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#COVID-19: ¿la #ansiedad, la #depresión, el #enojo y las #adicciones pueden “boicotear” el #distanciamiento social?

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BUENOS AIRES, ARG. Niveles más altos de estrés, ansiedad, depresión, ira o adicciones no solo son consecuencia esperable de la pandemia de COVID-19, de los confinamientos prolongados y de la preocupación económica, sino que también podrían ser un factor que conspira contra el sostenimiento del distanciamiento social y otras medidas de salud pública necesarias para evitar un desborde de los casos, temen algunos expertos.

Si esto se comprobara, las intervenciones oportunas de profesionales de salud mental y las estrategias para preservar el estado psíquico y anímico deberían considerarse un pilar central para apuntalar y sostener las estrategias de contención de la pandemia, en un contexto en el cual no se descartan segundas olas o brotes recurrentes durante los próximos años.

Dr. Benjamin Oosterhoff

“Basado en lo que sabemos sobre el desarrollo humano y la salud mental, podría ocurrir que la salud mental deficiente tenga efectos (negativos) en el distanciamiento social”, comentó a Medscape en español Benjamin Oosterhoff, Ph. D., profesor asociado del Departamento de Psicología de la Montana State University en Bozeman, Estados Unidos.

“Reconocemos que en tiempos de cuarentena, donde hay que pasar un tiempo dentro de casa, donde quizá los niños no puedan salir a jugar, estas situaciones sean el vehículo para desatar ansiedad, depresiones y enojos”, manifestó a Medscape en español el Dr. Marcos Espinal, director del Departamento de Enfermedades Transmisibles y Determinantes Ambientales de la Salud de la Organización Panamericana de la Salud.

Analía Pesl

La psicóloga Analía Pesl, integrante de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo, no tiene dudas: “Respetar las medidas de salud pública que nos impusieron, que no están naturalizadas, exige una conciencia plena y disponible. Quienes atraviesan un estado de angustia, estrés o preocupación excesiva por otros motivos, podrían poner en segundo plano estas medidas de cuidado que ahora nos resultan novedosas”, señaló Pesl a Medscape en español.

El abuso de alcohol y de sustancias ilícitas también puede alterar el estado de conciencia y la percepción de riesgo.

Los consumidores “pueden tener una mala apreciación de los riesgos y actuar imprudentemente. Por ejemplo, si necesitan evitar el síndrome de abstinencia y tienen la urgencia de conseguir la sustancia psicoactiva, pueden incumplir la cuarentena o adoptar otras medidas imprudentes para sí mismos y para terceros”, explicó a Medscape en español Ernesto González, Ph. D., director de la Diplomatura en Prevención Laboral de Adicciones de la Facultad de Medicina de la Fundación Barceló en Buenos Aires, Argentina.

Las distintas caras del miedo

Diversos estudios y especialistas ya documentaron o advirtieron sobre el aumento de padecimientos psíquicos derivados del estrés de la pandemia: el miedo al contagio, la incertidumbre, y los temores por la caída de la actividad económica. En abril psiquiatras definieron a COVID-19 como un evento traumático, y anticiparon una pandemia inevitable de enfermedades mentales y trastornos del comportamiento.

En Argentina, por ejemplo, un estudio reciente del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires constató que durante dos meses y medio de cuarentena crecieron sobre todo el miedo y la depresión, con 30% de participantes que ve con desesperanza su futuro.[1]

Sin embargo, hay menos evidencia en cuanto a la manera en que esos malestares psicológicos y emociones impactan sobre la motivación de la población a respetar el distanciamiento social y otras medidas de salud pública, como el uso de mascarillas o el lavado de manos.

En estudios de laboratorio, Oosterhoff está evaluando distintas variables de la relación entre parámetros psicológicos y distanciamiento social. “Estamos encontrando más evidencia de que las medidas de distanciamiento social preceden a los trastornos de la salud mental, pero eso no significa que la relación no pueda operar también en sentido inverso. La mayoría de las veces la conexiones entre experiencias sociales y la salud mental son dinámicas y se retroalimentan. Yo esperaría que este fuera el caso”, dijo.

Para el Dr. Marcelo Cetkovich, director del Departamento de Psiquiatría de INECO, en Buenos Aires, y vicepresidente de la Asociación Argentina de Psiquiatras, se podría pensar que después de tantos meses de cuarentena la gente está llegando a una fase de “extenuación” y eso podría favorecer una falla del control inhibitorio y la tendencia a cuidarse menos.

Sin embargo, por otro lado, señaló que el repunte de casos y conocer personas del propio círculo social que empiezan a contagiarse opera también como un llamado de atención y vuelve a activar las barreras de la precaución. “Funciona como una alerta. El miedo es una respuesta fisiológica de defensa que puede servir para guardarnos más. No hay que hacer un anatema del miedo”, señaló el Dr. Cetkovich a Medscape en español.

De hecho, autores han considerado funcional al miedo para persuadir a las personas a quedarse en casa o restringir sus movimientos.[2] Sin embargo, también podría jugar en contra.

“Una de las cosas más difíciles es predecir es cómo actúan las personas en un contexto de fuerte emoción. Las emociones fuertes pueden llevar a cuidarnos, o por el contrario, disparar conductas disfuncionales (desaprensión, negación) que aumentan el riesgo de contagio y transmisión”, señaló Fernando Torrente, Ph. D., director del Departamento de Psicoterapia Cognitiva de INECO, durante una exposición en el Forbes Healthcare Week.[3]

“Hay que tener plena conciencia de lo que está sucediendo y de lo que hay que hacer”

Ante este escenario, los especialistas consideran urgente prestar atención tanto a la dimensión psíquica y emocional de la población como a la circulación del virus.

“La salud psíquica es una herramienta fundamental para que las propuestas de confinamiento y distanciamiento social funcionen. Hay que tener plena conciencia de lo que está sucediendo y de lo que hay que hacer, así como la voluntad y la empatía para pensar en uno y en cómo pueden afectar las propias acciones a otras personas”, destacó la psicóloga Pesl.

El Dr. Espinal, de la Organización Panamericana de la Salud, enfatizó la necesidad de reforzar y facilitar el acceso a servicios de conserjería, psicología, psiquiatría y trabajo social, para aconsejar a las personas y abordar de manera precoz cualquier cuadro que amerite intervenciones.

También recomendó a la población que adopte conductas para preservar la salud mental durante los confinamientos: “Por ejemplo, reducir la exposición a noticias, leer un libro, hablar con familiares (vía internet), distraerse, o hacer pausas en el trabajo”, detalló.

En tanto, otros expertos proponen abordajes multidisciplinarios que no se enfoquen solo en la enfermedad y en el trastorno, y que fortalezcan la respuesta social ante futuros rebrotes o nuevas pandemias.

“En mi opinión, COVID-19 ha resaltado la necesidad de construir comunidades más resilientes. Los jóvenes que valoran la responsabilidad social, que confían en otros o priorizan al prójimo por sobre uno mismo van a ser más propensos a guardar el distanciamiento social, desinfectarse mejor o evitar el acaparamiento de productos”, concluyó Oosterhoff.

Pesl, Oosterhoff, González y Cetkovich han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

#‘Tecnoestrés’: cuando la #ansiedad llama al #móvil

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La dependencia excesiva de las nuevas tecnologías hace que las personas que la sufren se aíslen de su entorno, tengan problemas de sueño y rindan menos.

El 'tecnoestrés' puede aparecer a cualquier edad.
El ‘tecnoestrés’ puede aparecer a cualquier edad.

Casi tres de cada diez españoles afirman que el móvil, la tablet, el correo electrónico y las redes sociales aumentan su nivel de estrés, según el VII Estudio CinfaSalud: Percepción y hábitos de la población española en torno al estrés. Si, además, estos dispositivos se vinculan con el trabajo aparece un tipo de estrés conocido como tecnoestrés.

Julio Maset, médico de Cinfa, insiste en que este problema puede aparecer a cualquier edad; de hecho, “es cada vez más frecuente entre los jóvenes de 18 a 34 años, afectando a un 30,9% frente a la media, que se sitúa en el 28,3%”.

Con independencia del grupo etario, el tecnoestrés se caracteriza por una dependencia excesiva de estos dispositivos. “Pasan de ser una herramienta a ser un fin, invadiendo el tiempo de ocio y descanso”, especifica el experto. Quienes lo sufren presentan también “déficit de sueño por estar conectados demasiado tiempo”, “aislamiento social” y ven alterado su desempeño en el colegio o el trabajo, añade.

Buenos hábitos de vida

En su opinión, la primera medida para combatir este trastorno es recurrir a los hábitos de vida saludable, entre ellos, llevar una “alimentación adecuada, un horario de sueño suficiente, incrementar el contacto social y familiar y, sobre todo, practicar deporte”. Ahora bien, “si todo esto no es suficiente o el impacto en las actividades cotidianas comienza a ser excesivo o difícil de controlar, recurrir a un psicólogo sería lo adecuado”, advierte Maset. Y es que, “esperar puede llevar a que el estrés sea más profundo y la motivación para querer salir de él, menor”.

En el caso de los jóvenes, “la prohibición (salvo en casos muy agudos y con recomendación de psicólogo o psiquiatra) no parece ser la vía adecuada”, por lo que recurrir al refuerzo positivo tiene mejores resultados, según el portavoz de Cinfa. “Prohibir su uso en determinadas horas –ejemplifica– será menos efectivo que plantear una alternativa en ese mismo tiempo, como deporte en grupo, actividades lúdicas o de ocio en familia y que resulten tanto o más atractivas que el móvil o la tablet”.

Evitar incluirlos en el ocio diario

A su juicio, “los controles parentales son adecuados siempre que se trate de un menor de edad o que el joven lo acepte como vía para conocer sus hábitos e introducir consejos, pero lo ideal es que aprendan a planificar su tiempo libre con actividades que no incluyan el uso de estos dispositivos”. Se trata de que el dispositivo no se use por mero aburrimiento sino como una herramienta.

Además de dar consejos sobre hábitos saludables, con el paciente ya tratado por un especialista, el farmacéutico “debe llevar a cabo un seguimiento farmacoterapéutico para asegurarse de la adherencia al tratamiento, detectar posibles interacciones o efectos secundarios y aclarar dudas”, defiende Maset.

Tome nota

1. Planificar la agenda del día, sin sobrecargarla y gestionando los imprevistos con flexibilidad.

2. Desconectar el móvil durante el tiempo de ocio y, fuera del trabajo, no enviar correos a compañeros.

3. Usar líneas de teléfono o aparatos diferentes para el trabajo y para uso particular.

4. Hacer cursos que ayuden a usar bien la tecnología. Esto contribuirá a reducir la ansiedad.

5. Practicar técnicas de autocontrol (relajación, meditación, mindfulness, yoga…).

6. Hacer deporte  reduce la intensidad del estrés y ayuda a que los episodios duren menos.

#Aplica la atención plena para desconectarte de las #redes sociales y volver a conectarte contigo

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Conoce cómo el mindfulness puede ayudarte a reducir la ansiedad y el estrés que se generan con el exceso de conexión a las redes sociales.

Victoria Mortimer

En los últimos años, se ha hablado mucho sobre el mindfulness o atención plena, el arte de prestar atención a lo que nos rodea de manera consciente. Hoy, esta práctica sirve como una especie de “antídoto” ante el ritmo de vida atareado y estresante que llevamos, en parte, por el uso de las redes sociales.

Desde que su aparición a mediados de los 90, la ansiedad social como fenómeno global fue en aumento. Según un estudio de la Royal Society for Public Health de Inglaterra, el boom de las redes sociales está asociado con un incremento de la ansiedad, depresión y alteración del sueño.

Esto se debe a que trajeron aparejados dos fenómenos. Uno es el síndrome o complejo del like me, que se da cuando las personas se vuelven dependientes del número de “me gusta” que reciben en las redes sociales. El otro es el FOMO (Fear of Missing Out, por sus siglas en inglés) o el miedo a perderse de algo, que describe la necesidad de estar siempre conectados.

Una mujer usando su celular frente a su computadora

Un estudio publicado en el Diario Americano de Medicina Preventiva evaluó a usuarios de 11 redes sociales distintas y concluyó que, a mayor uso de las redes, mayor es el sentimiento de aislamiento en una persona. Esto, a su vez, genera baja autoestima, ansiedad y depresión, que llevan al usuario a querer seguir conectado para no enfrentar el mundo de afuera.

Esta sobreconexión virtual lleva no solo al aislamiento, sino también a desconectarnos de nosotros mismos. Y allí es donde aparece el mindfulness para llevarnos nuevamente a un estado de pleno contacto con nuestro cuerpo, nuestra mente y lo que está sucediendo a nuestro alrededor.

Beneficios de practicar mindfulness

  • Disminuye la ansiedad y el estrés
  • Mejora el sueño
  • Aumenta la creatividad
  • Mejora la concentración

Cómo aplicarlo en el día a día

Te compartimos algunas recomendaciones de la práctica del mindfulness para desconectarte de las redes sociales y volver a conectar contigo mismo:

RESPIRAR

Empieza por respirar un par de veces cada vez que vayas a sumergirte en una pantalla; hazlo de modo consciente y no por inercia.

VIVE EL MOMENTO REAL

Recuerda que las historias de Instagram pueden esperar, pero el momento único de tu vida en el que te encuentras, no. La felicidad se alacanza a través de los pequeños momentos.

¿PARA QUÉ?

Pregúntate de vez en cuándo “¿para qué?” y si hay algo más que podrías estar haciendo en ese momento. También ayuda tener un registro del uso que haces de las tecnologías, identificando en qué situaciones recurres a ellas.

#La #ansiedad: la enfermedad tabú de la que nadie habla

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Según la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), las personas llegan a sufrir alguna vez en la vida algún trastorno de ansiedad.

Paciente con ansiedad. (Foto. Rawpixel)
Paciente con ansiedad. (Foto. Rawpixel)

La Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS) define la ansiedad como una emoción natural que comprende las reacciones que tienen los seres humanos ante la amenaza de un resultado negativo o incierto. Este tipo de reacciones, se producen ante los exámenes, al sentirse evaluados o ante cualquier situación que nos resulte amenazante.

Antonio Cano Vindel, presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS) alerta de que “los problemas de estrés están aumentando a lo largo del tiempo. Esto en principio no es patológico pero si vamos sumando y sumando puede llegar a serlo”.

“La tecnología no nos deja desconectar”

De cierta manera, la ansiedad está ligada al estrés. El organismo se activa, a veces de forma demasiado intensa, se pueden producir consecuencias negativas a tres niveles: disminución del rendimiento, problemas de salud física y problemas de salud mental.

Antonio Cano Vindel (Foto Interior)Cano Vindel pone un ejemplo. “Una persona que trabaja seis horas, tiene menos estrés que una que trabaja ocho. La gestión de su estrés y su ansiedad será diferente. El problema añadido ahora, en la era digital es que las tecnologías no nos dejan desconectar. Podemos trabajar en cualquier lugar, por la noche, en vacaciones, desde casa… No hay que olvidarse del descanso”, reconoce este catedrático de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid.

Según la OMS, alrededor de 260 millones de personas en el mundo sufrieron trastornos asociados a esta emoción en 2017. El Consejo General de Psicología de España estima que nueve de cada 10 españoles la padecieron durante ese mismo año. Según la SEAS, más de un 15% de la población general llega a sufrir alguna vez a lo largo de su vida algún trastorno de ansiedad, que consiste en una serie de reacciones (a nivel cognitivo, fisiológico y motor) demasiado intensas, o demasiado frecuentes, o simplemente poco ajustadas a la situación en que se encuentra el individuo. Estas manifestaciones llegan a ser patológicas en muchos casos, dificultando la vida normal  de estas personas, o haciéndoles sentir experiencias muy desagradables en algunas situaciones.

Los trastornos de ansiedad que recoge la DSM-IV, una clasificación internacional de trastornos mentales, son: ataques de pánico (crisis de ansiedad o crisis de angustia), agorafobia, fobia específica, fobia social, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno por estrés postraumático, trastorno por estrés agudo, trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de ansiedad debido a enfermedad médica, trastorno de ansiedad inducido por sustancias o el trastorno de ansiedad no especificado.

EL ACOSO Y LA ANSIEDAD

Ligada a la ansiedad estaría también el acoso. “A veces”, explica Cano Vindel, “surgen problemas en la vida, como por ejemplo el bullying a un niño en el colegio. No se es consciente de hasta punto se pueden producir problemas a largo plazo. Hay personas que 40 años después sufren las consecuencias de esos hechos, que lo han arrastrado toda su vida”.

Otro móvil, por ejemplo puede ser el acoso laboral. “Un grupo de compañeros se pueden aliar contra un individuo. A lo mejor lo hacen por gracia, por diversión. Evidentamente, esto le va a afectar a la salud de esta persona, llegando a provocar el suicidio”. Aquí, el presidente de la SEAS, se ha referido también al trágico suceso de la mujer de 32 años, trabajadora de Iveco, que se quitó la vida el pasado mes de mayo tras llegar a sus compañeros un vídeo de carácter sexual que había difundido su antigua pareja.

En este sentido, alerta de que este tipo de comportamientos que se realizan en el entorno laboral “sin llegar a medir las consecuencias” son un fuerte factor detonante para que las personas afectadas sufran problemas de salud mental.

#El #acoso escolar necesita protocolos como los de #violencia de género

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Las secuelas del ‘bullying’ y del ‘mobbing’, que incluyen depresión y ansiedad, entre diversos trastornos psiquiátricos, también provocan cambios en la estructura y función cerebrales.

Se estima que en España habría unos 1.000 niños y adolescentes que sufren agresiones físicas o amenazas en la escuela.

Tanto el acoso escolar como el acoso laboral tienen una relación bidireccional con la depresión. Las personas depresivas son carne de cañón para ser acosadas y, por otro lado, el acoso termina provocando síntomas depresivos en las víctimas. Es la pescadilla que se muerde la cola, un mecanismo que sólo podrá interrumpirse, o al menos paliarse, con medidas de prevención e intervenciones en centros escolares y de trabajo. Aunque sean fenómenos diferentes, quienes han sido acosados en la escuela tienen mayor riesgo de serlo en el entorno laboral.
“Diversos estudios longitudinales muestran que el riesgo de acoso se mantiene en algunas personas a lo largo de la vida por el hecho de ser distintos, lo que les hace más vulnerables tanto en la niñez como en la edad adulta”, explica Celso Arango, director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental (IPSMarañón) del Hospital Gregorio Marañón, en Madrid, y catedrático de la Universidad Complutense.

Durante su intervención en el XVIII Seminario Lundbeck, sobre La huella del acoso en la salud mental, Arango ha dicho que estamos ante “un problema de salud pública, por carga y por prevalencia, y habría que visibilizarlo, hablarlo, como se está haciendo con las víctimas de violencia de género o de accidentes de tráfico”. Defiende la implantación de una estrategia nacional de prevención del acoso escolar porque en España habría unos 1.000 niños y adolescentes que sufren agresiones físicas o amenazas en la escuela que les llevan a cuadros de ansiedad, depresión e incluso suicidio.

En el llamado bullying se da un comportamiento agresivo (en chicos suele ser físico, verbal y relacional, mientras que en chicas se asocia más con el aislamiento por parte de otros escolares) de forma repetida por parte de un individuo o de un grupo, siempre entre iguales, entre los que se crea un desequilibrio o desproporción de poder. El acosado es carne de cañón por “ser diferente”, bien en lo físico, en lo psíquico o en actitudes peculiares. Las diferencias que implican mayor riesgo son ser inmigrante, tener alguna discapacidad o enfermedad crónica, tener sobrepeso u obesidad, el desempleo parental o una orientación sexual incongruente.

Rosa Gutiérrez: “El mobbing no es estrés laboral: implica deseo de socavar la personalidad del acosado” 

Arango advierte de que hay que tratar tanto a la víctima como al que lo acosa. “Hay que trabajar con todos porque el acosador a veces lleva detrás una patología mental, mucho sufrimiento, abuso físico o maltrato en su entorno familiar. Y no basta con un cambio de colegio porque detrás puede haber psicopatología”.

Los efectos en el acosado pueden resumirse en aumento de depresión y ansiedad, de problemas físicos y trastornos psicosomáticos, así como de experiencias psicóticas y riesgo aumentado de autolesión y suicidio. Pero además de daños en salud mental se percibe peor calidad de vida, con aumento de enfermedades orgánicas (obesidad, diabetes…), peores resultados académicos y mayor abandono escolar.

El psiquiatra recalca que la relación entre el bullying y la depresión es muy evidente y que la posibilidad de trastorno psicótico se multiplica hasta seis veces a corto/medio plazo y también puede tener consecuencias para toda la vida. Hay un estudio sobre secuelas 40 años después del acoso.

En estudios neurobiológicos se observan cambios cerebrales estructurales y funcionales, desregulación del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal, cambios epigenéticos en el transportador de serotonina, acortamiento acelerado de telómeros (indicador indirecto de menor esperanza de vida) y aumento de la inflamación, junto a los estilos cognitivos depresivos.

No es estrés laboral

El acoso en el trabajo afecta de forma similar en la edad adulta, pero tiene sus notas distintivas. “No es estrés laboral, ni burnout, ni siquiera el ejercicio arbitrario del poder empresarial, porque requiere una intención de socavar la personalidad del trabajador”, aclara Rosa Gutiérrez, jefa del Servicio de Salud Mental de Alcobendas (Madrid), del Hospital Infanta Sofía.

El llamado mobbing no se da solo entre iguales. En un 68% viene de los jefes; en el 18% de los compañeros, y hasta un 12%, de los subordinados. “No estamos preparados para ser dañados sin motivo”, asegura la psiquiatra, lamentando que pocos trabajadores acosados, un 10%, pidan ayuda ante los primeros síntomas clínicos de cefaleas o insomnio.

Gutiérrez ha recalcado el papel de los médicos de empresa para detectar la depresión y favorecer la recuperación funcional hasta la remisión completa. “Es primordial detectar los síntomas precoces de la depresión pero también los síntomas residuales, que se mantienen ante una mejoría inicial y pueden dificultar el trabajo”. De hecho la baja asertividad, falta de confianza en sí mismo y una tendencia a la autojustificación repercuten en la vida laboral del acosado, con conductas de absentismo y presentismo.

Un hilo invisible que une cuadros depresivos

Prevenir el acoso escolar es de alguna forma prevenir el acoso laboral, ambos fenómenos están estrechamente ligados por un hilo invisible que puede sostener cuadros depresivos durante décadas si no se actúa en estadios iniciales. “Es fundamental que exista un plan de prevención de acoso en las escuelas, lo mismo que hay extintores o un plan de seguridad”, comenta Celso Arango, director del IPSMarañón, recalcando que el acoso está muy ligado a la educación y los valores recibidos en la infancia. De hecho, se ha demostrado que el acoso escolar es menor en familias que cenan juntas.

Según el psiquiatra, hay estrategias eficaces y coste-eficientes para prevenir el acoso escolar que lo reducirían en un 20%. Y aunque las actuaciones principales deben hacerse a nivel escolar y comunitario, apela a las familias y a los profesionales de la salud para que también ejerzan la prevención, detección precoz y promoción de la resiliencia en niños y adolescentes.

“En todos los colegios hay que estimular la tolerancia cero a la violencia y el respeto a la diversidad, el entrenamiento en habilidades sociales y la empatía, el aprendizaje colaborativo… Y como prevención secundaria, la detección y cese precoz de acoso y el manejo de dificultades y síntomas específicos”, reitera Arango, que apunta a reducir la patología psiquiátrica previa en menores como estrategia prioritaria, aunque matiza que “no es compatible con que haya listas de espera de cinco o seis meses para un niño con depresión”.

#El #uso del móvil causa #pérdida de sueño, #ansiedad y disminución de la #capacidad productiva (Front Psychiatry)

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El uso del teléfono móvil puede tener efectos negativos en la salud de sus usuarios, como pérdida de sueño, ansiedad, disminución de la capacidad productiva, mayor riesgo en la conducción y otras dolencias, según un estudio realizado por la Universidad Tecnológica de Queensland (Australia) y publicado en Frontiers in Psychiatry.

Para este proyecto se ha analizado una muestra de 709 usuarios de smartphones en Australia de entre 18 y 83 años en 2018, a los que se les ha formulado preguntas similares a las de una encuesta de 2005.

Los resultados de este estudio, liderado por Oscar Oviedo-Trespalacios, muestran que aproximadamente el 24% de las mujeres y el 15% de los hombres pueden ser clasificados como “usuarios problemáticos de móviles”. Entre los encuestados de 18 y 24 años el número asciende a 40,9%, y disminuye a un 23,5% entre 25 y 29 años.

A los participantes también se les preguntó sobre sus hábitos al conducir, lo que permitió a los investigadores conocer el uso del teléfono como problema fuera y dentro de la carretera.

Algunos de los hallazgos claves de esta encuesta destacan que una de cada cinco mujeres (19,5%) y uno de cada ocho hombres (11,8%) han culpado al uso del móvil de la pérdida de sueño. El 12,6% de los hombres ha asegurado que su productividad ha caído, frente al 14% de las mujeres.

En este contexto, el 54,9% de las mujeres y el 41,6 de los hombres han explicado que sería difícil ponerse en contacto con sus amigos si no tuviesen móvil, al igual que una de cuatro mujeres y uno de cada seis hombres ha afirmado que prefiere pasar más tiempo con su teléfono móvil que lidiar con problemas más importantes.

“Nuestra encuesta ha encontrado que la intrusión de los móviles en la vida cotidiana ha aumentado tanto en hombres como mujeres de todas las edades. Estos hallazgos suponen que los móviles afectan de manera importante a la falta de sueño y al aumento del abandono de las responsabilidades”, explica Oviedo-Trespalacios.

Además, este especialista asegura que Australia tiene una de las tasas más altas de uso de teléfonos móviles, con un 88% de adultos que poseen un smartphone. A nivel mundial, se estima que existan 2,5 millones de usuarios de teléfonos inteligentes solo en este año.

#Los #adolescentes con #rinitis alérgica tienen mayores tasas de #ansiedad y #depresión (Ann Allergy Asthma Immunol)

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  • Noticias Médicas

Los adolescentes con rinitis alérgica presentan mayores tasas de ansiedad y depresión, según un estudio llevado a cabo por el Colegio Americano de Alergia, Asma e Inmunología (ACAAI), publicado en Annals of Allergy, Asthma and Immunology.

Para llevar a cabo el trabajo, los científicos analizaron 25 estudios sobre los efectos de la rinitis alérgica y rinitis alérgica con alergias oculares en adolescentes (10-17 años), estudiando los síntomas, el impacto en las actividades diarias, los aspectos emocionales, el impacto sobre el sueño, la carga educativa y de tratamiento.

En este sentido, los resultados mostraron que la fiebre del heno, con o sin alergias oculares, puede afectar negativamente a aspectos de la vida diaria, como por ejemplo conducir o leer, y, además, puede perjudicar la función psicológica.

#Los principios activos del #azafrán atenúan los síntomas de #depresión, #ansiedad y #fobia social en #adolescentes (J Affect Disorders)

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  • Noticias Médicas

Los principios activos del azafrán atenúan los síntomas de depresión, ansiedad y fobia social en adolescentes de entre 12 y 16 años de edad, según ha puesto de manifiesto un trabajo realizado por científicos de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), en colaboración con la Universidad de Murdoch, Australia, y la empresa Pharmactive Biotech.

Los resultados, publicados en el Journal of Affective Disorders, muestran que la administración durante ocho semanas de un nutracéutico registrado por Pharmactive Biotech con el nombre de Affron alivia los síntomas de la ansiedad y depresión en adolescentes de 12 a 16 años de edad.

En concreto, el grupo tratadp con el extracto mostró de media un 33% de reducción total de los síntomas, comparado con el 17% de mejora del grupo placebo. Por otro lado, un 37% de los jóvenes experimentaron una reducción significativa de los síntomas, comparado con el 11% de los jóvenes del grupo placebo.

Asimismo, tal y como han explicado los investigadores, desde la perspectiva de los padres se obtuvieron diferencias significativas en la reducción de los síntomas del grupo tratado con el extracto natural, comparando con placebo durante el tiempo de tratamiento: mejoras del 40% y 26%, respectivamente.

Los principios activos del azafrán, denominados lepticrosalides, han sido descritos por varios autores. Son inhibidores de la recaptación de neurotransmisores relacionados con el estado de ánimo, principalmente serotonina, dopamina y noradrenalina.

De hecho, se ha observado que las personas que sufren de depresión presentan un elevado estrés oxidativo, por lo que la ingesta de antioxidantes externos puede ayudar a prevenir los síntomas relacionados con la depresión.

#La #cafeína empeora la #ansiedad y la #neofobia en #Alzheimer

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Un estudio en ratones cuestiona los potenciales beneficios neuroprotectores de la sustancia.

Café

Autor: DM

Un estudio coordinado por el Instituto de Neurociencias de la Universidad Autónoma de Barcelona (INc-UAB) en colaboración con el Instituto Karolinska de Suecia (KI) constata que un consumo continuado de cafeína tiene efectos negativos en la enfermedad de Alzheimer, empeorando los síntomas neuropsiquiátricos. El trabajo se publica en Frontiers in Pharmacology.

Los problemas cognitivos y de memoria son la característica principal de enfermedad de Alzheimer, pero esta demencia se caracteriza también por los síntomas neuropsiquiátricos, bastante presentes ya en las primeras etapas de la patología. Agrupados bajo el nombre de síntomas conductuales y psicológicos de la demencia (BPSD, según sus siglas en inglés), comprenden ansiedad, apatía, depresión, alucinaciones, paranoia y síndrome del atardecer, entre otros.

Función protectora

Por otro lado, la cafeína ha sido propuesta como un agente cognitivo beneficioso, tanto en la enfermedad de Alzheimer como en el envejecimiento normal, por su acción en el bloqueo de unas moléculas -receptores de adenosina- que provocan disfunciones y enfermedades en la vejez. Aun así, hay estudios que sugieren que puede ejercer el efecto contrario una vez desarrollados los síntomas cognitivos y los BPSD.

Para ahondar en estas cuestiones, el estudio se llevó a cabo en ratones con envejecimiento normal y en modelos de Alzheimer familiar. “Estos ratones desarrollan la enfermedad de manera muy parecida a los humanos afectados por esta forma patológica temprana y presentan no solo los típicos problemas cognitivos, sino también los BPSD. Por eso, son un modelo válido para comprobar si los beneficios de la cafeína son capaces de compensarlos”, explica Raquel Baeta-Corral, primera autora de la investigación.

Receptores de la adenosina

“Previamente ya demostramos la importancia de unos de los receptores de la adenosina, la A1, como responsable de algunos de los efectos adversos de la cafeína. Ahora, hemos administrado una dosis baja de esta sustancia (0,3 mg/ml), equivalente al consumo de tres tazas diarias en humanos, para responder a una cuestión que es relevante para los afectados de Alzheimer y también para la población que envejece sin la enfermedad y que llevaría años resolver al tener que esperar hasta que los pacientes fueran mayores”, señala Björn Johansson, investigador y médico del Hospital Universitario del Karolinska. El estudio se realizó desde los estadios iniciales de la enfermedad hasta las fases más avanzadas, así como a las mismas edades en los ratones sanos.

Los resultados indican que la cafeína altera el comportamiento de los animales sanos y empeora los síntomas neuropsiquiátricos en los animales con Alzheimer. Los investigadores han hallado que influye significativamente en la mayoría de variables estudiadas, especialmente en las relacionadas con el miedo a la novedad -neofobia-, las conductas asociadas a la ansiedad y la capacidad de adaptación frente a emociones y situaciones diversas.

En los ratones con la enfermedad, el aumento de la neofobia y las conductas de ansiedad agravan los BPSD. La cafeína tampoco les beneficia en el aprendizaje y la memoria, al ser dos aspectos muy influenciados por la ansiedad.

“La observación de estos efectos adversos, junto con evidencias clínicas previas, sugiere que la intensificación de los BPSD puede interferir parcialmente con los efectos cognitivos beneficiosos de la cafeína. Son resultados relevantes cuando se está proponiendo el desarrollo de potenciales tratamientos derivados de esta sustancia para la demencia“, indica Lydia Giménez-Llort, investigadora del Departamento de Psiquiatría y de Medicina Legal y del INC de la UAB, coordinadora del estudio.

#La #realidad virtual puede reducir la #ansiedad de los #pacientes quirúrgicos

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BARCELONA, ESP. La realidad virtual es una herramienta útil para reducir la ansiedad que produce en algunos pacientes el hecho de entrar en un quirófano para someterse a alguna intervención quirúrgica, según resultados de un estudio piloto que ha hecho públicos el Hospital Clínic de Barcelona.

Izq. a der.: Rodrigo Menchaca, Dra. Carol González, Enf. Patricia Vilares, Natalia Rodríguez, Dr. Antonio de Lacy (centro con el dispositivo de realidad virtual), Dr. Eduardo Villegas, Dr. Jaume Balust, Hugo de Lacy y Dr. Julio Jiménez

La aplicación VR Pacients, desarrollada por la plataforma educativa AIS Channel, permite recrear de forma inmersiva muchas de las situaciones que deben afrontar estos pacientes quirúrgicos con ayuda de unas gafas que se adaptan al teléfono móvil (tanto Android, como iOS), y que facilitan la exposición gradual a estas experiencias desde la comodidad del hogar, comentó a Medscape en Español el Dr. Antonio De Lacy, impulsor de este proyecto, jefe del Servicio de Cirugía Gastrointestinal, y uno de los principales referentes internacionales en este campo de la medicina.

La inspiración de este proyecto radica en la importancia de la tecnología en la actualidad, comentan a Medscape en Español el Dr. Eduardo Villegas y el Dr. Julio Jiménez Lillo, cirujanos y parte del equipo de investigación del Dr. De Lacy en el Hospital Clínic. Además, el conjuntar la medicina con la realidad virtual permite la presentación de escenas u objetos de apariencia real, generando a través de la tecnología una sensación de estar inmerso en dicho entorno.

Menor ansiedad y menos complicaciones con un entorno virtual

La ansiedad preoperatoria conlleva un aumento en las complicaciones perioperatorias relacionadas con la exposición al estrés (como taquicardias, arritmias, presión arterial elevada, y trastorno de estrés postraumático), así como con un mayor índice de hospitalización, y una menor satisfacción de los pacientes.

De acuerdo con el Dr. De Lacy, la incidencia de este trastorno en los pacientes de cirugía electiva se sitúa entre 60% y 76% de los casos. “La ansiedad es una respuesta protectora que puede estar motivada por aspectos como la anticipación del dolor, la idea de separación de la familia, la pérdida de la independencia, el temor al procedimiento quirúrgico o a sus complicaciones, e incluso, el miedo a morir”.

El Dr. Villegas agregó: “Es por esto que decidimos, mediante realidad virtual, exponer al paciente a todos los escenarios por los que pasará previos a su intervencion quirúrgica. Desde su llegada al Hospital Clínic hasta que se encuentra en una sala de recuperacion posterior a su cirugía, de esta manera, al llegar el dia de su cirugía ya le resultará familiar tanto el entorno, como el proceso por el que va a pasar, por lo tanto disminuirán sus niveles de ansiedad”.

El estudio piloto incluyó a pacientes que se someterían a una cirugía electiva en un periodo de 12 meses, sin presencia de déficit neurológico, discapacidad visual, enfermedad neuro-psiquiátrica o antecedente de uso de medicamentos neuro-psiquiátricos. Mediante las gafas se presentó mediante realidad virtual el momento desde que llegan al hospital hasta que el paciente llega al área de recuperación (dividido en 11 situaciones que introducen al paciente al día quirúrgico) con una duración total de 16 minutos. Antes y después de la exposición a la realidad virtual se evaluó la ansiedad mediante el uso de la Escala de ansiedad preoperatoria y de necesidad de información preoperatoria de Ámsterdam (APAIS).[1]

De los 10 pacientes, la mayoría era del género femenino (60%), con una media de edad de 56,8 años (rango: 23 a 76 años). Sesenta por ciento tenía antecedentes de cirugías previas, y 20% esperaba una intervención quirúrgica en los próximos 12 meses.

Los médicos refieren que a pesar de que 60% tenían antecedente de intervención quirúrgica, ante la exposición constante, en este caso mediante la realidad virtual, se pretende disminuir los niveles de ansiedad en los procedimientos electivos.

Tras la experiencia de realidad virtual se pudo comprobar una reducción de la ansiedad vinculada a la anestesia de 30%, se mantuvo en 60%, y aumentó en 10% de participantes. En el caso de la ansiedad asociada al procedimiento quirúrgico, la disminución de esta se pudo comprobar en 7 de los 10 pacientes, se mantuvo en 2, y aumentó en 1. Además, se observó una reducción de la necesidad de mayor información en 80% de los pacientes, después de la aplicación de esta tecnología.

Estos resultados del estudio piloto informaron del beneficio de la realidad virtual. “Teníamos previsto incluir el doble de pacientes en esta primera fase, pero los resultados han sido tan buenos que nos hemos visto obligados a detenerlo para iniciar el estudio real”, señaló el Dr. De Lacy.

Actualmente se están ultimando los detalles del estudio, y se espera la aprobación formal por parte del Comité de Ética del hospital, para empezar a reclutar los primeros pacientes en las próximas semanas.

Ansiedad, realidad virtual y cirugía

Un estudio aleatorizado, realizado en pediatría también llegó a la conclusión de que la tecnología de realidad virtual inmersiva es eficaz para reducir la ansiedad preoperatoria y aumentar el cumplimiento durante la inducción de la anestesia en niños sometidos a cirugía electiva.[2]

El trabajo, impulsado por el Seoul University College of Medicine, en Seúl, Corea del Sur y publicado en British Journal of Surgery, analizó datos de un total de 69 niños programados para cirugía electiva bajo anestesia general que fueron aleatorizados en un grupo de control y uno de intervención con realidad virtual. A los controles se les ofreció información convencional sobre el proceso de anestesia y de la cirugía en general, mientras que otro grupo se expuso a un video de 4 minutos de duración que tenía como protagonista a Pororo (un personaje de dibujos animados muy conocido en ese país) y que explicaba a los niños lo que había en el quirófano.

La principal variable estudiada fue la ansiedad preoperatoria, que se evaluó mediante la escala modificada de Yale (m-YPAS) antes de ingresar al quirófano. Los resultados secundarios incluyeron valoraciones de la escala de evaluación de conducta de inducción (ICC) y la escala de calificación de comportamiento de procedimiento (PBRS) durante la anestesia. Tanto los datos demográficos como el tiempo de inducción fueron similares en ambos grupos.

Los científicos pudieron comprobar que los niños expuestos al programa de realidad virtual obtuvieron una puntuación m-YPAS significativamente más baja respecto a los del grupo control (mediana: 31,7; rango intercuartílico: 23,3 a 37,9; y mediana: 51,7; rango intercuartílco: 28,3 a 63,3, respectivamente; < 0,001). Además, se pudo constatar que durante la anestesia, el grupo de la intervención mostró puntajes más bajos en las escalas de evaluación de conducta de inducción y de calificación de comportamiento de procedimiento, respecto al grupo control.