es ofrecerle el tratamiento que le correspondería en una situación normal junto al tratamiento en investigación. “Por cuestiones éticas y científicas, el paciente nunca pierde”, concluye.

Con la colaboración de la Alianza Merck-Pfizer.

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