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#COVID-19: ¿la #ansiedad, la #depresión, el #enojo y las #adicciones pueden “boicotear” el #distanciamiento social?

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BUENOS AIRES, ARG. Niveles más altos de estrés, ansiedad, depresión, ira o adicciones no solo son consecuencia esperable de la pandemia de COVID-19, de los confinamientos prolongados y de la preocupación económica, sino que también podrían ser un factor que conspira contra el sostenimiento del distanciamiento social y otras medidas de salud pública necesarias para evitar un desborde de los casos, temen algunos expertos.

Si esto se comprobara, las intervenciones oportunas de profesionales de salud mental y las estrategias para preservar el estado psíquico y anímico deberían considerarse un pilar central para apuntalar y sostener las estrategias de contención de la pandemia, en un contexto en el cual no se descartan segundas olas o brotes recurrentes durante los próximos años.

Dr. Benjamin Oosterhoff

“Basado en lo que sabemos sobre el desarrollo humano y la salud mental, podría ocurrir que la salud mental deficiente tenga efectos (negativos) en el distanciamiento social”, comentó a Medscape en español Benjamin Oosterhoff, Ph. D., profesor asociado del Departamento de Psicología de la Montana State University en Bozeman, Estados Unidos.

“Reconocemos que en tiempos de cuarentena, donde hay que pasar un tiempo dentro de casa, donde quizá los niños no puedan salir a jugar, estas situaciones sean el vehículo para desatar ansiedad, depresiones y enojos”, manifestó a Medscape en español el Dr. Marcos Espinal, director del Departamento de Enfermedades Transmisibles y Determinantes Ambientales de la Salud de la Organización Panamericana de la Salud.

Analía Pesl

La psicóloga Analía Pesl, integrante de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo, no tiene dudas: “Respetar las medidas de salud pública que nos impusieron, que no están naturalizadas, exige una conciencia plena y disponible. Quienes atraviesan un estado de angustia, estrés o preocupación excesiva por otros motivos, podrían poner en segundo plano estas medidas de cuidado que ahora nos resultan novedosas”, señaló Pesl a Medscape en español.

El abuso de alcohol y de sustancias ilícitas también puede alterar el estado de conciencia y la percepción de riesgo.

Los consumidores “pueden tener una mala apreciación de los riesgos y actuar imprudentemente. Por ejemplo, si necesitan evitar el síndrome de abstinencia y tienen la urgencia de conseguir la sustancia psicoactiva, pueden incumplir la cuarentena o adoptar otras medidas imprudentes para sí mismos y para terceros”, explicó a Medscape en español Ernesto González, Ph. D., director de la Diplomatura en Prevención Laboral de Adicciones de la Facultad de Medicina de la Fundación Barceló en Buenos Aires, Argentina.

Las distintas caras del miedo

Diversos estudios y especialistas ya documentaron o advirtieron sobre el aumento de padecimientos psíquicos derivados del estrés de la pandemia: el miedo al contagio, la incertidumbre, y los temores por la caída de la actividad económica. En abril psiquiatras definieron a COVID-19 como un evento traumático, y anticiparon una pandemia inevitable de enfermedades mentales y trastornos del comportamiento.

En Argentina, por ejemplo, un estudio reciente del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires constató que durante dos meses y medio de cuarentena crecieron sobre todo el miedo y la depresión, con 30% de participantes que ve con desesperanza su futuro.[1]

Sin embargo, hay menos evidencia en cuanto a la manera en que esos malestares psicológicos y emociones impactan sobre la motivación de la población a respetar el distanciamiento social y otras medidas de salud pública, como el uso de mascarillas o el lavado de manos.

En estudios de laboratorio, Oosterhoff está evaluando distintas variables de la relación entre parámetros psicológicos y distanciamiento social. “Estamos encontrando más evidencia de que las medidas de distanciamiento social preceden a los trastornos de la salud mental, pero eso no significa que la relación no pueda operar también en sentido inverso. La mayoría de las veces la conexiones entre experiencias sociales y la salud mental son dinámicas y se retroalimentan. Yo esperaría que este fuera el caso”, dijo.

Para el Dr. Marcelo Cetkovich, director del Departamento de Psiquiatría de INECO, en Buenos Aires, y vicepresidente de la Asociación Argentina de Psiquiatras, se podría pensar que después de tantos meses de cuarentena la gente está llegando a una fase de “extenuación” y eso podría favorecer una falla del control inhibitorio y la tendencia a cuidarse menos.

Sin embargo, por otro lado, señaló que el repunte de casos y conocer personas del propio círculo social que empiezan a contagiarse opera también como un llamado de atención y vuelve a activar las barreras de la precaución. “Funciona como una alerta. El miedo es una respuesta fisiológica de defensa que puede servir para guardarnos más. No hay que hacer un anatema del miedo”, señaló el Dr. Cetkovich a Medscape en español.

De hecho, autores han considerado funcional al miedo para persuadir a las personas a quedarse en casa o restringir sus movimientos.[2] Sin embargo, también podría jugar en contra.

“Una de las cosas más difíciles es predecir es cómo actúan las personas en un contexto de fuerte emoción. Las emociones fuertes pueden llevar a cuidarnos, o por el contrario, disparar conductas disfuncionales (desaprensión, negación) que aumentan el riesgo de contagio y transmisión”, señaló Fernando Torrente, Ph. D., director del Departamento de Psicoterapia Cognitiva de INECO, durante una exposición en el Forbes Healthcare Week.[3]

“Hay que tener plena conciencia de lo que está sucediendo y de lo que hay que hacer”

Ante este escenario, los especialistas consideran urgente prestar atención tanto a la dimensión psíquica y emocional de la población como a la circulación del virus.

“La salud psíquica es una herramienta fundamental para que las propuestas de confinamiento y distanciamiento social funcionen. Hay que tener plena conciencia de lo que está sucediendo y de lo que hay que hacer, así como la voluntad y la empatía para pensar en uno y en cómo pueden afectar las propias acciones a otras personas”, destacó la psicóloga Pesl.

El Dr. Espinal, de la Organización Panamericana de la Salud, enfatizó la necesidad de reforzar y facilitar el acceso a servicios de conserjería, psicología, psiquiatría y trabajo social, para aconsejar a las personas y abordar de manera precoz cualquier cuadro que amerite intervenciones.

También recomendó a la población que adopte conductas para preservar la salud mental durante los confinamientos: “Por ejemplo, reducir la exposición a noticias, leer un libro, hablar con familiares (vía internet), distraerse, o hacer pausas en el trabajo”, detalló.

En tanto, otros expertos proponen abordajes multidisciplinarios que no se enfoquen solo en la enfermedad y en el trastorno, y que fortalezcan la respuesta social ante futuros rebrotes o nuevas pandemias.

“En mi opinión, COVID-19 ha resaltado la necesidad de construir comunidades más resilientes. Los jóvenes que valoran la responsabilidad social, que confían en otros o priorizan al prójimo por sobre uno mismo van a ser más propensos a guardar el distanciamiento social, desinfectarse mejor o evitar el acaparamiento de productos”, concluyó Oosterhoff.

Pesl, Oosterhoff, González y Cetkovich han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

#Aplica la atención plena para desconectarte de las #redes sociales y volver a conectarte contigo

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Conoce cómo el mindfulness puede ayudarte a reducir la ansiedad y el estrés que se generan con el exceso de conexión a las redes sociales.

Victoria Mortimer

En los últimos años, se ha hablado mucho sobre el mindfulness o atención plena, el arte de prestar atención a lo que nos rodea de manera consciente. Hoy, esta práctica sirve como una especie de “antídoto” ante el ritmo de vida atareado y estresante que llevamos, en parte, por el uso de las redes sociales.

Desde que su aparición a mediados de los 90, la ansiedad social como fenómeno global fue en aumento. Según un estudio de la Royal Society for Public Health de Inglaterra, el boom de las redes sociales está asociado con un incremento de la ansiedad, depresión y alteración del sueño.

Esto se debe a que trajeron aparejados dos fenómenos. Uno es el síndrome o complejo del like me, que se da cuando las personas se vuelven dependientes del número de “me gusta” que reciben en las redes sociales. El otro es el FOMO (Fear of Missing Out, por sus siglas en inglés) o el miedo a perderse de algo, que describe la necesidad de estar siempre conectados.

Una mujer usando su celular frente a su computadora

Un estudio publicado en el Diario Americano de Medicina Preventiva evaluó a usuarios de 11 redes sociales distintas y concluyó que, a mayor uso de las redes, mayor es el sentimiento de aislamiento en una persona. Esto, a su vez, genera baja autoestima, ansiedad y depresión, que llevan al usuario a querer seguir conectado para no enfrentar el mundo de afuera.

Esta sobreconexión virtual lleva no solo al aislamiento, sino también a desconectarnos de nosotros mismos. Y allí es donde aparece el mindfulness para llevarnos nuevamente a un estado de pleno contacto con nuestro cuerpo, nuestra mente y lo que está sucediendo a nuestro alrededor.

Beneficios de practicar mindfulness

  • Disminuye la ansiedad y el estrés
  • Mejora el sueño
  • Aumenta la creatividad
  • Mejora la concentración

Cómo aplicarlo en el día a día

Te compartimos algunas recomendaciones de la práctica del mindfulness para desconectarte de las redes sociales y volver a conectar contigo mismo:

RESPIRAR

Empieza por respirar un par de veces cada vez que vayas a sumergirte en una pantalla; hazlo de modo consciente y no por inercia.

VIVE EL MOMENTO REAL

Recuerda que las historias de Instagram pueden esperar, pero el momento único de tu vida en el que te encuentras, no. La felicidad se alacanza a través de los pequeños momentos.

¿PARA QUÉ?

Pregúntate de vez en cuándo “¿para qué?” y si hay algo más que podrías estar haciendo en ese momento. También ayuda tener un registro del uso que haces de las tecnologías, identificando en qué situaciones recurres a ellas.

#La #nanomedicina permite tratar farmacológicamente la #depresión de forma más rápida

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Un nuevo sistema farmacéutico de nanopartículas del fármaco antidepresivo venlafaxina permite iniciar la acción antidepresiva de manera muy rápida tras una administración por vía intranasal diaria.

Nanopartículas para tratar la depresión por vía nasal.

El grupo de investigación I+DNanomed de la Universidad de Sevilla, dirigido por Mercedes Fernández Arévalo, en colaboración con la Universidad de Cádiz y el Centro de Investigación Biomédica en Red Salud Mental (CiberSAM), ha desarrollado una patente en nanomedicina, un sistema farmacéutico nuevo basado en nanopartículas poliméricas del antidepresivo venlafaxina para ser administrado por vía intranasal para que llegue de forma eficaz al cerebro y desencadene una acción antidepresiva rápida.

La depresión es un trastorno común que puede llegar a ser una enfermedad incapacitante y potencialmente letal. Según la OMS, afecta a 350 millones de personas en el mundo, y está clasificada como la mayor causa de discapacidad global. El diagnóstico de la enfermedad ha aumentado en la última década. “El problema principal –explica Fernández Arévalo- es que el tratamiento actual de la depresión suele necesitar de varias semanas de administración continuada para que comiencen a aparecer los efectos beneficiosos del tratamiento”.

Complejo acceso

A esto hay que sumarle que, debido a la dificultad que tienen los fármacos para acceder al cerebro, normalmente hay que administrar dosis elevadas del fármaco, por lo que suelen aparecer efectos secundarios desagradables. “La suma de estas dos cosas en los tratamientos actuales, es decir, el retraso importante en comenzar los efectos antidepresivos junto con la aparición de los efectos secundarios, suele implicar el abandono del tratamiento por parte del paciente”, comenta la responsable del grupo.

Por eso, el objetivo perseguido con esta patente es disponer de un nuevo sistema farmacéutico basado en la nanomedicina, concretamente en nanopartículas biocompatibles del antidepresivo, que sea capaz de llevar al fármaco al cerebro de una manera mucho más eficaz. Así se posibilitaría una acción mucho más rápida con una menor dosis. Es decir, conseguir con el tratamiento que comience mucho antes el efecto antidepresivo y con una menor incidencia de efectos secundarios.

 La novedad radica en que el sistema desarrollado, basado en nanopartículas poliméricas biocompatibles, posibilita un mejor acceso del fármaco antidepresivo al cerebro que los sistemas actuales, permitiendo así que el efecto antidepresivo se comience a manifestar mucho más rápidamente. Esto, junto con la disminución de los efectos secundarios, resulta esencial para que los pacientes no se desmotiven y continúen con su tratamiento.

 Inicio y duración 

Este grupo de investigación ha llevado a cabo numerosos estudios científicos que han conducido a los resultados de la investigación que han sido protegidos por la patente. Los resultados protegidos se corresponden con parte de la Tesis Doctoral de María Dolores Cayero Otero, titulada “Nanopartículas poliméricas para vehiculizar activos farmacéuticos al sistema nervioso central”.

Como resultados concretos, además de los que han permitido caracterizar los comportamientos fisicoquímicos y biológicos de las nanopartículas, se ha podido demostrar que este nuevo sistema permite iniciar la acción antidepresiva de manera temprana tras una administración por vía intranasal diaria de una suspensión acuosa de las nanopartículas durante 7 días.

Fernández Arévalo destaca que “tan importante como tener una molécula activa, en este caso con efectos antidepresivos, es disponer de un sistema farmacéutico de administración adecuado a las necesidades de los pacientes, que posibiliten una mayor eficacia terapéutica en términos de inicio y duración de la acción, reduciendo lo máximo posible la incidencia de efectos adversos con un correcto control de las dosis administradas. Y en esto, la nanomedicina está resultando ser una herramienta verdaderamente útil”

Patente y colaboraciones

Esta patente se suma a la cartera de patentes del grupo de investigación I+DNanomed en el ámbito de la nanomedicina, en el que destacamos la patente internacional Method for Producing a Pharmaceutical Composition of Polymeric Nanoparticles for Treating Neuropathic Pain Caused by Peripheral Nerve Compression, licenciada para comercialización mundial a la empresa norteamericana Growblox Life Sciences.

El siguiente paso es continuar con la investigación para demostrar de forma fehaciente los comportamientos de este nuevo sistema farmacéutico, profundizando en los estudios preclínicos, así como abordar los correspondientes ensayos clínicos. Esta parte que queda de la investigación es realmente compleja, y sin duda se requiere de colaboraciones más intensas y extensas para poder llegar a buen fin.

#Estimulación magnética transcraneal, otro escalón terapéutico en #depresión

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La estimulación magnética transcraneal ya se administra de forma protocolizada a los pacientes dependientes del Hospital 12 de Octubre.

La interpretación del electroencefalograma podría variar.

La estimulación magnética transcraneal repetitiva (EMTr) es un procedimiento no invasivo que se emplea desde hace años en diferentes trastornos neuropsiquiátricos. De hecho, la agencia reguladora estadounidense FDA considera que es una estrategia de elección en la depresión resistente y el trastorno obsesivo compulsivo (TOC) también resistente a la farmacoterapia y a la psicoterapia.

Recientemente, el Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario 12 de Octubre ha incorporado este abordaje de forma protocolizada, de tal manera que los pacientes con depresión resistente al tratamiento convencional son derivados desde los centros de Salud Mental, dependientes del este hospital madrileño, cuando los médicos responsables de su seguimiento consideran que este tipo de estimulación puede ser una alternativa viable.

El psiquiatra Gabriel Rubio.

“Cualquier psiquiatra de nuestra área de influencia que trata a un paciente con depresión que no mejora con terapia farmacológica lo puede remitir al hospital para que le administremos la EMTr. En caso de que esta fracase, se intentaría la terapia electroconvulsiva”, destaca a DM Gabriel Rubio, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital 12 de Octubre.

Esta modalidad terapéutica ofrece importantes beneficios pues se aplica de forma ambulatoria, no requiere anestesia y no se han descrito hasta el momento efectos secundarios relevantes. Por todo ello, apunta Rubio, es un tratamiento que puede indicarse en determinados pacientes que se benefician de una estrategia biológica sin fármacos, tales como embarazadas, personas mayores y adolescentes.

La EMTr se administra en el Hospital de Día, donde se centraliza el tratamiento de la mano de un equipo multidisciplinar. El procedimiento se basa en la aplicación de campos magnéticos a través de una bobina electromagnética que emite estímulos con una determinada intensidad y cadencia, lo que permite activar las áreas cerebrales implicadas en la depresión. Para tener garantías de éxito, cada paciente debe recibir aproximadamente 30 sesiones de una hora de duración.

Más aplicaciones de la EMTr
-Ictus
-Memoria
-Epilepsia
-Acúfenos

Hasta el momento, el Servicio de Psiquiatría del 12 de Octubre ha atendido a 21 enfermos, en su mayoría mujeres con edades comprendidas entre los 45 y 70 años. Los resultados obtenidos evidencian una mejoría significativa en la evolución de la enfermedad.

Más allá de la mejoría en los síntomas y en la calidad de vida de los pacientes tratados, Rubio alude a las implicaciones económicas de este abordaje. “El 40% del coste que genera el tratamiento de la depresión se puede imputar a la forma resistente de la enfermedad, por lo que recurrir a esta estrategia también redunda en un beneficio para el sistema sanitario”.

#El #acoso escolar necesita protocolos como los de #violencia de género

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Las secuelas del ‘bullying’ y del ‘mobbing’, que incluyen depresión y ansiedad, entre diversos trastornos psiquiátricos, también provocan cambios en la estructura y función cerebrales.

Se estima que en España habría unos 1.000 niños y adolescentes que sufren agresiones físicas o amenazas en la escuela.

Tanto el acoso escolar como el acoso laboral tienen una relación bidireccional con la depresión. Las personas depresivas son carne de cañón para ser acosadas y, por otro lado, el acoso termina provocando síntomas depresivos en las víctimas. Es la pescadilla que se muerde la cola, un mecanismo que sólo podrá interrumpirse, o al menos paliarse, con medidas de prevención e intervenciones en centros escolares y de trabajo. Aunque sean fenómenos diferentes, quienes han sido acosados en la escuela tienen mayor riesgo de serlo en el entorno laboral.
“Diversos estudios longitudinales muestran que el riesgo de acoso se mantiene en algunas personas a lo largo de la vida por el hecho de ser distintos, lo que les hace más vulnerables tanto en la niñez como en la edad adulta”, explica Celso Arango, director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental (IPSMarañón) del Hospital Gregorio Marañón, en Madrid, y catedrático de la Universidad Complutense.

Durante su intervención en el XVIII Seminario Lundbeck, sobre La huella del acoso en la salud mental, Arango ha dicho que estamos ante “un problema de salud pública, por carga y por prevalencia, y habría que visibilizarlo, hablarlo, como se está haciendo con las víctimas de violencia de género o de accidentes de tráfico”. Defiende la implantación de una estrategia nacional de prevención del acoso escolar porque en España habría unos 1.000 niños y adolescentes que sufren agresiones físicas o amenazas en la escuela que les llevan a cuadros de ansiedad, depresión e incluso suicidio.

En el llamado bullying se da un comportamiento agresivo (en chicos suele ser físico, verbal y relacional, mientras que en chicas se asocia más con el aislamiento por parte de otros escolares) de forma repetida por parte de un individuo o de un grupo, siempre entre iguales, entre los que se crea un desequilibrio o desproporción de poder. El acosado es carne de cañón por “ser diferente”, bien en lo físico, en lo psíquico o en actitudes peculiares. Las diferencias que implican mayor riesgo son ser inmigrante, tener alguna discapacidad o enfermedad crónica, tener sobrepeso u obesidad, el desempleo parental o una orientación sexual incongruente.

Rosa Gutiérrez: “El mobbing no es estrés laboral: implica deseo de socavar la personalidad del acosado” 

Arango advierte de que hay que tratar tanto a la víctima como al que lo acosa. “Hay que trabajar con todos porque el acosador a veces lleva detrás una patología mental, mucho sufrimiento, abuso físico o maltrato en su entorno familiar. Y no basta con un cambio de colegio porque detrás puede haber psicopatología”.

Los efectos en el acosado pueden resumirse en aumento de depresión y ansiedad, de problemas físicos y trastornos psicosomáticos, así como de experiencias psicóticas y riesgo aumentado de autolesión y suicidio. Pero además de daños en salud mental se percibe peor calidad de vida, con aumento de enfermedades orgánicas (obesidad, diabetes…), peores resultados académicos y mayor abandono escolar.

El psiquiatra recalca que la relación entre el bullying y la depresión es muy evidente y que la posibilidad de trastorno psicótico se multiplica hasta seis veces a corto/medio plazo y también puede tener consecuencias para toda la vida. Hay un estudio sobre secuelas 40 años después del acoso.

En estudios neurobiológicos se observan cambios cerebrales estructurales y funcionales, desregulación del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal, cambios epigenéticos en el transportador de serotonina, acortamiento acelerado de telómeros (indicador indirecto de menor esperanza de vida) y aumento de la inflamación, junto a los estilos cognitivos depresivos.

No es estrés laboral

El acoso en el trabajo afecta de forma similar en la edad adulta, pero tiene sus notas distintivas. “No es estrés laboral, ni burnout, ni siquiera el ejercicio arbitrario del poder empresarial, porque requiere una intención de socavar la personalidad del trabajador”, aclara Rosa Gutiérrez, jefa del Servicio de Salud Mental de Alcobendas (Madrid), del Hospital Infanta Sofía.

El llamado mobbing no se da solo entre iguales. En un 68% viene de los jefes; en el 18% de los compañeros, y hasta un 12%, de los subordinados. “No estamos preparados para ser dañados sin motivo”, asegura la psiquiatra, lamentando que pocos trabajadores acosados, un 10%, pidan ayuda ante los primeros síntomas clínicos de cefaleas o insomnio.

Gutiérrez ha recalcado el papel de los médicos de empresa para detectar la depresión y favorecer la recuperación funcional hasta la remisión completa. “Es primordial detectar los síntomas precoces de la depresión pero también los síntomas residuales, que se mantienen ante una mejoría inicial y pueden dificultar el trabajo”. De hecho la baja asertividad, falta de confianza en sí mismo y una tendencia a la autojustificación repercuten en la vida laboral del acosado, con conductas de absentismo y presentismo.

Un hilo invisible que une cuadros depresivos

Prevenir el acoso escolar es de alguna forma prevenir el acoso laboral, ambos fenómenos están estrechamente ligados por un hilo invisible que puede sostener cuadros depresivos durante décadas si no se actúa en estadios iniciales. “Es fundamental que exista un plan de prevención de acoso en las escuelas, lo mismo que hay extintores o un plan de seguridad”, comenta Celso Arango, director del IPSMarañón, recalcando que el acoso está muy ligado a la educación y los valores recibidos en la infancia. De hecho, se ha demostrado que el acoso escolar es menor en familias que cenan juntas.

Según el psiquiatra, hay estrategias eficaces y coste-eficientes para prevenir el acoso escolar que lo reducirían en un 20%. Y aunque las actuaciones principales deben hacerse a nivel escolar y comunitario, apela a las familias y a los profesionales de la salud para que también ejerzan la prevención, detección precoz y promoción de la resiliencia en niños y adolescentes.

“En todos los colegios hay que estimular la tolerancia cero a la violencia y el respeto a la diversidad, el entrenamiento en habilidades sociales y la empatía, el aprendizaje colaborativo… Y como prevención secundaria, la detección y cese precoz de acoso y el manejo de dificultades y síntomas específicos”, reitera Arango, que apunta a reducir la patología psiquiátrica previa en menores como estrategia prioritaria, aunque matiza que “no es compatible con que haya listas de espera de cinco o seis meses para un niño con depresión”.

#Los #adolescentes con #rinitis alérgica tienen mayores tasas de #ansiedad y #depresión (Ann Allergy Asthma Immunol)

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Los adolescentes con rinitis alérgica presentan mayores tasas de ansiedad y depresión, según un estudio llevado a cabo por el Colegio Americano de Alergia, Asma e Inmunología (ACAAI), publicado en Annals of Allergy, Asthma and Immunology.

Para llevar a cabo el trabajo, los científicos analizaron 25 estudios sobre los efectos de la rinitis alérgica y rinitis alérgica con alergias oculares en adolescentes (10-17 años), estudiando los síntomas, el impacto en las actividades diarias, los aspectos emocionales, el impacto sobre el sueño, la carga educativa y de tratamiento.

En este sentido, los resultados mostraron que la fiebre del heno, con o sin alergias oculares, puede afectar negativamente a aspectos de la vida diaria, como por ejemplo conducir o leer, y, además, puede perjudicar la función psicológica.

#El 43% de los pacientes con #hidradenitis supurativa experimenta #depresión

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El 43% de los pacientes de hidradenitis supurativa tiene depresión, según un estudio presentado en la XIII Reunión Nacional del Grupo Español de Investigación en Dermatología Psiquiátrica (GEDEPSI), celebrada en Zaragoza, donde se han tratado otros datos respecto al impacto psicológico de la enfermedad.

Otro estudio hecho público en el marco del acto concluye que el 60% de los pacientes de hidradenitis supurativa considera que la enfermedad tiene un importante impacto sobre su calidad de vida. Además, un estudio más determinó que la dolencia es la enfermedad dermatológica con mayor impacto en la calidad de vida, comparable a la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, diabetes, enfermedad cardiovascular y diferentes tipos de cáncer.

En este sentido, la irritación, la ira y la tristeza son las emociones más experimentadas cuando surge la enfermedad. Los pacientes sienten que las lesiones resultan antiestéticas, huelen, aparecen con frecuencia y son dolorosas. La tristeza y la preocupación aparecen cuando el paciente no puede desempeñar su trabajo por la enfermedad, o si ésta no se cura con el tratamiento prescrito. Según los expertos, puede ser beneficioso para el paciente recibir información sobre su enfermedad junto a otros pacientes de la misma patología.

Otro de los estudios presentados medía el impacto de la hidradenitis supurativa sobre la sexualidad de los pacientes. Se estableció que las personas que padecen la enfermedad sufren disfunciones sexuales y angustia sexual en comparación con el grupo de control.

La angustia sexual afecta más a mujeres que hombres, y esta circunstancia podría deberse a que las lesiones en la zona inferior del abdomen son más frecuentes en mujeres respecto a hombres, mientras que las lesiones en axilas son comunes en ambos sexos.

Si se comparan estos pacientes a los de psoriasis, los de hidradenitis mostraron una disfunción sexual mayor, incluyendo a los pacientes psoriásicos con afectación genital o depresión subyacente.

El documento HérculeS es una herramienta destinada a profesionales sanitarios y administraciones públicas que tiene el objetivo de garantizar el estándar óptimo de cuidado para los pacientes con hidradenitis supurativa impulsando recomendaciones sencillas y accionables. Promueve que los profesionales sanitarios deben estar formados en los aspectos físicos, psicológicos y sociales de la enfermedad, además de proveer de información sobre recursos disponibles a los pacientes.

Lucía Tomás Aragonés, investigadora del Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud y miembro del Grupo Español de Investigación Dermatológica Psiquiátrica de la AEDV, GEDEPSI, explica al respecto que “existe una necesidad de formar a los profesionales sanitarios de manera que los pacientes de hidradenitis supurativa sean tratados de la forma más conveniente. El profesional médico debe establecer una buena relación clínica con el paciente, plantearle preguntas abiertas para identificar áreas donde ayudarle y, por último, indicar un tratamiento idóneo en función de su severidad clínica y del impacto psicosocial que presente”.

Añade que “la hidradenitis supurativa es una enfermedad con un importante impacto psicológico sobre el paciente, es por ello que el profesional médico debe ser una figura de apoyo que le escuche y facilite información sobre el psicoeducación, de manera que le permita convivir con la enfermedad”.

Por su parte, Silvia Lobo, presidenta de la Asociación de Pacientes de Hidrosadenitis Supurativa (ASENDHI) y paciente, declara que “lo que solicitamos desde la asociación es que se nos facilite una adecuada atención psicológica clínica vinculada a nuestra patología. La hidradenitis es la causante del impacto psicológico que sufrimos los pacientes y no al revés, siendo la depresión la afectación psicológica más frecuente entre los pacientes”.

Jóvenes, minorías étnicas y grupos socioeconómicos desfavorecidos son los más vulnerables de sufrir un primer #episodio de psicosis (JAMA Psychiatry)

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Un consorcio internacional liderado por científicos de la Universidad de Sao Paulo, Brasil, ha descubierto que los hombres jóvenes, los que pertenecen a una minoría étnica o los viven en áreas socioeconómicas más desfavorecidas tienen mayor riesgo de sufrir un episodio de psicosis, considerado la primera manifestación de varios trastornos mentales graves como la esquizofrenia, el trastorno bipolar o la depresión.

El hallazgo, publicado en JAMA Psychiatry, es el primero de un trabajo internacional en el que también participan investigadores de España, Francia, Inglaterra, Italia y Países Bajos, y que persigue identificar los colectivos más vulnerables de sufrir este trastorno.

En los últimos años varios estudios han apuntado que la incidencia del primer episodio de psicosis varía por países. Así, se ha visto que en los países europeos estos trastornos son más frecuentes en las grandes ciudades, en comparación con las zonas rurales, así como en determinadas minorías étnicas, como en la población inmigrante de raza negra procedentes de la región del Caribe o África.

En el estudio brasileño incluyeron datos de 26 municipios del área administrativa de Ribeirao Preto, en el estado de Sao Paulo, donde identificaron un total de 2.774 personas que se pusieron en contacto con los servicios de salud mental ante un posible primer episodio de psicosis, de los que algo más de la mitad (1.578) eran hombres.

La mediana de edad en la que se producían estos episodios eran 30 años, según los datos recopilados por todo el consorcio, pero la comparativa por países mostró una fuerte variabilidad en la incidencia, ya que mientras que en Santiago (España) se registraban 6 casos nuevos por cada 100.000 habitantes y año, en París los casos se multiplicaban por ocho (46 por cada 100.000 habitantes). Además, en Brasil los brotes debutaban mucho antes, a los 21 años.

“El estudio confirmó que la incidencia del primer episodio de psicosis varía considerablemente entre las grandes ciudades y las zonas rurales. Y también demostró que los factores ambientales probablemente desempeñan un papel crucial en esta variación significativa”, según Paulo Rossi Menezes, uno de los autores del estudio.

El estudio también mostró que la incidencia del primer episodio de psicosis fue mayor entre los hombres de entre 18 y 24 años que entre las mujeres del mismo grupo de edad, pero a medida que van cumpliendo años la incidencia suele hacerse más pareja e incluso puede llegar a invertirse, como se ha visto en mujeres de 45 a 54 años, donde el riesgo es un levemente más alto que en los hombres.

“No sabemos exactamente por qué existen estas diferencias en la incidencia por sexos y grupos de edad, pero pueden estar relacionadas con el proceso de maduración cerebral, que se produce entre los 20 y 25 años”, según Menezes.

Los investigadores también encontraron que la incidencia del primer episodio de psicosis es alta entre las minorías étnicas y en áreas con menos viviendas ocupadas por sus propietarios, lo que explica el papel que pueden jugar las condiciones socioeconómicas en este aspecto.

“Si podemos identificar los factores de riesgo para el desarrollo de estos trastornos mentales en grupos más vulnerables, podremos intervenir para reducir su incidencia”, concluye.

#La #terapia de reemplazo hormonal puede evitar la #depresión durante la #menopausia

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La terapia hormonal puede prevenir los síntomas depresivos durante la etapa de transición a la menopausia, de acuerdo con los resultados de un estudio aleatorizado.[1]

Durante un periodo de 12 meses, las mujeres que utilizaron estradiol transdérmico (múltiples marcas) más progesterona micronizada intermitente (múltiples marcas) desarrollaron menos síntomas depresivos, en comparación con aquellas que recibieron un placebo. Las mujeres que recientemente habían experimentado eventos estresantes mostraron un mayor beneficio en el estado de ánimo al recibir la terapia hormonal, al igual que aquellas que se encontraban en la fase temprana de transición.

El estudio fue publicado en versión electrónica el 10 de enero en la revista JAMA Psychiatry.

50% de reducción del riesgo

El riesgo de presentar síntomas clínicamente significativos de depresión aumenta de 2 a 4 veces durante la etapa de transición a la menopausia y el periodo posmenopáusico temprano. Algunos estudios han sugerido que la terapia hormonal puede ayudar a controlar los síntomas depresivos, pero no está claro si puede prevenir la aparición de los síntomas en mujeres que no tienen un antecedente previo de estos.

Este estudio proporciona “evidencia temprana sugiriendo que podemos prevenir los síntomas depresivos con un régimen de estradiol transdérmico”, dijo Susan Girdler, Ph. D., del Departamento de Psiquiatría de la University of North Carolina, en Chapel Hill, Estados Unidos, durante un podcast de JAMA Psychiatry.

El estudio incluyó 172 mujeres de entre 45 y 60 años de edad (edad media: 51), sin depresión, que se encontraban en la etapa de perimenopausia o posmenopausia temprana. Fueron asignadas de manera aleatoria al tratamiento durante 12 meses con estradiol transdérmico (0,1 mg/día) más progesterona micronizada intermitente (200 mg/día durante 12 días) o al grupo control (placebo).

Las puntuaciones de la Escala de Depresión del Centro de Estudios Epidemiológicos (CES-D) se evaluaron al inicio del estudio y a intervalos regulares durante todo el periodo de estudio. El desenlace primario fue la evaluación de los síntomas de depresión clínicamente significativos, definidos como una puntuación en la Escala de Depresión del Centro de Estudios Epidemiológicos de al menos 16 puntos.

Durante el estudio, 43 mujeres (25%) desarrollaron depresión clínicamente significativa. “Eso sería congruente con lo esperado”, dijo Girdler. Sin embargo, el riesgo fue “reducido a la mitad” en las mujeres que recibieron la terapia hormonal, señaló.

Veintiocho (32,3%) mujeres que recibieron el placebo obtuvieron al menos en una ocasión 16 puntos en la Escala de Depresión del Centro de Estudios Epidemiológicos, durante el periodo del estudio (12 meses), en comparación con 15 (17,3%) mujeres que utilizaron la terapia hormonal (odds ratio [OR]: 2,5; IC 95%: 1,1 – 5,7; p = 0,03). Además, para las mujeres que tomaron el placebo, el puntaje de la Escala de Depresión del Centro de Estudios Epidemiológicos promedio fue más alto durante el periodo de intervención (p = 0,03).

“Importantemente”, escriben los investigadores, “estos resultados fueron significativos aun después de ajustar estadísticamente para la molestia de los cambios en los síntomas vasomotores, lo que sugiere que la combinación del estradiol transdérmico y la progesterona micronizada intermitente tiene beneficios profilácticos directos sobre el estado de ánimo, que son independientes de sus efectos benéficos sobre los síntomas de la menopausia, como se observó en mujeres con trastorno depresivo mayor tratado con estradiol transdérmico y progesterona micronizada intermitente”.

El mayor beneficio se observó en las pacientes que habían experimentado un mayor número de eventos estresantes experimentados recientemente y en mujeres en la etapa temprana de la transición a la menopausia.

“Los hallazgos deben confirmarse en futuras investigaciones, y de ser correctos, creo que realmente hablan sobre esta idea de la medicina de precisión”, dijo Girdler. “No creo que el mensaje de nuestro estudio sea que todas las mujeres elegibles para la terapia de reemplazo hormonal deban necesariamente someterse a ella para prevenir profilácticamente el desarrollo de la depresión”.

Más bien, dijo, los resultados sugieren que vale la pena realizar una “entrevista clínica muy simple” para evaluar los patrones de sangrado actuales de las pacientes, y así ayudarlas a determinar en qué etapa de transición a la menopausia se encuentran y descubrir los factores que llevan a eventos estresantes recientes. Tal información puede ayudar a guiar las decisiones del tratamiento.

Se necesitan más investigaciones

Los autores de un editorial acompañante elogiaron a los investigadores “por haber utilizado un estudio clínico aleatorizado para investigar la eficacia de una estrategia biológicamente racional sobre la prevención de los síntomas depresivos en mujeres con mayor riesgo debido a la etapa reproductiva”.[2]

Los autores también hacen “una importante observación nueva de que los eventos estresantes recientes (informados por el 59% de las participantes) moderan el beneficio preventivo de la terapia de reemplazo hormonal para los síntomas depresivos”, señaló la Dra. Hadine Joffe, del Brigham and Women’s Hospital y la Harvard Medical School, en BostonEstados Unidos, y sus colaboradores.

“Este hallazgo sugiere que el estrés crónico, la perturbación del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, la interrupción del sueño, las citoquinas inflamatorias u otros factores desencadenados por eventos estresantes pueden interactuar con los efectos de la terapia hormonal en el sistema nervioso central para estabilizar el estado de ánimo”, escriben.

La recomendación actual es considerar la terapia hormonal para el tratamiento de los bochornos en la menopausia, dentro de los 10 años posteriores al inicio de la misma, pero no para las indicaciones preventivas. La Dra. Joffe y sus colaboradores están de acuerdo con la conclusión de los autores de que se necesita más información antes de considerar a la terapia hormonal como un método de prevención de los síntomas depresivos.

“Si bien los resultados de este ensayo clínico aleatorizado son provocativos e ilustran el posible papel de los esteroides gonadales en la regulación del estado de ánimo, no respaldan un cambio en la recomendación clínica sobre el uso de la terapia hormonal en mujeres que atraviesan la menopausia”, concluyen.

El estudio fue apoyado por National Institutes of Health. Los autores han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente. La Dra. Joffe ha recibido fondos de investigación provenientes de Merck y SAGE y es consultora para NeRRe, Mitsubishi-Tanabe, Merck y SAGE.

#Practicar #ejercicio una hora a la semana puede ayudar a prevenir la #depresión

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Un estudio del instituto australiano Black Dog estima que la actividad física semanal regular puede evitar el 12% de los casos.
Un estudio de referencia dirigido por el Instituto Black Dog , en Australia, publicado en el American Journal of Psychiatry , ha revelado que el ejercicio regular de cualquier intensidad puede prevenir la depresión en el futuro y que puede ayudar tan sólo con una hora semanal. Los resultados muestran que incluso pequeñas cantidades de ejercicio pueden proteger contra la depresión y se ven los beneficios para la salud mental sin importar la edad o el género.
El ensayo incluyó a 33.908 adultos noruegos a los que se monitorizaron sus niveles de ejercicio y síntomas de depresión y ansiedad durante 11 años. El equipo de investigación internacional encontró que podría haberse evitado el 12% de los casos de depresión si los participantes hubieran realizado sólo una hora de actividad física cada semana.
“Hemos sabido desde hace tipo que el ejercicio tiene un papel que desempeñar en el tratamiento de los síntomas de la depresión, pero esta es la primera vez que hemos sido capaces de cuantificar el potencial preventivo de la actividad física en términos de reducir los niveles futuros de depresión”, dice el profesor principal Samuel Harvey, del Instituto Black Dog y la Universidad de Nueva Gales del Sur.
“Estos hallazgos son emocionantes porque muestran que incluso cantidades relativamente pequeñas de ejercicio -de una hora por semana- pueden brindar una protección significativa contra la depresión. Todavía estamos tratando de determinar exactamente por qué el ejercicio puede tener este efecto protector, pero creemos que es a partir del impacto combinado de los diversos beneficios físicos y sociales de la actividad física”, apunta.
“Estos resultados ponen de relieve el gran potencial de integrar el ejercicio en los planes individuales de salud mental y campañas más amplias de salud pública. Si podemos encontrar maneras de aumentar el nivel de la actividad física en la población, incluso por una pequeña cantidad, entonces es probable que aporten sustanciales beneficios físicos y de salud mental”, añade.
Los investigadores utilizaron datos del estudio de salud del condado de Nord-Trondelag (estudio HUNT), una de las encuestas de salud poblacionales más extensas y completas llevada a cabo entre enero de 1984 y junio de 1997. Se solicitó a una cohorte sana de participantes que informara sobre la frecuencia del ejercicio en el que participó y con qué intensidad: sin cansarse ni sudar, sin aliento y sudoración o agotándose.
En la etapa de seguimiento, completaron un cuestionario (la Escala de Ansiedad y Depresión Hospitalaria) para indicar cualquier ansiedad emergente o depresión. El equipo también explicó las variables que podrían afectar a la asociación entre el ejercicio y la enfermedad mental común. Estos incluyen factores socioeconómicos y demográficos, consumo de sustancias, índice de masa corporal, enfermedad física de aparición reciente y apoyo social percibido.
Los resultados mostraron que las personas que informaron de no hacer ejercicio en absoluto en la línea de base tuvieron un 44% más de posibilidades de desarrollar depresión en comparación con aquellas que estaban haciendo ejercicio de una a dos horas a la semana. Sin embargo, estos beneficios no llevaron a la protección contra la ansiedad, sin ninguna asociación identificada entre el nivel y la intensidad del ejercicio y las posibilidades de desarrollar el trastorno.
“La mayoría de los beneficios de salud mental del ejercicio se realizan en la primera hora que se realiza cada semana”, afirma el profesor asociado Harvey. “Con los estilos de vida sedentarios convirtiéndose en la norma en todo el mundo y las tasas de crecimiento de la depresión, estos resultados son particularmente pertinentes, ya que ponen de relieve que incluso pequeños cambios en el estilo de vida pueden cosechar beneficios significativos de salud mental”, concluye.
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