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Las siestas vespertinas están relacionadas con una mejor cognición en adultos mayores

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Las siestas por la tarde de los adultos mayores se vinculan con una mejor memoria y mejores habilidades del lenguaje, sugiere una nueva investigación.[1]

Un estudio aleatorizado con más de 2000 adultos mayores en China mostró que aquellos que tomaron siestas por la tarde que duraron menos de 2 horas obtuvieron puntuaciones significativamente mejores en las medidas de función cognitiva que sus contrapartes que no tomaron siestas.

Los puntajes totales y los puntajes de orientación y función del lenguaje en el Mini-examen del estado mental (MMSE) fueron significativamente más altos en el grupo de siesta, al igual que los puntajes de orientación en la versión de Beijing de la Evaluación cognitiva de Montreal (MoCA). Otras pruebas también mostraron diferencias significativas entre los grupos en la fluidez del lenguaje y la extensión de los dígitos.

Curiosamente, un subanálisis mostró que entre los voluntarios que se sometieron a pruebas de lípidos en sangre, los que tomaron una siesta tenían niveles más altos de triglicéridos. No hubo diferencias entre los grupos en los niveles de colesterol, lipoproteínas de baja densidad (LDL) o lipoproteínas de alta densidad (HDL).

El autor para correspondencia Dr. Lin Sun del Alzheimer’s Disease and Related Disorders Center y del Departamento de Geriatría y Psiquiatría en el Shanghai Mental Health Center, en Shanghái, China, señaló que las siestas parecen ser muy importantes para esta población.

“Este estudio encontró que una siesta adecuada es buena para preservar la función cognitiva, por lo que alentamos a los adultos mayores a tomar una siesta adecuada”, dijo a Medscape Noticias Médicas el Dr. Sun, que también está afiliado a la Facultad de Medicina de la Shanghai Jiao Tong University.

Los hallazgos se publicaron en versión electrónica el 25 de enero en General Psychiatry.

Hallazgos contradictorios

Los estudios anteriores que han examinado la función cognitiva y la siesta han tenido resultados contradictorios, algunos muestran resultados positivos y otros sugieren lo contrario. Para el estudio actual, los investigadores buscaron examinar la asociación en una población donde prevalece una “cultura de la siesta”.

“La siesta es muy común en los chinos, incluso es una característica nacional, y los adultos mayores tienen una mayor frecuencia de siestas”, dijo el Dr. Sun. Entonces, “recopilamos información relevante en una gran encuesta y los resultados del análisis fueron interesantes”.

Los investigadores analizaron datos de una gran encuesta epidemiológica nacional e incluyeron a 2.214 participantes de 55 años o más. De estos, 1.534 (69,3%) informaron que dormían una siesta. La siesta se definió como la participación en “periodos de al menos cinco minutos consecutivos calificados como sueño (inactividad) después del almuerzo, fuera del horario principal de sueño”.

Los participantes también informaron sobre la frecuencia y se recopilaron datos demográficos.

Los investigadores no encontraron diferencias significativas entre los que dormían y los que no dormían una siesta, con respecto al sexo (masculino 58,4%, frente a femenino 59,7%) y edad promedio (71 frente a 70 años), años de educación (7,37 frente a 6,95) y horas de sueño nocturno (6,54 frente a 6,61 horas). Tampoco hubo diferencias significativas entre los grupos entre los participantes que fumaban, bebían alcohol o que tenían hipertensión o diabetes.

Los criterios de exclusión incluyeron antecedentes de enfermedad mental o disfunción cognitiva, ceguera, sordera o cualquier otro trastorno físico importante.

Además del MMSE y la versión de Beijing del MoCA, todos los participantes fueron evaluados utilizando la versión china del Neuropsychological Test Battery (NTB). Un subgrupo de 739 voluntarios también se sometió a pruebas de lípidos en sangre (personas que dormían siestas: n = 428).

¿Mediador inflamatorio?

Los resultados mostraron que el grupo que duerme la siesta tenía una puntuación total media del MMSE significativamente mayor que el grupo que no tomaba la siesta (25,3 frente a 24,56; p = 0,003), así como una mayor orientación (9,28 frente a 9,01; p < 0,001) y lenguaje (7,27 frente a 7,06; p = 0,02) en las puntuaciones del MMSE.https://f2aa3c66d1ae67c0137372eeeccf68f0.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-37/html/container.html

Además, los que duermen la siesta obtuvieron puntuaciones más altas de orientación en el MoCA (5,55 frente a 5,41; p = 0,006) y una mayor recolección de dígitos (3,24 frente a 12,48; p = 0,009) y fluidez del lenguaje (24,35 frente a 23,23; p = 0,02) en el NTB.

En el subgrupo que se sometió a la prueba de lípidos, los que dormían siestas también mostraron niveles más altos de triglicéridos que los que no tomaron siestas (1,80 frente a 1,75 mmol/l; p = 0,001).

“Los resultados demuestran que las siestas de la tarde estaban relacionadas con una mejor función cognitiva en la población china de edad mayor”, escriben los investigadores.

Con respecto a los posibles mecanismos que podrían estar ocurriendo, los investigadores señalan que la “actividad de las citocinas inflamatorias juega un papel importante en los trastornos del sueño”.

La siesta “se cree que es una respuesta evolucionada a la inflamación”, y aquellos “con niveles más altos de inflamación también duermen la siesta con más frecuencia”, añaden los investigadores.

Las limitaciones del estudio incluyen su diseño transversal y que no puede mostrar causalidad directa.

“Sabemos que el sueño es importante para la salud cognitiva desde una variedad de ángulos diferentes, pero el papel de las siestas todavía está en debate”, dijo Sexton, quien no participó en la investigación actual.

Señaló que, aunque este estudio demostró que las siestas son benéficas, estudios previos las han vinculado con un empeoramiento del deterioro cognitivo en el futuro.

“Este es un estudio importante… pero no nos ha llevado a la respuesta definitiva ni al entendimiento definitivo todavía”, dijo Sexton.

Señaló que el estudio destacó algunos factores importantes que deberían tenerse en cuenta, incluida la forma en que se miden las siestas. También señaló que la duración de la siesta puede ser importante.

El estudio actual limitó las siestas a no más de 2 horas, mientras que la mayoría de los estudios anteriores incluyeron siestas más largas. “Por lo tanto, podría ser que estas siestas más largas estén asociadas con un mayor deterioro cognitivo”, anotó Sexton.

Otro punto importante, dijo, se refiere al contexto de la siesta. Por ejemplo, una siesta puede ser compensatoria y beneficiosa si ocurre después de una mala noche de sueño. “Pero si duermes bien por la noche y aún necesitas tomar largas siestas por la tarde, eso podría ser más una señal de advertencia”, agregó.

Cuando se le preguntó si los hallazgos del estudio se pueden generalizar a la población de Estados Unidos, Sexton señaló que cerca de 70% de los participantes informaron haber tomado algún tipo de siesta, que puede ser alta en comparación con otros estudios.

“La cultura de la siesta varía de una región a otra, lo que puede limitar la traducción de los hallazgos. Por eso es tan importante que este tipo de investigación se realice en diferentes países, para que podamos comprender mejor qué factores son comunes y qué factores podrían estar limitados por factores regionales”, concluyó Sexton.

El estudio fue financiado por subvenciones del Shanghai Mental Health Center, Shanghai Science and Technology Commission, National Natural Science Foundation of China y Shanghai Jiao University School of Medicine . Los autores del estudio y Sexton han informado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

Medscape Noticias Médicas © 2021 

Citar este artículo: Las siestas vespertinas están relacionadas con una mejor cognición en adultos mayores – Medscape – 5 de feb de 2021.

COVID-19 chez les diabétiques : nouvelles données sur les facteurs de risque

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France — Une étude écossaise de large envergure montre que par rapport aux sujets non diabétiques, ceux souffrant de diabète de type 1 et de type 2 étaient respectivement 2,4 fois et 1,4 fois plus à risque d’être orientés vers une unité de soins intensifs ou de décéder du SARS-CoV-2. Les résultats ont été publiés dans le Lancet Diabetes Endocrinol[1].

Les auteurs suggèrent que la majoration du risque chez les DT1 par rapport aux DT2 pourrait être liée à une durée plus importante du diabète. Cette étude a révélé de nouveaux facteurs de risque de Covid-19 grave ou fatal, notamment l’admission hospitalière dans les 5 dernières années pour cause d’hypoglycémie ou d’acidocétose diabétique, le tabagisme, le traitement par plusieurs anti-diabétiques.

Etude de cohorte dans la population écossaise

Cette étude de cohorte est basée sur les données liées à la première vague d’épidémie à SARS-CoV-2 en Écosse entre le 1er mars 2020 et le 31 juillet 2020. Les analyses ont porté sur l’ensemble de la population écossaise en vie 3 semaines avant le début estimé de la pandémie fixé au 7 février 2020. Le statut diabétique était obtenu à partir du registre national du diabète. Ce registre ainsi que les bases de données administratives ont permis de rechercher des facteurs de risque de COVID-19 grave ou fatal.

Au 1er mars 2020, la population écossaise comptait 5,4 millions d’individus, dont 5,8% de diabétiques (n = 319 349). Parmi ces derniers, 0,3% sont décédés ou ont nécessité des soins intensifs pour cause de Covid-19, contre 0,1% chez ceux qui n’avaient pas de diabète. Seuls 2,8% des sujets diabétiques ayant une forme grave ou fatale de Covid-19 étaient âgés de moins de 50 ans et 89,8% avaient 60 ans et plus.

Plusieurs facteurs de risque ont été mis en évidence

L’âge, le sexe masculin et la durée du diabète se sont révélés être des facteurs significatifs d’augmentation de risque de Covid-19 grave ou fatal. Par rapport aux sujets non diabétiques, ceux souffrant d’un diabète de type 1 avaient un risque de Covid-19 grave ou fatal plus que doublé (odds ratio : 2,396) et ceux atteints de diabète de type 2, un risque augmenté de 37%. Après ajustement sur l’âge, le sexe, la durée du diabète, plusieurs facteurs de risque ont été mis en évidence, notamment : le sexe masculin, la vie en établissement de soins ou dans une zone défavorisée, la présence d’une comorbidité reconnue à risque de Covid-19, la rétinopathie, la diminution de la fonction rénale, un mauvais contrôle glycémique, ainsi que le fait avoir des antécédents d’hospitalisation pour acidose diabétique ou hypoglycémie dans les 5 dernières années, d’être traités par plusieurs anti-diabétiques ou autres traitements ou bien encore d’être fumeur. En période de forte épidémie, l’identification de ces facteurs est importante afin d’inciter les sujets concernés à être encore plus vigilants dans leur vie quotidienne.

Ce type d’étude n’est pas sans biais, soulignent les auteurs. On peut, par exemple, s’attendre à ce que les sujets diabétiques aient plus adopté les mesures de distanciation sociale que les non-diabétiques, ce qui pourrait avoir impacté à la baisse le risque de Covid-19 grave ou fatal.

Actualités Medscape © 2021 WebMD, LLC

Citer cet article: COVID-19 chez les diabétiques : nouvelles données sur les facteurs de risque – Medscape – 21 janv 2021.

Fatores reprodutivos estão associados ao risco de fraturas no pós-menopausa?

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Médico explica as complicações da pós-menopausa para paciente com fratura

A osteoporose é uma epidemia silenciosa, estima-se que o risco de fratura por osteoporose no mundo seja o mesmo de um acidente cardiovascular. E quando falamos especificamente de mulheres na pós-menopausa, esse risco se multiplica.

Sabemos que o estrogênio é um grande fator protetor da massa óssea. Muitos estudos já demonstraram que a idade da menarca e menopausa estão associadas à densidade mineral óssea na pós-menopausa: quanto mais precoce a menarca e/ou mais tarde a menopausa, menor o risco de fraturas osteoporóticas futuras devido ao maior tempo de exposição ao estrogênio.

Novos estudos

Nestas últimas semanas, o JAMA publicou um novo estudo, uma coorte de base populacional de 1.272.115 mulheres coreanas investigando se os fatores reprodutivos femininos isoladamente estão associados a fraturas em mulheres na pós-menopausa.

Foram então avaliados: idade na menarca, idade na menopausa, paridade, amamentação e uso de hormônio exógeno, a partir questionário autoaplicável. E, então, esses dados foram relacionados a incidência fraturas vertebrais, quadril e outros sítios osteoporóticos.

A média de idade da população do estudo foi de 61,0 anos. A média geral de idade na menarca foi de 16,4 anos e na menopausa foi de 50,1 anos. O período reprodutivo médio foi de 33,6 anos. Em comparação com mulheres sem fraturas (n = 1.082.232), as mulheres com fratura incidente (n = 189.883) eram provavelmente mais velhas (idade média, 63,7 vs 60,5 anos), multíparas ( 92,8% vs 91,0%), menarca tardia (média idade na menarca, 16,7 vs 16,4 anos), menopausa precoce (idade média na menopausa, 49,9 vs 50,1 anos), um período reprodutivo mais curto (33,3 vs 33,7 anos) e uma duração da amamentação de 12 meses ou mais (74,0% vs 67,8%) e nunca ter usado terapia hormonal(82,6% vs 80,1%) ou anticoncepcional oral (80,0% vs 79,8%).

Paridade e risco de fraturas osteoporóticas

O aumento da paridade está associado a uma redução no risco de fratura osteoporótica entre as mulheres na pós-menopausa. Os níveis séricos de estrogênio aumentam muito durante a gravidez para níveis aproximadamente 20 a 30 vezes acima de seu pico durante o ciclo menstrual normal. Essa exposição acentuada ao estrogênio durante cada gravidez pode reduzir o risco de fratura da mulher.

O estudo propõe também que algumas mulheres nulíparas podem ser “subférteis”, produzindo menos estrogênio durante o ciclo menstrual do que as mulheres mais férteis e, portanto, apresentam maior risco de fratura.

Foi observado que as mulheres primíparas tiveram um risco menor de todas as fraturas do que as mulheres nulíparas, mas a multiparidade não mostrou uma associação significativa com o risco de qualquer fratura.

Amamentar pode reduzir risco de fratura de quadril e aumentar risco de fratura de demais sítios

Embora se acredite que a perda óssea durante a lactação seja restaurada 6 a 12 meses após o desmame por mecanismos pouco conhecidos, o estudo propõe que a duração prolongada do aleitamento materno aumenta o risco de qualquer fratura, bem como de fratura vertebral.

No entanto, também foi observado um risco reduzido de fratura de quadril em mulheres que amamentaram comparado às que não. Uma metanálise publicada em janeiro de 2020 já havia relatado que a incidência de fratura de quadril osteoporótica diminuiu com a extensão do tempo de amamentação. Outros pesquisadores relataram uma associação entre maior duração da lactação e menor DMO na coluna lombar, mas não no colo femoral ou no quadril total.

A perda esquelética é mais profunda no osso trabecular do que no osso cortical durante a lactação: a vértebra é composta, principalmente, de osso trabecular, enquanto quadril é em grande osso cortical. O osso trabecular é mais metabolicamente ativo do que o osso cortical, e então, mais suscetível do que o osso cortical a influências hormonais e reduções na reserva de cálcio.

Pílula e risco de fratura osteoporótica

Os anticoncepcionais orais combinados também podem melhorar a densidade óssea por mecanismos biologicamente plausíveis, mas existe uma controvérsia considerável nesse assunto. Apesar de outros estudos demonstrarem essa associação positiva, este trabalho atual surpreendentemente revelou um achado pequeno, porém estatisticamente significante de um risco aumentado de fraturas entre aquelas pacientes que haviam usado pílula combinada por 1 ano ou mais.

Por fim, este estudo constatou que os fatores reprodutivos femininos foram independentemente associados à incidência de fraturas entre as mulheres na pós-menopausa

Até o momento, este foi o maior estudo que avaliou associação de fatores reprodutivos femininos com risco de fratura. A ferramenta de risco de fratura da Organização Mundial da Saúde (FRAX) é a mais utilizado para estimar fraturas osteoporóticas, integrando fatores de risco clínicos, mas ainda não inclui fatores reprodutivos,

Espera-se que esses fatores sejam incorporados aos algoritmos existentes conforme mais dados adicionais estejam disponíveis.

Autor(a):

Juliana Olivieri

Graduada em Medicina pela Universidade Federal do Rio de Janeiro (UFRJ) ⦁ Ginecologista e Obstetra ⦁ Pós-graduada em Endocrinologia Feminina e Climatério pelo Instituto Nacional de Saúde da Mulher da Criança e do Adolescente Fernandes Figueira(IFF/Fiocruz)

Referências bibliográficas:

  • Yoo JE, Shin DW, Han K, Kim D, Yoon JW, Lee D. Association of Female Reproductive Factors With Incidence of Fracture Among Postmenopausal Women in Korea. JAMA Netw Open.2021;4(1):e2030405. doi:1001/jamanetworkopen.2020.30405

La vitamina D no reduce las caídas en adultos de edad avanzada

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El aporte suplementario de vitamina D en dosis más altas no solo no muestra beneficio en cuanto a la prevención de caídas en personas de edad avanzada con más riesgo de caídas en comparación con las dosis más bajas, sino que parece aumentarlo, muestra nueva investigación.[1]

Con base en los hallazgos, los suplementos de vitamina D por arriba de la dosis mínima de 200 UI/día probablemente tengan escaso beneficio, dijo a Medscape Noticias Médicas el autor principal Dr. Lawrence J. Appel, maestro en salud pública.

“Ante la falta de un beneficio de 1.000 UI/día frente a 2.000 UI/día de suplementos de vitamina D sobre las caídas, así como el potencial de daño con dosis superiores a 1.000 UI/día, es difícil recomendar una dosis mayor de 200 UI/día a personas de edad avanzada, a menos que haya un motivo convincente”, afirmó el Dr. Appel, director del Welch Center for Prevention, Epidemiology and Clinical Research en la Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health, en Baltimore, Estados Unidos.

“Más no siempre es mejor y puede ser incluso peor”, en lo que respecta a la función de la vitamina D en la prevención de caídas, dijo.

La investigación publicada en Annals of Internal Medicine, añade datos importantes en la lucha continua para prevenir las caídas, dice el Dr. Bruce R. Troen, en un editorial complementario.[2]

Las caídas y sus consecuencias nocivas siguen siendo un riesgo sustancial para adultos mayores y un enorme reto para los equipos de asistencia médica”, escribe el Dr. Troen, un médico investigador del Sistema de Asistencia Sanitaria de Veterans Affairs Western New York.

Sin embargo, en su comentario a Medscape Noticias Médicas, el Dr. Troen advierte: “Hay muchos estudios epidemiológicos que son correlativos, no causales, que demuestran una probabilidad de beneficio con el aporte suplementario de vitamina D”.

“Por consiguiente, no hay motivo para que los médicos suspendan la vitamina D en individuos a consecuencia de este estudio”.

“Si se monitorea a un adulto mayor que está delicado y tiene múltiples trastornos concomitantes, es conveniente saber cuál es su nivel de vitamina D y proporcionarle un suplemento apropiado si es necesario”, resaltó.

Algunas guías ya reflejan la falta de datos de cualquier función del aporte suplementario de vitamina D en la prevención de caídas, incluida la de la US Preventive Services Task Force de 2018, que, en contraposición a su recomendación en 2012, ahora no recomienda el aporte suplementario de vitamina D para la prevención de caídas en personas mayores sin osteoporosis o deficiencia de vitamina D, señalan el Dr. Appel y sus colaboradores.

No se previenen las caídas independientemente de la vitamina D inicial

Como parte del estudio STURDY (Estudio para comprender la reducción de caídas y la vitamina D), el Dr. Appel y sus colaboradores reclutaron 688 participantes de la población que tenían un riesgo elevado de caídas, definido como una concentración sérica de 25-hidroxivitamina D [25(OH)D] de 25 a 72,5 nmol/l (10 a 29 ng/dl).

Los participantes tenían una media de edad de 77,2 años y una media total de concentración de 25(OH)D de 55,3 nmol/l al incorporarse en el estudio.

Fueron aleatorizados a una de cuatro dosis de vitamina D3, incluyendo 200 UI/día (el grupo de control) o 1.000, 2.000 o 4.000 UI/día.

Las dosis más altas se encontraron relacionadas con peores  ―no mejores―  desenlaces que incluyeron un tiempo más breve transcurrido hasta la hospitalización o la muerte en comparación con el grupo asignado a 1.000 UI/día. Por consiguiente, los grupos con dosis más altas se cambiaron a una dosis de 1.000 UI/día o más baja, y a todos los participantes se les efectuó seguimiento hasta por 2 años.

En general, 63% presentaron caídas durante el curso del estudio, porcentaje que, aunque elevado, fue compatible con los criterios del estudio para los participantes que tenían un riesgo elevado de caídas.

De los 667 participantes que concluyeron el estudio, no se observó ningún beneficio en la prevención de caídas con cualquiera de la dosis en comparación con la dosis del grupo de control de 200 UI/día, independientemente de los niveles iniciales de vitamina D de los participantes.

Los análisis de tolerabilidad demostraron que incluso en el grupo asignado a 1.000 UI/día, se observó un riesgo más alto de primera caída grave y primera caída con hospitalización en el grupo asignado a 200 UI/día.

No obstante, una limitación es que el estudio no contó con un grupo asignado a placebo, “200 UI/día es una dosis muy pequeña, probablemente homeopática”, dijo el Dr. Appel a Medscape Noticias Médicas. “Es posible que se acercara a un placebo”.

Advertencias: trastornos concomitantes y subgrupos

En su editorial, el Dr. Troen señala otros estudios, incluido el VITAL (Estudio de vitamina D y omega-3) que tampoco demostró reducción de las caídas con dosis de vitamina D más elevadas; sin embargo, este estudio no mostró ningún riesgo significativo con dosis más altas.

Añade que el presente estudio carece de información sobre subgrupos de participantes.

“No contamos con suficiente información sobre los trastornos concomitantes existentes y los medicamentos que estas personas reciben para poder analizar las connotaciones. Tal vez haya un subgrupo que no debería obtener 4.000 UI, mientras que otro subgrupo puede no resultar perjudicado y tal vez ese paciente se pueda beneficiar”, dijo.

Además, en el estudio no se abordan grupos como los residentes de hogares para ancianos.

“Por ejemplo, atiendo a un paciente de 85 años con niveles de vitamina D de tal vez 20 nmol/l con múltiples problemas médicos, pero no se incluyeron en el estudio esos niveles bajos, de manera que esta es una cuestión complicada, pero lo principal es: primero, no hacer daño”, dijo.

“De verdad necesitamos estudios que tomen en cuenta los múltiples aspectos diferentes a fin de que podamos, cabe esperar, determinar una estrategia integral e interdisciplinaria, que por lo general es la mejor forma de optimizar la asistencia a adultos mayores delicados”, concluyó.

El estudio recibió financiación del National Institute of Aging.

Medscape Noticias Médicas © 2020 WebMD, LLC

Citar este artículo: La vitamina D no reduce las caídas en adultos de edad avanzada – Medscape – 21 de dic de 2020.

“Nunca es tarde para empezar a hacer actividad física”

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Dra. Karina García

“Nunca es tarde para empezar a hacer actividad física”, aseguró la Dra. Karina García, vicepresidenta del distrito Jujuy, de la Sociedad Argentina de Cardiología y presidenta del distrito Jujuy de la Federación Argentina de Medicina del Deporte.

En su exposición, la Dra. García enfatizó que la edad biológica no es igual a la cronológica y que puede haber gran diferencia entre ambas, según factores como carga genética, manejo del estrés, grado de entrenamiento y nutrición.

Los cambios en el envejecimiento se basan en la disminución de la reserva funcional, sobre todo la pérdida de masa muscular (entre 2% y 8% por década), y el descenso del gasto metabólico, lo que aunado a las comorbilidades, forma un “combo” importante para aumentar el riesgo de síndrome de fragilidad: deterioro multisistémico que aumenta la vulnerabilidad y es muy común en los adultos mayores inactivos, señaló la Dra. García.

Hacer actividad física a lo largo de la vida es un pilar para retrasar la declinación de las capacidades funcionales y mantener la curva por encima del umbral de discapacidad hasta edades avanzadas. “La inversión que se hace en el cuerpo es como un plazo fijo”, comentó la Dra. García a Medscape en español.

Sin embargo, incluso para quienes tienen larga historia de sedentarismo no todo está perdido. “Siempre hay espacio para la actividad física, solo hay que acomodarlo a cada paciente. Hay que encontrar la motivación y encender la chispa de querer hacer algo”, manifestó la especialista.

La Dra. García destacó que los programas de entrenamiento en ese segmento etario tienen que asentarse en trabajar distintos parámetros:

  1. Resistencia y capacidad aeróbica. “Va a mejorar la función cardiaca a expensas de disminuir las resistencias periféricas y además nos va a ayudar a manejar la hipertensión, la distribución de grasas y el perfil metabólico”, sostuvo.
  2. Fortalecimiento y musculación. “El tono muscular es fundamental por las pérdidas que aparecen después de los 30 años. Trabajarlo es fundamental para que los sujetos puedan tener una vida independiente”, enfatizó. 
  3. Equilibrio y flexibilidad. “Se le puede entrenar indirectamente, con prácticas como taichi o yoga que mejoran las amplitudes articulares y la coordinación. Su práctica es fundamental para prevenir caídas”, destacó.

El protocolo ideal no existe

Mikel Izquierdo

“La prescripción de ejercicio físico no es un tratamiento ‘coadyuvante’ que los médicos suelan recomendar, y cuando lo hacen no lo realizan de manera afortunada. Del mismo modo que no todas las medicinas curan el cáncer, el ejercicio físico no solo consiste en caminar o nadar, ni es el mismo para todas las personas”, manifestó a Medscape en español Mikel Izquierdo, doctor en ciencias de la actividad física y el deporte, investigador responsable del grupo de Ejercicio Físico, Salud y Calidad de vida, del Centro de Investigación Biomédica Navarrabiomed, en Pamplona, España.

El ejercicio físico “debería prescribirse de manera individualizada y precisa, como se hace con los fármacos”, añadió el Dr. Izquierdo, quien también dirige el Departamento de Ciencias de la Salud de la Universidad Pública de Navarra.

Para la Dra. García, el protocolo ideal no existe: “El mejor protocolo es aquel que se realiza”, dijo, y recomendó conocer el estado previo de salud del paciente, realizar un chequeo médico básico y una prueba de esfuerzo que permite medir la capacidad de equivalentes metabólicos que alcanza. “Podemos medir qué intensidad de esfuerzo es seguro para el paciente, y en función de esos resultados, determinar cuál es su capacidad funcional y frecuencia segura para un plan de entrenamiento”, señaló.

Otra estrategia importante es consensuar con el paciente qué tipo de actividad prefiere realizar. “¿Quiere hacer deporte o una actividad recreativa? ¿Nadar o tomar clases de baile? ¿Con qué intensidad? Hay que trabajar con la escala de Borg para que el mismo paciente determine si la carga es muy intensa, o por el contrario, es insuficiente y requiere adaptación”, expresó la Dra. García.

En diálogo con Medscape en español, la Dra. García precisó que se puede empezar con una caminata de baja intensidad, incluso sacando a pasear a un perro, con breves recorridos en bicicleta, con algunas horas semanales de clase de baile, o en personas con exceso de peso y problemas articulares, con actividad en la piscina, “primero caminando, después flotando”.

A medida que las personas sientan las mejoras y ganen confianza, se pueden intensificar la frecuencia e intensidad del ejercicio, con supervisión del profesional especializado. La Dra. García también sugirió asesoramiento nutricional y no olvidarse de indicar la hidratación: “Entre 25 y 40 ml de agua por kilogramo es suficiente”, dijo.

Los beneficios del ejercicio en edades avanzadas han sido documentados en muchos estudios. En un editorial que firmó con dos colaboradores a inicios de 2020 en BMJ, el Dr. Izquierdo citó una intervención multicomponente española de 12 semanas que combinó ejercicios de resistencia con otros para entrenar el balance y la marcha en adultos de edad avanzada frágiles institucionalizados (edad promedio: 92 años).[1,2] El entrenamiento mejoró numerosos indicadores de capacidad física y masa muscular, y redujo el riesgo de caídas.

El Dr. Izquierdo, quien es director científico de un programa multicomponente VIVIFRAIL, para promover el ejercicio después de los 70 años y participará en el XVII Congreso Argentino de Gerontología y Geriatría, sostiene que el objetivo para cualquier adulto debe ser realizar al menos 30 minutos diarios de actividad física moderada, quemar al menos 150 kcal diarias, andar 10.000 pasos diarios o incluir de manera combinada ejercicios de fortalecimiento muscular, actividades de equilibrio y control, y ejercicios de estiramiento y movilidad articular.[3]

“Sin embargo, en el caso particular de las personas mayores, o aquellas que tengan sobrepeso o diabetes, es necesario complementar esos ejercicios con los de fuerza muscular. En personas mayores de 65 años lo idóneo es complementar los ejercicios de resistencia o aeróbicos con ejercicios de fuerza y flexibilidad”, recomendó.

Diseñados para moverse

El Dr. George Lundberg (87 años), editor de Medscape, aseguró en una columna de mayo de 2019 que se puede ser adulto de edad avanzada sin ser frágil. Y relató que iba tres veces a la semana a un centro de fitness durante una hora, para hacer entrenamiento de resistencia, ejercicios de balance y coordinación (incluyendo la coordinación ojo-mano), flexibilidad (elongación) y ejercicio aeróbico, buscando un promedio de 7.000 pasos diarios (muchos de ellos, hacia atrás). “Obviamente, mientras trato de mantener el peso estable pesándome todos los días en la balanza a la misma hora”, escribió.

No debemos olvidar que estamos “diseñados para movernos” y que el ejercicio no es solo para niños y adultos jóvenes: las personas de edad avanzada pueden adaptarse al ejercicio físico y merecen beneficiarse de él, insistió el Dr. Izquierdo.

“Los médicos generales deben aconsejar a todos los pacientes, independientemente de la edad, ser lo más activos posible. Las facultades de medicina deberían enseñar a los estudiantes que el músculo esquelético sigue siendo un tejido muy plástico y adaptable a lo largo de la vida humana. Nunca es demasiado tarde y nunca se es demasiado mayor para contraer los músculos”, aseguró.

Para la Dra. García, el lugar del ejercicio como indicación médica gana protagonismo en la medida que el profesional no se concentre solo en la patología y pueda ver al individuo en su totalidad. Y recordó que la actividad física no solo tiene efectos positivos en los planos cardiovascular, metabólico, neurológico, inmunológico y osteoarticular, sino que también “disminuye la depresión y facilita la inserción en un ambiente social que permite mejorar relaciones y vínculos”.

“No se puede evitar envejecer, pero no es obligatorio vivir como un viejo “, concluyó.

La Dra. García y profesor Izquierdo han declarado no tener ningún conflicto de interés económico económico pertinente.

Medscape Noticias Médicas © 2020 WebMD, LLC

Citar este artículo: “Nunca es tarde para empezar a hacer actividad física” – Medscape – 2 de dic de 2020.

New Legal Push Aims to Speed Magic Mushrooms to Dying Patients

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Erinn Baldeschwiler, mother of Shea McGinnis (left) and Gibson McGinnis, has been diagnosed with stage 4 metastatic breast cancer. Immunotherapy has helped with the physical symptoms of her illness, dramatically shrinking the size of the tumor on her chest. Harder to treat has been the gnawing anxiety that she won’t see her children become adults.

Back in March, just as anxiety over COVID-19 began spreading across the U.S., Erinn Baldeschwiler of La Conner, Washington, found herself facing her own private dread.

Just 48 and the mother of two teenagers, Baldeschwiler was diagnosed with stage 4 metastatic breast cancer after discovering a small lump on her chest, no bigger than a pea. Within weeks, it was the size of a golf ball, angry and red. Doctors gave her two years to live.

“It’s heartbreaking,” she said. “Frankly, I was terrified.”

But instead of retreating into her illness, Baldeschwiler is pouring energy into a new effort to help dying patients gain legal access to psilocybin — the mind-altering compound found in so-called magic mushrooms — to ease their psychic pain.

“I have personally struggled with depression, anxiety, anger,” Baldeschwiler said. “This therapy is designed to really dive in and release these negative fears and shadows.”

Dr. Sunil Aggarwal, a Seattle palliative care physician, and Kathryn Tucker, a lawyer who advocates on behalf of terminally ill patients and chairs a psychedelic practice group at Emerge Law Group, are championing a novel strategy that would make psilocybin available using state and federal “right-to-try” laws that allow terminally ill patients access to investigational drugs.

They contend that psilocybin — whether found in psychedelic mushrooms or synthetic copies — meets the criteria for use laid out by more than 40 states and the 2017 Right to Try Act approved by the Trump administration.

“Can you look at the statute and see by its terms that it applies to psilocybin?” Tucker said. “I think the answer is yes.”

Still, the pair admit they’re pushing a legal theory still untested in the courts. “This is untrodden ground,” Aggarwal said.

This month, Aggarwal, who works at the Advanced Integrative Medical Science Institute, known as AIMS, took the first step toward federal authorization of the substance in Washington state and perhaps across the nation. He submitted an application to manufacture psilocybin to the state’s Pharmacy Quality Assurance Commission, which would allow him to grow psilocybin mushrooms from spores at his clinic and administer them for therapeutic use.

Commission members haven’t yet reviewed the application, but Gordon MacCracken, an agency spokesperson, said there “would be a path” for possible license and use — if the application meets the requirements of state regulators and the federal Drug Enforcement Administration.

Currently, psilocybin use is illegal under federal law, classified as a Schedule 1 drug under the U.S. Controlled Substances Act, which applies to chemicals and substances with no accepted medical use and a high potential for abuse, such as heroin and LSD.

Recently, however, several U.S. cities and states have voted to decriminalize possession of small amounts of psilocybin. This month, Oregon became the first state to legalize psilocybin for regulated use in treating intractable mental health problems. The first patients will have access beginning in January 2023.

It’s part of a wider movement to rekindle acceptance of psilocybin, which was among psychedelic drugs vilified — and ultimately banned — after the legendary counterculture excesses of the 1960s and 1970s.

“I think a lot of those demons, those fears, have been metabolized in the 50 years since then,” Aggarwal said. “Not completely, but we’ve moved it along so that it’s safe to try again.”

He points to a growing body of evidence that finds that psilocybin can have significant and lasting effects on psychological distress. The Johns Hopkins Center for Psychedelic and Consciousness Research, launched this year, has published dozens of peer-reviewed studies based on two decades of research. They include studies confirming that psilocybin helped patients grappling with major depressive disorder, thoughts of suicide and the emotional repercussions of a cancer diagnosis.

Psilocybin therapy appears to work by chemically altering brain function in a way that temporarily affects a person’s ego, or sense of self. In essence, it plays on the out-of-body experiences made famous in portrayals of America’s psychedelic ’60s.

By getting out of their heads — and separating from all the fear and emotion surrounding death — people experience “being” as something distinct from their physical forms. That leads to a fundamental shift in perspective, said Dr. Ira Byock, a palliative care specialist and medical officer for the Institute for Human Caring at Providence St. Joseph Health.

“What psychedelics do is foster a frame shift from feeling helpless and hopeless and that life is not worth living to seeing that we are connected to other people and we are connected to a universe that has inherent connection,” he said.

“Along with that shift in perspective, there is very commonly a notable dissolution of the fear of dying, of nonexistence and of loss, and that’s just remarkable.”

The key is to offer the drugs under controlled conditions, in a quiet room supervised by a trained guide, Byock said. “It turned out they are exceedingly safe when used in a carefully screened, carefully guided situation with trained therapists,” he said. “Almost the opposite is true when used in an unprepared, unscreened population.”

Baldeschwiler is one of many cancer patients eager to undergo psilocybin therapy to help quell the psychic pain that can accompany a terminal illness. Advocates say the therapy appears to work by temporarily altering brain function in a way that affects a person’s sense of self, helping them separate from the fear and emotion surrounding death.

Baldeschwiler is one of several AIMS cancer patients eager to undergo psilocybin therapy. Another is Michal Bloom, 64, of Seattle, who was diagnosed in 2017 with stage 3 ovarian cancer. The anxiety of living with the terminal disease is overwhelming, she said.

“It’s as if someone came up to you, put a gun to the back of your head, whispered, ‘I have a gun to your head and I’ll have a gun to your head for the rest of your life. I may pull the trigger, I may not,'” she said. “How do you live like that?”

Research shows that a single six-hour session of psilocybin therapy may be enough to quell that fear, Aggarwal said. “I’m really interested in a right-to-try approach because it’s really what we need for patients right now,” he said.

Under the state and federal laws, to be eligible for “right-to-try” status, a treatment must have completed a phase 1 clinical trial approved by the federal Food and Drug Administration, be part of active clinical trials and in ongoing development or production.

So far, psilocybin ticks all those boxes, Tucker said.

The FDA has granted “breakthrough therapy” status to psilocybin for use in U.S. clinical trials conducted by Compass Pathways, a psychedelic research group in Britain, and by the Usona Institute, a nonprofit medical research group in Wisconsin. More than three dozen trials are recruiting participants or completed, federal records show.

But access to the drug remains a hurdle. Though psychedelic mushrooms grow wild in the Pacific Northwest and underground sources of the drug are available, finding a legal supply is nearly impossible.

Tucker and Aggarwal asked Usona last summer for a supply of the synthetic psilocybin its researchers produce for clinical trials, but so far have received nothing. Penny Patterson, a Usona spokesperson, said there’s been no “definitive resolution” and that conversations are continuing.

The firm’s reluctance may reflect a larger unease with employing right-to-try laws to speed use of psilocybin, said Dr. Anthony Back, a palliative care physician at the University of Washington.

Back supports the use of psilocybin for cancer patients and has even tried the drug to better understand the experience. But he said using psilocybin outside of formal clinical trials might endanger Usona’s ability to get traditional FDA approval. Adverse events may occur that will have to be reported to the FDA, an agency already watching the research closely.

“I can see why they’re hesitant, to be honest,” Back said. “I think right-to-try is an uphill battle.”

Still, Tucker and other advocates say it’s a battle worth fighting. End of Life Washington, a group focused on helping terminally ill patients use the state’s Death With Dignity Act, recently published a policy that supports psilocybin therapy as a form of palliative care. Other treatments for anxiety and depression, such as medication and counseling, may simply not be practical or effective at that point, said Judith Gordon, a psychologist and member of the group’s board of directors.

“When people are dying, they don’t have the time or the energy to do a lot of psychotherapy,” she said.

Baldeschwiler agrees. With perhaps less than two years to live, she wants access to any tool that can ease her pain. Immunotherapy has helped with the physical symptoms, dramatically shrinking the size of the tumor on her chest. Harder to treat has been the gnawing anxiety that she won’t see her 16-year-old daughter, Shea McGinnis, and 13-year-old son, Gibson McGinnis, become adults.

“They are beautiful children, good spirits,” she said. “To know I might not be around for them sucks. It’s really hard.”

Kaiser Health News © 2020 

Cite this: New Legal Push Aims to Speed Magic Mushrooms to Dying Patients – Medscape – Nov 25, 2020.TOP PICKS FOR YOU

#Sono e #envelhecimento [parte 1]: Alterações fisiológicas e abordagem geral em #idosos

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O sono adequado traz benefícios evidentes para a saúde e o bem-estar geral dos idosos. Com o envelhecimento, a queixa de sono torna-se mais frequente, com uma prevalência que varia de 15-62% a depender da região geográfica e da população estudada. Apesar da elevada frequência, os distúrbios de sono não podem ser considerados “normais” para idosos.

Existem alterações fisiológicas do sono com o envelhecimento (bioquímicas, neurológicas e comportamentais) que levam a mudanças na duração e na arquitetura do sono, por vezes percebidas como “insônia” por esses indivíduos. No entanto, a ocorrência dos distúrbios de sono nos idosos é mais dependente das comorbidades que eles apresentam, do que da faixa etária em si. A prevalência de doenças sistêmicas (e.g., demência, insuficiência cardíaca, doença do refluxo gastroesofágico) e de doenças relacionadas ao sono (e.g., apneia do sono, movimentos períodos dos membros) aumentam com a idade e podem trazer consequências negativas para esses indivíduos.

Dessa maneira, a abordagem geral ao idoso com queixa de sono deve considerar as alterações fisiológicas do envelhecimento e as comorbidades presentes nessa faixa etária.

 

Alterações fisiológicas do sono no envelhecimento

O sono é caracterizado por alterações comportamentais, neurofisiológicas e bioquímicas específicas. Em termos de comportamento, ocorre redução da atividade motora, diminuição da resposta aos estímulos externos, postura estereotipada e fácil reversibilidade. Em termos neurofisiológicos, o sono é definido por padrões de sinais elétricos captados por meio do eletroencefalograma, eletromiografia, e eletro-oculograma.

Para entender as alterações do sono decorrentes do envelhecimento, é necessário revisar rapidamente as fases do sono humano. O ciclo de sono normal distribui-se em fase não REM (rapid eye movement, ou movimentos oculares rápidos), dividida em N1, N2 e N3, e a fase REM (Figura 1). Após um período curto de sono superficial não REM (N1 e N2), o ciclo do sono evolui para fases mais profundas (N3), até chegar na fase REM. A alternância de sono não REM e REM acontece em torno de quatro a cinco vezes por noite. O ritmo circadiano do sono é controlado por interações com gatilhos sensoriais externos (e.g., luz, fome) e por sincronizadores internos (e.g., núcleo supraquiasmático no hipotálamo e glândula pineal).

Diversas alterações no padrão de sono ocorrem durante as fases da vida, incluído mudanças na latência do sono (tempo para iniciar sono após deitar-se), eficiência do sono (razão entre o tempo efetivamente dormindo e o tempo total deitado na cama) e qualidade do sono. Em termos biológicos e neuroquímicos, tanto a eficácia dos estímulos externos (menor percepção da luz por alterações oculares), como internos (menor produção de melatonina pela glândula pineal) pode estar prejudicada com o envelhecimento. De forma geral, todas as alterações do sono associadas à idade são consideradas normais, e não devem trazer impacto direto no desempenho e bem-estar do indivíduo. No entanto, algumas delas podem aumentar a predisposição para os distúrbios de sono propriamente ditos.

A alteração do padrão de sono mais percebida pelos indivíduos é a diminuição no tempo total de sono, que costuma ser de 9-10 horas para o adolescente e 7-8,5 horas em adultos jovens, reduzindo para 6-7,5 horas nos idosos. Além disso, os idosos apresentam uma mudança na arquitetura geral do sono, que se inicia com uma tendência a aumento do período de sono superficial e vai a uma consequente redução do tempo em sono profundo (Figura 1). Essas mudanças trazem maior facilidade para o despertar frente a estímulos auditivos e, em caso de ocorrer o despertar, a dificuldade para retornar ao sono (fragmentação).

Figura 1. Alterações do sono no envelhecimento

 Abordagem geral à queixa de sono no idoso

 Diante de todas as alterações citadas acima, não é de surpreender que a queixa de sono apareça frequentemente no atendimento ao idoso. Portanto, a primeira etapa na abordagem ao idoso com essa queixa é a educação a respeito das mudanças normais do sono no envelhecimento. A percepção equivocada sobre o sono pode gerar uma sensação inadequada de que existe alguma patologia subjacente, ou até prejudicar o tratamento quando esta patologia verdadeiramente existir. A sobreposição de sinais ou sintomas dos distúrbios do sono às mudanças do próprio envelhecimento trazem um desafio ainda maior para o diagnóstico, além da dificuldade de avaliar a queixa de sono de forma objetiva. Os idosos podem não ter uma rotina diária que favoreça horários regulares para dormir e acordar. Além disso, não é incomum que haja uma superestimação ou subestimação do tempo de sono ou do tempo total na cama.

Nos casos em que o relato do paciente sobre o sono pareça desproporcional ao impacto causado no dia a dia ou ao quadro clínico vigente, um recurso possível de ser utilizado é a confecção do diário do sono (Figura 2). O diário de sono deve ser preenchido preferencialmente logo após acordar e por um período de duas semanas. O paciente deve ser instruído a preenchê-lo da maneira mais acurada possível, mas sem se preocupar excessivamente com isso, sendo permitida a aproximação dos dados mais objetivos e difíceis de serem medidos precisamente no contexto do sono (ex: latência para o sono). Na prática clínica, é possível adaptar o diário de sono para a realidade da população atendida, com versões mais longas ou mais curtas a critério do profissional e de acordo com as informações que este deseja adquirir.

Figura 2. Exemplo de um diário do sono

É importante também identificar a queixa de sono do paciente de forma específica e tentar categorizá-la em um dos três grupos principais:

  • Dificuldade de iniciar ou manter o sono (insônia);
  • Sonolência diurna excessiva (hipersonia);
  • Movimentos ou comportamentos anormais no sono (ex: síndrome de pernas inquietas, parassonias)

Os pacientes devem ser questionados quanto à presença de sintomas associados à queixa de sono, que apontem para diagnósticos sistêmicos interferindo na qualidade de sono:

  • Dor (ex: osteoartrose);
  • Parestesias (ex: insuficiência venosa periférica);
  • Tosse (ex: doença pulmonar obstrutiva crônica, doença do refluxo gastroesofágico;
  • Dispneia paroxística noturna/ortopneia (ex: insuficiência cardíaca congestiva);
  • Nictúria (ex: hiperplasia prostática benigna).

Os medicamentos em uso também devem ser revisados cuidadosamente, já que o idoso é mais suscetível a polifarmácia, ao uso de medicamentos inapropriados, e aos efeitos colaterais associados a eles, com potencial influência no sono. (Tabela 1)

Tabela 1. Exemplos de medicamentos com potencial interferência no sono

Medicamento Alteração no sono
Diuréticos Nictúria
Agentes estimulantes (corticosteroides) Dificuldade para iniciar sono
Antidepressivos (retirada) 

Antiparkinsonianos (pramipexol)

Metilfenidato

Betabloqueadores

Pesadelos
Sedativos (uso crônico) Fragmentação
Suspensão de benzodiazepínicos e antidepressivos Insônia de rebote

Na maioria dos casos, é possível diagnosticar o distúrbio de sono ou os mecanismos envolvidos através da história clínica, sem progredir para exames complementares. Em pacientes com alterações cognitivas de base (ex: demência), a fonte de informação sobre a queixa de sono será frequentemente a família e/ou o cuidador, que pode inclusive preencher o diário do sono no lugar do paciente para melhor entendimento do quadro.

Quando investigações complementares são necessárias, a polissonografia é o exame recomendado. As três suspeitas diagnósticas que costumam requerer a solicitação de polissonografia são: (1) distúrbio respiratório do sono; (2) distúrbio de movimento associado ao sono; e (3) parassonias.

Todas as etapas descritas para a abordagem geral serão importantes para explorar os diagnósticos diferenciais e definir o planejamento terapêutico do paciente com distúrbio do sono (abordados na segunda parte deste artigo).

 

Mensagens finais sobre distúrbios do sono em idosos

  • A queixa de sono é comum em idosos, mas não deve ser considerada como normal do envelhecimento;
  • É necessário diferenciar as alterações fisiológicas do sono do envelhecimento daquelas sugestivas de distúrbios do sono propriamente ditos;
  • As principais alterações fisiológicas do sono com o envelhecimento são: diminuição do tempo total de sono, aumento da latência para o sono, e maior permanência em fases superficiais do sono;
  • O preenchimento do diário do sono pode ser um recurso importante para minimizar as percepções equivocados em relação ao sono e auxiliar no raciocínio diagnóstico;
  • A maioria das queixas de sono são avaliadas de forma adequada através da história clínica, ficando os exames especializados (polissonografia) reservados para casos ou suspeitas diagnósticas específicas.

Autor(a):

Flávia Barreto Garcez Carvalho

Especialista em Geriatria pelo Hospital das Clínicas da Universidade de São Paulo (HC-FMUSP) ⦁ Médica colaboradora do Serviço de Geriatria do HC-FMUSP ⦁ Doutoranda em Ciências Médicas pela USP ⦁ Equipe de Retaguarda de Geriatria do Hospital Sírio Libanês.

Referências bibliográficas:

  • Gulia KK, Kumar VM. Sleep disorders in the elderly: a growing challenge. Psychogeriatrics. 2018;18(3):155-165. doi:10.1111/psyg.12319
  • Crowley K. Sleep and Sleep Disorders in Older Adults. Neuropsychol Rev. 2011;21(1):41-53. doi:10.1007/s11065-010-9154-6
  • Yaremchuk K. Sleep Disorders in the Elderly. Clin Geriatr Med. 2018;34(2):205-216. doi:10.1016/j.cger.2018.01.008
  • Kapur VK, Auckley DH, Chowdhuri S, et al. Clinical Practice Guideline for Diagnostic Testing for Adult Obstructive Sleep Apnea: An American Academy of Sleep Medicine Clinical Practice Guideline. J Clin Sleep Med. 2017;13(03):479-504. doi:10.5664/jcsm.6506
  • Sateia MJ. International Classification of Sleep Disorders-Third Edition. Chest. 2014;146(5):1387-1394. doi:10.1378/chest.14-0970

#Avaliação geriátrica ampla (AGA): modelo multidimensional para o atendimento de #idosos

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Pessoa idosa sob cuidados de avaliação geriátrica ampla (AGA)

As bases para o desenvolvimento da avaliação geriátrica ampla (AGA) surgiram a partir do modelo de cuidado da médica Marjory Warren, no final da década de 1930. Considerada a mãe da medicina geriátrica, Dr. Warren conseguiu modificar os cuidados oferecidos a um grupo de pacientes crônicos e acamados em um hospital de Londres. Utilizando uma avaliação clínica detalhada e uma abordagem multidisciplinar, ela conseguiu ampliar a detecção de problemas e elaborar planos individualizados de tratamento para esses pacientes, com foco na avaliação sistemática e na reabilitação.

Evolução

Ao longo das décadas seguintes, diversos estudos foram desenvolvidos para investigar e validar a AGA como modelo de predição de desfechos adversos e de intervenção em pacientes idosos nos mais variados ambientes de saúde. Mesmo com alguns resultados conflitantes, a AGA segue como modelo de referência para o cuidado de idosos no ambiente hospitalar e na comunidade, tanto na atenção primária quanto na atenção especializada.

Os benefícios da AGA dependem da população, do formato de aplicação e do local de estudo. De forma geral, a AGA é direcionada a idosos frágeis, com risco aumentado para eventos negativos, e não parece beneficiar da mesma maneira os pacientes mais saudáveis ou aqueles em fase terminal de vida.

 

Em relação ao cenário de cuidado, no ambiente hospitalar a utilização da AGA já foi associada a menor risco de institucionalização no período pós-alta, enquanto em idosos da comunidade ela se associou a melhor desempenho funcional e até maior sobrevida, em comparação a idosos submetidos aos cuidados de rotina. A AGA também tem sido utilizada com frequência no cenário de cuidados pré-operatórios e oncológicos, onde o geriatra (ou outro profissional treinado na aplicação da AGA) frequentemente se une ao especialista para a identificação de problemas de saúde, na predição de desfechos adversos e na decisão terapêutica, proporcionando uma coordenação integrada do cuidado.

Dimensões da avaliação geriátrica ampla (AGA)

Apesar de não existir na literatura uma recomendação oficial acerca de componentes obrigatórios na AGA, alguns domínios são considerados fundamentais e estão presentes na maioria das abordagens (Quadro 1). Cada componente costuma ser avaliado por escalas de triagem validadas, em conjunto com a observação clínica do profissional de saúde. Os instrumentos de avaliação devem ser adaptados às necessidades da população atendida e ao cenário de cuidado.

 Quadro 1 – Domínios da avaliação geriátrica ampla

Domínio

Descrição/Comentário

Avaliação

Funcionalidade

Capacidade do indivíduo de ser independente em seu próprio cuidado (atividades básicas de vida diária, ABVD), e no seu papel na comunidade (atividades instrumentais de vida diária, AIVD). – Escala de Katz (ABVD) 

– Escala de Lawton (AIVD)

– Índice de Barthel

Cognição

Capacidade de utilizar as funções cerebrais superiores (executiva, memória, visuoespacial, linguagem, atenção) de forma adequada e autônoma. 

Os déficits cognitivos e as síndromes demenciais são frequentes em pacientes ³ 60 anos.

– 10-Point Cognitive Screener (10-CS) 

– Miniexame do Estado Mental (MEEM)

– Montreal Cognitive Asessment (MoCA)

Humor Os sintomas depressivos ou ansiosos possuem alta prevalência em indivíduos idosos, prejudicando a adesão ao tratamento e o controle de doenças crônicas. 

Os idosos possuem maior frequência de sintomas somáticos, o que dificulta o diagnóstico.

– Escala de Depressão Geriátrica de 15 itens (GDS-15) 

– Questionário sobre Saúde do Paciente (PHQ-9).

Sensorial Déficits auditivos ou visuais trazem pior qualidade de vida, isolamento social, prejuízo cognitivo e risco de depressão. – Audição: Teste do sussurro 

 

– Visão: Escala de Snellen

Mobilidade/Quedas

As quedas são importantes causas de morbimortalidade em idosos. Para avaliação do risco de quedas, podem ser utilizados testes que avaliam a mobilidade e auxiliam nessa predição. – Velocidade de marcha 

– Teste cronometrado do levantar e andar (Timed get-up and go test)

– Short Physical Performance Battery (SPPB)

Estado nutricional Os idosos apresentam maior risco nutricional devido à presença de comorbidades, alterações do sistema digestivo, perda funcional, risco de baixo suporte social e declínio cognitivo. – Miniavaliação Nutricional (MAN)
Suporte social Muitos idosos estão sujeitos à insuficiência de recursos humanos e/ou materiais para o seu cuidado. O baixo suporte social ocasiona pior qualidade de vida, declínio funcional e mau controle de doenças crônicas. 

É importante a presença do(a) assistente social nessa abordagem, e também a avaliação de sobrecarga/estresse do cuidador e outras alterações de saúde, que frequentemente levam à insuficiência de cuidados.

Suporte social: 

-APGAR da Família e dos Amigos

– Escala de Suporte Social do Medical Outcomes Study (MOS).

Estresse do cuidador:

– Escala de Zarit

– Self-Reporting Questionnaire 20 (SRQ-20)

 

Em cenários de cuidado onde o tempo é limitado e não há disponibilidade suficiente de profissionais para uma avaliação mais detalhada, é possível a aplicação de instrumentos simplificados e objetivos, como é o caso da avaliação geriátrica compacta de 10 minutos (AGC-10). A AGC-10 avalia 10 domínios de saúde do paciente idosos de forma rápida e sem a necessidade de equipamentos complexos, apenas fita métrica, cronômetro e balança antropométrica. O instrumento possibilita o cálculo de um índice global de risco calculado através da média das alterações identificadas nos 10 domínios do instrumento (Figura 1). O escore final varia de 0 (nenhuma alteração) a 1 (alteração total) e classifica os indivíduos em baixo (0-0,29), médio (0,3-0,39) e alto (0,40-1) risco para desfechos adversos.

Figura 1. Avaliação Geriátrica Compacta de 10 minutos (AGC-10). Fonte: Reprodução de Aliberti et al. (2019)

Aplicação da AGA na prática clínica

Para a melhor utilização da avaliação geriátrica ampla (AGA), é interessante o recrutamento de uma equipe multiprofissional básica (médico, enfermeiro e assistente social) ou ampliada (profissionais como fisioterapeuta, nutricionista, farmacêutico, dentre outros).

As avaliações devem ser padronizadas para todos os membros da equipe, no intuito de evitar a variabilidade no registro de informação e facilitar a interpretação dos dados. A discussão sobre o plano de cuidado deve ser multidisciplinar, com identificação das necessidades e problemas prioritários do paciente naquele momento. Após essa abordagem, é possível o desenvolvimento e implementação do plano terapêutico, em que as metas de cuidado devem ser definidas e discutidas, preferencialmente na presença do paciente e/ou de seus familiares.

O monitoramento e a revisão desse plano terapêutico devem ser realizados periodicamente, para detecção precoce de falha ou à medida que novas necessidades surjam.

 

Mensagens finais

  • A AGA é um instrumento multidimensional para identificação de problemas de saúde e elaboração de plano de cuidado para idosos, especialmente aqueles mais vulneráveis;
  • A avaliação geriátrica ampla (AGA) deve ser administrada em conjunto com o exame clínico tradicional e por profissionais devidamente treinados;
  • Os principais componentes da AGA são funcionalidade, cognição, humor, estado nutricional, sensorial, mobilidade/quedas, e suporte social, mas outros domínios podem ser acrescentados ou modificados em contextos clínicos específicos;
  • Os desafios para implementação da AGA envolvem a adaptação do instrumento para cada cenário de cuidado e a integração apropriada dos diferentes membros da equipe multiprofissional.

Autora:

Flávia Barreto Garcez Carvalho

Especialista em Geriatria pelo Hospital das Clínicas da Universidade de São Paulo (HC-FMUSP) ⦁ Médica colaboradora do Serviço de Geriatria do HC-FMUSP ⦁ Doutoranda em Ciências Médicas pela USP ⦁ Equipe de Retaguarda de Geriatria do Hospital Sírio Libanês.

Referências bibliográficas:

  • Pilotto A, Cella A, Pilotto A, Daragjati J, Veronese N, Musacchio C, et al. Three decades of comprehensive geriatric assessment: evidence coming from different healthcare settings and specific clinical conditions. J Am Med Dir Assoc. 2017;18(2):192.e1-192.e11.
  • Matthews DA. Dr. Marjory Warren and the origin of British geriatrics. J Am Geriatr Soc. 1984;32(4):253–8.
  • Ellis G, Gardner M, Tsiachristas A, Langhorne P, Burke O, Harwood RH, et al. Comprehensive geriatric assessment for older adults admitted to hospital. Cochrane Database Syst Rev. 2017 set;9:CD006211.
  • Partridge JSL, Harari D, Martin FC, Dhesi JK. The impact of pre-operative comprehensive geriatric assessment on postoperative outcomes in older patients undergoing scheduled surgery: a systematic review. 2014 jan;69 (supl 1):8–16.
  • Eamer G, Taheri A, Chen SS, Daviduck Q, Chambers T, Shi X, et al. Comprehensive geriatric assessment for older people admitted to a surgical service. Cochrane Database Syst Rev. 2018 jan;1:CD012485.
  • Takahashi SF, Garcez FB, Aliberti MJR. Avaliação geriátrica ampla. In: Cabrera M, Cunha UGV. PROGER Programa de Atualização em Geriatria e Gerontologia: Ciclo 6. Porto Alegre: Artmed Panamericana, 2020.
  • Aliberti MJR, Covinsky KE, Apolinario D, Smith AK, Lee SJ, Fortes-Filho SQ, et al. 10-Minute Targeted Geriatric Assessment predicts disability and hospitalization in fast-paced acute care settings. J Gerontol A Biol Sci Med Sci. 2019 set 15;74(10):1637-42.

#Scientists discover COVID-19 symptoms appear in a specific order

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Researchers from the University of Southern California (USC) have found what appears to be the likely order in which COVID-19 symptoms first appear.

nurse taking temperature of patient at home using PPE
Scientists may have identified a specific order for COVID-19 symptoms.

The study findings reveal individuals infected with COVID-19 will likely experience symptoms in the following order:

  1. fever
  2. coughing and muscle pain
  3. nausea, vomiting, or both
  4. diarrhea

The research appears in the journal Frontiers in Public Health. Doctoral candidate Joseph Larsen and his colleagues conducted the study in collaboration with faculty advisers Peter Kuhn and James Hicks, at the USC Michelson Center for Convergent Bioscience’s Convergent Science Institute in Cancer.

The COVID-19 pandemic, caused by the severe acute respiratory syndrome coronavirus 2 (SARS-CoV-2), has had a catastrophic global impact.

According to current data from Johns Hopkins University, there are now more than 23.9 million confirmed cases of COVID-19 globally and more than 820,000 recorded deaths.

Individuals infected with COVID-19 are highly infectious, demonstrating a rate two to three times more contagious than influenza. Also, as outbreaks of COVID-19 occur in clusters, early identification of the disease may reduce their number and size. However, experts are unable to define the initial symptoms accurately.

Improving treatment strategy for COVID-19

The researchers note that an improved understanding of how COVID-19 symptoms appear helps patients promptly seek care or decide to self-isolate.

This information may also help medical professionals identify patients with the disease, rule out other illnesses, and design appropriate treatments more quickly.

“Given that there are now better approaches to treatments for COVID-19, identifying patients earlier could reduce hospitalization time,” says Prof. Larsen, the study’s lead author, and a USC Dornsife professor.

Timing and symptoms differ for COVID-19

Fever and coughing are frequently associated with an assortment of respiratory illnesses, including influenzaSevere Acute Respiratory Syndrome (SARS), and Middle East Respiratory Syndrome (MERS).

To determine the order that COVID-19 symptoms appear, the researchers evaluated the rates of symptom incidence of 55,924 confirmed coronavirus cases in China. The World Health Organization (WHO) collected these cases between February 16 and February 24, 2020.

The researchers expanded their analysis with data from 1,099 cases collected by the China Medical Treatment Expert Group via the National Health Commission of China from December 11 to January 29, 2020.

Furthermore, to compare the order of COVID-19 symptoms to influenza, the team looked at the influenza dataset from 2,470 confirmed cases of mostly unvaccinated patients in Europe, North America, and the Southern Hemisphere that was reported to health authorities from 1994 to 1998.

The results revealed that in the three diseases studied caused by coronaviruses  COVID-19, SARS, and MERS  the most probable initial symptom is fever. By contrast, influenza initiates with coughing.

Additionally, although these diseases’ symptoms overlap with COVID-19, what distinguishes the novel coronavirus from them is the timing and symptoms in the upper and lower gastrointestinal tract.

“The upper GI tract (i.e., nausea/vomiting) seems to be affected before the lower GI tract (i.e., diarrhea) in COVID-19, which is the opposite from MERS and SARS,” the researchers wrote. In all diseases, the scientists observed that fever and coughing occur before nausea, vomiting, or both, and diarrhea.

“This order is especially important to know when we have overlapping cycles of illnesses like the flu that coincide with infections of COVID-19,” emphasizes senior author, Peter Kuhn, Professor of Biological Sciences and Professor of Medicine, Biomedical Engineering, and Aerospace & Mechanical Engineering at USC Dornsife.

“Doctors can determine what steps to take to care for the patient, and they may prevent the patient’s condition from worsening.”

Recommendations to slow the spread of COVID-19

The scientists recommend that personnel should test people for fever before they are allowed entry to facilities.

Furthermore, as public spaces start to reopen after the outbreak of the virus, they suggest physicians and other healthcare professionals should record the order of symptom occurrence in COVID-19 and other diseases as part of good clinical practice.

The researchers call for future studies to investigate different strains of COVID-19 and determine whether the onset of symptoms differs in specific strains.

The team also suggests that future research should determine whether risk factors, such as obesity and environmental factors, such as temperature, can affect symptom order. Prof. Larsen and colleagues conclude:

“To slow the spread of COVID-19, our results support the practice that fever should be tested before allowing entry to facilities and that those with fever should immediately seek medical attention for diagnosis and contact tracing. Such measures as these may help to reduce transmission despite the high contagion of SARS-CoV-2.”

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# Sleep Apnea

Postado em

Loud snoring leaving you feeling tired during the day? Learn what causes sleep apnea, how to recognize the symptoms, and what you can do to help yourself.

Young man in bed lies against his left shoulder, left arm extended towards us, mouth agape

What is sleep apnea?

Many people treat snoring as a joke or something to feel embarrassed about. But loud snoring—especially when accompanied by daytime fatigue—may be a sign of sleep apnea, a common but serious disorder in which breathing repeatedly stops and starts as you sleep. If you have sleep apnea, you’re probably not aware of these short breathing pauses that occur hundreds of times a night, jolting you out of your natural sleep rhythm. All you know is that you don’t feel as energetic, mentally sharp, or productive during the day as you should.

The most common type of sleep apnea—obstructive sleep apnea—occurs when the airway is blocked, causing pauses in breathing and loud snoring. Since sleep apnea only occurs while you’re sleeping, you may only discover you have a problem when a bed partner or roommate complains about your snoring. Though you may feel self-conscious about it or tempted to just make light of your snoring, it’s something you shouldn’t ignore. Sleep apnea can take a serious toll on your physical and emotional health.

The chronic sleep deprivation caused by sleep apnea can result in daytime sleepiness, slow reflexes, poor concentration, and an increased risk of accidents. Sleep apnea can cause moodiness, irritability, and even lead to depression. It can also result in other serious physical health problems such as diabetes, heart disease, liver problems, and weight gain. With the right treatment and self-help strategies, however, you can control your snoring and the symptoms of sleep apnea, get your sleep back on track, and feel refreshed and alert during the day.

Types of sleep apnea

Obstructive sleep apnea is the most common type of sleep apnea. It occurs when the soft tissue in the back of the throat relaxes during sleep and blocks the airway, often causing you to snore loudly.

Central sleep apnea is a much less common type of sleep apnea that involves the central nervous system, occurring when the brain fails to signal the muscles that control breathing. People with central sleep apnea seldom snore.

Complex sleep apnea is a combination of obstructive sleep apnea and central sleep apnea.

Signs and symptoms of sleep apnea

It can be tough to identify sleep apnea on your own, since the most prominent symptoms only occur when you’re asleep. But you can get around this difficulty by asking a bed partner to observe your sleep habits, or by recording yourself during sleep. If pauses occur while you snore, and if choking or gasping follows the pauses, these are major warning signs that you have sleep apnea.

Major warning signs

  • Loud and chronic snoring almost every night
  • Choking, snorting, or gasping during sleep
  • Pauses in breathing
  • Waking up at night feeling short of breath
  • Daytime sleepiness and fatigue, no matter how much time you spend in bed

Other warning signs

  • Waking up with a dry mouth or sore throat
  • Insomnia or nighttime awakenings; restless or fitful sleep
  • Going to the bathroom frequently during the night
  • Forgetfulness and difficulty concentrating
  • Uncharacteristic moodiness, irritability, or depression
  • Morning headaches
  • Impotence

Is it sleep apnea or just snoring?

Not everyone who snores has sleep apnea, and not everyone who has sleep apnea snores. So how do you tell the difference between normal snoring and a more serious case of sleep apnea?

The biggest telltale sign is how you feel during the day. Normal snoring doesn’t interfere with the quality of your sleep as much as sleep apnea does, so you’re less likely to suffer from extreme fatigue and sleepiness during the day.

Record yourself sleeping or ask your sleep partner to keep track of your snoring, noting how loud and frequent it is, and if you’re gasping, choking, or making other unusual sounds. Even if you don’t have sleep apnea, a snoring problem can get in the way of your bed partner’s rest and affect your own sleep quality and health. However, there are effective solutions to snoring.

See a doctor immediately if you suspect sleep apnea

Sleep apnea can be a potentially serious disorder, so contact a doctor immediately if you spot the warning signs. An official diagnosis of sleep apnea may require seeing a sleep specialist and taking a home- or clinic-based sleep test.

Sleep apnea causes

While anyone can have sleep apnea, you have a higher risk for obstructive sleep apnea if you’re:

  • Overweight, male, with a family history of sleep apnea
  • Over the age of 50, a smoker, affected by high blood pressure
  • Black, Hispanic, or a Pacific Islander
  • Someone with a neck circumference greater than 15.75 inches (40 cm)

Other physical attributes that put you at risk for obstructive sleep apnea include a deviated septum, receding chin, or enlarged tonsils or adenoids. Your airway may be blocked or narrowed during sleep simply because your throat muscles tend to relax more than normal. Allergies or other medical conditions that cause nasal congestion and blockage can also contribute to sleep apnea.

Central sleep apnea causes

Like obstructive sleep apnea, central sleep apnea is more common in males and people over the age of 65. However, unlike obstructive sleep apnea, central sleep apnea is often associated with serious illness, such as heart disease, stroke, neurological disease, or spinal or brainstem injury. The first step in treating central sleep apnea is to treat the existing medical conditions that are causing it.

Some people with obstructive sleep apnea can develop central sleep apnea when they’re being treated with positive airway pressure (PAP) devices.

Self-help treatments

While a diagnosis of sleep apnea can be scary, it is a treatable condition. In fact, there are many steps you can take on your own to help, particularly for mild to moderate sleep apnea. Home remedies and lifestyle modifications can go a long way in reducing sleep apnea symptoms. However, they should not replace medical evaluation and treatment.

Lifestyle changes to reduce sleep apnea symptoms

Lose weight. People who are overweight have extra tissue in the back of their throat, which can fall down over the airway and block the flow of air into the lungs while they sleep. Even a small amount of weight loss can open up your throat and improve sleep apnea symptoms.

Quit smoking. Smoking contributes to sleep apnea by increasing inflammation and fluid retention in your throat and upper airway.

Avoid alcohol, sleeping pills, and sedatives, especially before bedtime, because they relax the muscles in the throat and interfere with breathing.

Exercise regularly. As well as helping you lose weight, regular exercise can have a major effect on the duration and quality of sleep. Aerobic and resistance training can help reduce sleep apnea symptoms, while yoga is also good for strengthening the muscles in your airways and improving breathing.

Avoid caffeine and heavy meals within two hours of going to bed.

Maintain regular sleep hours. Sticking to a steady sleep schedule will help you relax and sleep better. Sleep apnea episodes decrease when you get plenty of sleep.

Bedtime tips for preventing sleep apnea

Sleep on your side. Avoid sleeping on your back which makes it more likely for your tongue and soft tissues to obstruct your airway. Some people only experience sleep apnea when sleeping on their back.

The tennis ball trick. To keep yourself from rolling onto your back while you sleep, sew a tennis ball into a pocket on the back of your pajama top. Or wedge a pillow stuffed with tennis balls behind your back.

Prop your head up. Elevate the head of your bed by four to six inches, or elevate your body from the waist up by using a foam wedge or special cervical pillow.

Open your nasal passages at night by using a nasal dilator, saline spray, breathing strips, or a nasal irrigation system (neti pot).

Tighten the muscles that keep the mouth closed. Try chewing gum or holding a pen between your teeth for about 10 minutes before bedtime, or until your jaw starts to ache.

Alternative remedies

Singing can increase muscle control in the throat and soft palate, reducing snoring and sleep apnea caused by lax muscles.

Playing the didgeridoo (native Australian wind instrument) can strengthen the soft palate and throat, reducing daytime sleepiness and snoring in people with moderate sleep apnea.

Throat exercises

Throat and tongue exercises may reduce the severity of sleep apnea by strengthening the muscles in the airway, making them less likely to collapse. It may take several weeks before you start to notice the benefits.

Try these exercises:

  • Press your tongue flat against the floor of your mouth and brush top and sides with a toothbrush. Repeat brushing movement five times, three times a day.
  • Press the length of your tongue to the roof of your mouth and hold for three minutes a day.
  • Place a finger into one side of your mouth. Hold the finger against your cheek while pulling the cheek muscle in at same time. Repeat 10 times, rest, and then alternate sides. Repeat this sequence three times.
  • Purse your lips as if to kiss. Hold your lips tightly together and move them up and to the right, then up and to the left 10 times. Repeat this sequence three times.
  • Place your lips on a balloon. Take a deep breath through your nose then blow out through your mouth to inflate the balloon as much as possible. Repeat five times without removing balloon from your mouth.
  • Gargle with water for five minutes, twice a day.
  • Lightly hold your tongue between your teeth. Swallow five times. Repeat this five times a day.

Sleep apnea treatment options

If your sleep apnea is moderate to severe, or you’ve tried self-help strategies and lifestyle changes without success, a sleep doctor may help you find an effective treatment. Treatment for sleep apnea has come a long way in recent times, so even if you were unhappy with sleep apnea treatment in the past, you may now find a method that works for you.

Treatments for central and complex sleep apnea usually include treating any underlying medical condition causing the apnea, such as a heart or neuromuscular disorder, and using supplemental oxygen and breathing devices while you sleep.

Treatment options for obstructive sleep apnea include:

  1. Continuous Positive Airflow Pressure (CPAP)
  2. Other breathing devices
  3. Oral appliances
  4. Implants
  5. Surgery

*Medications are only available to treat the sleepiness associated with sleep apnea, not the sleep apnea itself.

Option 1: CPAP

Continuous Positive Airflow Pressure (CPAP) is the most common treatment for moderate to severe obstructive sleep apnea. The CPAP device is a mask-like machine that covers your nose and mouth, providing a constant stream of air that keeps your breathing passages open while you sleep.

If you’ve given up on sleep apnea machines in the past because of discomfort, you owe it to yourself to give them a second look. CPAP technology is constantly being updated and improved, and the new CPAP devices are lighter, quieter, and more comfortable. In many cases, you’ll experience immediate symptom relief and a huge boost in your mental and physical energy.

CPAP tips and troubleshooting

It can take some time to get accustomed to sleeping while wearing a CPAP device. It’s natural to miss sleeping the “old way,” but there are things you can to do make the adjustment easier.

Make sure your CPAP device fits correctly. A correct fit makes a huge difference. Schedule regular appointments with your doctor to check the fit and evaluate your treatment progress.

Ease into it. Start by using your CPAP device for short periods. Use the “ramp” setting to gradually increase air pressure.

Customize the mask, tubing and straps for the right fit. Ask your doctor about soft pads to reduce skin irritation, nasal pillows for nose discomfort, and chinstraps to keep your mouth closed and reduce throat irritation.

Many CPAP devices now come with a built-in humidifier to decrease dryness and skin irritation. Try a special face moisturizer for dry skin.

Try a saline nasal spray or a nasal decongestant for nasal congestion.

Keep your mask, tubing and headgear clean. To ensure maximum comfort and benefit, replace CPAP and humidifier filters regularly and keep the unit clean.

Mask the sound of the CPAP machine. If the sound of the CPAP machine bothers you, place it beneath the bed to reduce the noise and use a sound machine to help you sleep.

Option 2: Other breathing devices

In addition to CPAP, there are other devices that a sleep specialist may recommend for sleep apnea treatment:

Expiratory positive airway pressure (EPAP) single-use devices fit over the nostrils to help keep the airway open and are smaller, less intrusive than CPAP machines. These may benefit people with mild-to-moderate obstructive sleep apnea.

Bilevel positive airway pressure (BiPAP or BPAP) devices can be used for those who are unable to adapt to using CPAP, or for central sleep apnea sufferers who need assistance for a weak breathing pattern. This device automatically adjusts the pressure while you’re sleeping, providing more pressure when you inhale, less when you exhale. Some BiPAP devices also automatically deliver a breath if the mask detects that you haven’t taken one for a certain number of seconds.

Adaptive servo-ventilation (ASV) devices can be used for treating central sleep apnea as well as obstructive sleep apnea. The ASV device stores information about your normal breathing pattern and automatically uses airflow pressure to prevent pauses in your breathing while you’re asleep.

Option 3: Oral appliances

Custom-made oral appliances are becoming an increasingly popular means of treatment as they offer numerous advantages over breathing devices. They’re quieter, more portable, and tend to be more comfortable. While there are many different oral appliances approved for sleep apnea treatment, most are either acrylic devices that fit inside your mouth, much like an athletic mouth guard, or fit around your head and chin to adjust the position of your lower jaw.

Two common oral devices are the mandibular advancement device and the tongue retaining device. These devices open your airway by bringing your lower jaw or your tongue forward during sleep.

Since there are so many different devices available, it may take some experimentation to find the appliance that works best for you. It’s also very important to get fitted by a dentist specializing in sleep apnea, and to see the dentist on a regular basis to monitor any problems and periodically adjust the mouthpiece. There are some potential side effects to oral appliances, including soreness, saliva build-up, and damage or permanent change in position of the jaw, teeth, and mouth. These could be more serious in poorly fitted devices.

Option 4: Sleep apnea implants

One of the newest treatments for sleep apnea involves the insertion of a pacemaker system that stimulates muscles to keep airways open so you can breathe during sleep. The new treatment has been approved by the FDA in the U.S. for people with moderate to severe obstructive sleep apnea.

Although the technology is relatively new (and expensive), studies suggest it may also benefit people with central sleep apnea.

Option 5: Surgery

If you have exhausted other sleep apnea treatment options, surgery can increase the size of your airway, thus reducing episodes of sleep apnea.

The surgeon may remove tonsils, adenoids, or excess tissue at the back of the throat or inside the nose, reconstruct the jaw to enlarge the upper airway, or implant plastic rods into the soft palate. Surgery carries risks of complications and infections, and in some rare cases, symptoms can become worse after surgery.

Sleep apnea in children

While obstructive sleep apnea can be common in children, it’s not always easy to recognize. In addition to continuous loud snoring, children with sleep apnea may:

  • Pause breathing while sleeping, snort, or gasp
  • Adopt strange sleeping positions
  • Suffer from bedwetting, excessive perspiration at night, or night terrors
  • Exhibit daytime sleepiness
  • Develop behavioral problems or declining grades

If you suspect sleep apnea in your child, it’s important to consult a pediatrician who specializes in sleep disorders. Left untreated, sleep apnea can affect your child’s learning, mood, growth, and overall health.

Causes and treatment for sleep apnea in children

The most common causes of obstructive sleep apnea in kids are enlarged tonsils and adenoids. A simple adenotonsillectomy to remove the tonsils and adenoids usually corrects the problem. Your child’s doctor may also recommend using a CPAP or other breathing device.

If excess weight is causing your child’s obstructive sleep apnea, your support, encouragement, and positive role modeling can help your child reach and maintain a healthy weight—and get your whole family on a healthier track.

Authors: Melinda Smith, M.A., Lawrence Robinson, and Robert Segal, M.A. Last updated: June 2019.

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