deterioro cognitivo

#“El 30% de los fallecidos por #Covid-19 presentan #deterioro cognitivo previo”

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Las personas con demencia han sido uno de los colectivos más castigados por la pandemia. David Pérez cuenta lo que ha pasado con los enfermos de Alzheimer.

David Pérez, jefe de Neurología del Hospital 12 de Octubre.
David Pérez, jefe de Servicio de Neurología del Hospital 12 de Octubre, en Madrid..

Se estima que el 60% de las 800.000 personas con demencia en España padecen Alzheimer, enfermedad que afecta al 5% de los mayores de 65 años y al 38% de los mayores de 85, y que supone la primera causa de discapacidad en el mundo. Ha sido uno de los colectivos más castigados por la pandemia. Las 200.000 familias con un paciente a su cargo han visto además alteradas sus rutinas durante el confinamiento, lo que ha agravado los trastornos de los pacientes. David Pérez, jefe de Servicio de Neurología del Hospital madrileño 12 de Octubre y patrono de la Fundación Alzheimer España, habla para Diario Médico sobre los efectos en pacientes y cuidadores de la Covid-19, y sobre los avances en el conocimiento y tratamiento de la neurodegeneración.

-¿Cómo ha afectado el confinamiento y las medidas de seguridad -mascarillas, distancia, higiene, etc.- a los pacientes de Alzheimer? ¿Hasta qué punto son conscientes de lo que está pasando?

-Los primeros momentos fueron muy complicados para cuidadores y familiares. Los pacientes con deterioro cognitivo precisan de una rutina diaria establecida con pautas concretas. De la noche a la mañana dejaron de ir al centro de día, perdieron las rutinas de salidas a la calle y se modificaron las pautas previas. Todo eso generó ansiedad, estrés y desorientación. En ocasiones empeoraron los síntomas cognitivos y conductuales y supusieron un problema para los cuidadores. Respecto a la comprensión de la situación, los pacientes con deterioro leve o moderado rápidamente son conscientes del nuevo entorno. Eso no elimina la difícil adaptación al cambio y la ansiedad generada por todo ello.

-¿Se ha visto alterada su atención o sus cuidados en estos meses?

-En la inmensa mayoría tuvieron que dejar los programas de estimulación cognitiva al abandonar los centros de día. En otros casos, se redujo el ejercicio físico o las actividades en casa de estimulación. Por lo tanto, todo ello generó un impacto en las terapias no farmacológicas y hábitos de vida saludables que estos pacientes realizaban.

-Supongo que, como colectivo y al estar muchos en residencias, habrá padecido más mortalidad. ¿Hay datos al respecto?

-No disponemos de datos directos, pero sí es conocido por estudios previos que entre el 70-80% de los ancianos institucionalizados en residencias tienen deterioro cognitivo, por lo que es obvio que representó un impacto significativo. Por otro lado, en un estudio realizado por nuestro equipo de Neurología en el Hospital 12 de Octubre de Madrid encontramos que el 30% de los fallecidos por covid presentaban deterioro cognitivo previamente al ingreso. Todo ello sugiere que el deterioro cognitivo ha sido un factor de riesgo para una infección por covid más severa.

-¿Qué nuevas medidas para el cuidado de estos pacientes, ya mayores, podemos extraer tras la experiencia de la pandemia?

-Creo que es clave desarrollar un plan de contingencia para las situaciones de confinamiento y de limitación de acceso a los servicios sanitarios. Los cuidadores de pacientes con deterioro cognitivo confinados deberían tener canales específicos de comunicación con centros de salud y los servicios hospitalarios. La situación vivida generó frustración y una sensación de aislamiento que hay que evitar en la medida de lo posible en le futuro.

-Hasta ahora no hay tratamientos válidos contra el Alzheimer. Y además el coronavirus habrá frenado muchas investigaciones. ¿Se espera alguna novedad a corto o medio plazo?

-La pandemia ha supuesto la interrupción de algunos ensayos clínicos, aunque se ha podido volver a trabajar mediante teleconsultas en muchos casos. La investigación para encontrar un tratamiento que modifique el curso de la enfermedad ha sufrido una profunda crisis en los últimos años. La mayoría de los ensayos frente a la acumulación de beta-amiloide, uno de los elementos presentes en el cerebro de estos pacientes, han fracasado. En estos momentos se trabaja en evitar y retirar la acumulación de proteína tau, otro de los elementos que se encuentran depositados de forma patológica en esta enfermedad. Además, en los últimos años hay evidencias que apuntan hacia teorías infecciosas e inflamatorias de la enfermedad. En esa línea hay algunos ensayos clínicos prometedores, pero estamos todavía en las primeras fases.

-¿Ha mejorado nuestro país en los últimos años en centros o unidades especializados o en personal más entrenado para la atención del Alzheimer?

-Sin ninguna duda, ha mejorado claramente el conocimiento y los dispositivos asistenciales en la última década. Sin embargo, esta mejora ha sido desigual entre comunidades autónomas y entre centros. Es necesario una distribución homogénea de unidades especializadas y de personal formado para ello. Además, hacen falta dispositivos socio-sanitarios entrenados en estimulación cognitiva en todas las comunidades que faciliten el acceso independientemente de dónde viva el paciente.

#Día Mundial del #Alzheimer 2019: El 35% de los casos se asociarían con 9 #factores de riesgo modificables

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Controlar 9 factores de riesgo modificables podrían ayudar a reducir un tercio de los casos de Alzheimer, según los últimos estudios epidemiológicos. El 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzheimer.

 

El 35 por ciento de los casos de Alzheimer podrían relacionarse con la presencia de nueve factores de riesgo modificables, según ha explicado a DM Raquel Sánchez-Valle, secretaria del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología, a DM a propósito del Día Mundial del Alzheimer, que se celebra este sábado 21 de septiembre.

De esta forma, controlar la diabetes, la hipertensión arterial, la obesidad, el tabaquismo, el sedentarismo, la depresión, la inactividad cognitiva, la hipoacusia y el aislamiento social podrían prevenir entre 1 y 3 millones de casos de Alzheimer en el mundo, según apuntan estudios epidemiológicos.

“Si consiguieramos controlar esos factores de riesgo modificables podríamos reducir la incidencia de la enfermedad de Alzheimer en un tercio. Sabemos que pueden darse en edades muy precoces, como la escolarización, en edades medias y avanzadas, donde se puede incidir en el control del peso, de la diabetes o en la práctica del ejercicio físico…”, ha añadido Sánchez-Valle.

Sánchez-Valle se refiere a que cada factor tiene un peso sobre el Alzheimer en función de la edad. Por ejemplo, ya hay evidencia de que un nivel de educación más bajo, que se adquiere desde edades tempranas, tienen un mayor riesgo de desarrollar la patología. “Esto no ocurre tanto en la población española porque tenemos un alto nivel de alfabetización. En la edad media, la hipertensión y la obesidad y la perdida de audición, contribuyen al desarrollo tardío del Alzheimer, mientras que en edades más avanzadas el tabaquismo, el sedentarismo, la diabetes , la depresión o el aislamiento social son los factores de riesgo” con mayor impacto.

En esta misma línea de fomentar la prevención del Alzheimer y aumentar la conciencia social sobre los estilos de vida que pueden adaptarse para ello, la Fundación Pasqual Maragall continua con su campaña de concienciación Cuando te cuidas, el Alzheimer da un paso atrás.

No obstante, una vez instaurada la enfermedad, aún hay que tener en cuenta los factores asociados a un estilo de vida saludable y favorecer la práctica de actividad física, que permite mejorar el estado físico y conductual, la calidad de vida y obtiene beneficios motores, mientras que evitar el aislamiento social también es una forma de enlentecer la enfermedad.

Ondas electromagnéticas contra la desmemoria

La compañía de Arizona NeuroEM Therapeutics publica en Journal of Alzheimer’s Disease los resultados de un ensayo clínico en ocho pacientes que muestra la reversión del deterioro cognitivo en pacientes con Alzheimer leve a moderado después de solo dos meses de tratamiento con un dispositivo que emite ondas electromagnéticas transcraneales. El dispositivo tiene varios emisores que se activan secuencialmente y lo puede controlar fácilmente el cuidador. Permite una movilidad casi completa para las tareas domésticas.

En 2020 se espera contar con más datos cuando finalice el estudio Dian (Dominantly Inherited Alzheimer Network ) un estudio multicéntrico e internacional en sujetos con Alzheimer genético cuyo objetivo es prevenir la aparición de la patología, que coordina en su participación española Sánchez-Valle desde Hospital Clínico de Barcelona, tras cuatro años de seguimiento.

Detección precoz del deterioro cognitivo

Precisamente para detectar el deterioro cognitivo ligero antes de que se instaure la enfermedad de Alzheimer, la Sociedad Andaluza de Neurología (SAN) ha presentado la guía Recomendaciones para el manejo del Deterioro Cognitivo,  editada por Félix Viñuela, responsable del Grupo de Trabajo de Deterioro Cognitivo de la SAN, y en la que han participado más de una decena de neurólogos. “Esta guía constituye una herramienta esencial para que los profesionales sanitarios puedan realizar correctamente la tarea del diagnóstico precoz de las demencias”, ha explicado Viñuela.

A propósito del Día Mundial del Alzheimer, la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) quiere poner en valor el trabajo multidisciplinar para tratar adecuadamente a la persona con Alzheimer. José Augusto García Navarro, presidente de la SEGG, ha llamado la atención sobre el abordaje de los pacientes que con frecuencia presentan otras condiciones crónicas en las cuales, es necesaria una visión integradora que incluya la valoración física, cognitiva, funcional, social y emocional centrada en la persona y en sus necesidades cambiantes.

El Alzheimer en España

Según la SEN en España 800.000 personas sufren Alzheimer. Esta patología no solo es la principal causa de demencia en el mundo, sino también la enfermedad que mayor discapacidad genera en personas mayores en España y, por lo tanto con uno de los mayores gastos sociales.

El coste medio de un paciente con Alzheimer oscila entre 17.100 y 28.200€ por paciente y año. Un coste, que aumenta con el empeoramiento cognitivo, llegando hasta los 41.700€ en los casos graves y, en los que una parte de los pacientes precisan institucionalización. La SEN estima que el coste total en España del tratamiento en pacientes mayores de 65 años es de unos 10.000 millones de euros anuales, lo que viene a representar el 1,5% del producto interior bruto nacional.

En España, entre un 3 y un 4% de la población de entre 75 y 79 años está diagnosticada de Alzheimer, unas cifras que aumentan hasta el 34% en mayores de 85 años. Además, la SEN estima que alrededor del 15% de la población mayor de 65 años padece deterioro cognitivo leve y que, en el 50% de los casos, sería debido a la enfermedad de Alzheimer.

Sánchez-Valle ha recordado que los dos últimos gobiernos han planteado la creación de un Plan Nacional de Alzheimer, una estrategia que se espera se ponga en marcha con la formación del próximo gobierno.

Ante los cuidados especiales que requieren los pacientes con Alzheimer, Serafín Romero, presidente de la Fundación para la Protección Social de la Organización Médica Colegial, ha afirmado que “consideramos que las prestaciones para apoyar tanto al enfermo como a su cuidador debían ser parte fundamental de nuestro catálogo de prestaciones”.

Un algoritmo de IA ayuda a identificar la fase preclínica del Alzheimer

Un equipo del Barcelonaβeta Brain Research Center (BBRC), el centro de investigación de la Fundación Pasqual Maragall, ha desarrollado un algoritmo de inteligencia artificial que, a partir de imágenes de resonancia magnética, facilita la identificación de personas candidatas a estudios de prevención de la enfermedad de Alzheimer. El proyecto ha sido uno de los 21 seleccionados de un total de 102 proyectos presentados al programa CaixaImpulse de La Caixa, que cuenta con la colaboración de Caixa Capital Risc y EIT Health.

“El proyecto prevé realizar una prueba de concepto en un entorno del mundo real y nos permitirá estudiar qué valor puede tener nuestra tecnología para la sociedad”, explica el Dr. Juan Domingo Gispert, jefe del grupo de Neuroimagen del BBRC y líder del proyecto. Esta prueba de concepto se hará a partir de datos recogidos de la cohorte Alfa+, que está formada por participantes del Estudio Alfa, impulsado por ”la Caixa”.

El nuevo algoritmo desarrollado por el equipo de Gispert permite identificar a personas con niveles anómalos de beta amiloide a partir de imágenes de resonancia magnética del cerebro, una técnica menos invasiva que las pruebas estándar -punción lumbar y tomografía por emisión de positrones (PET)-.

“Esta tecnología permite identificar qué personas necesitan realmente las pruebas estándar, que se realizan tras la resonancia, y en qué casos se pueden evitar”, ha dicho Gispert. Así, es posible detectar qué personas se pueden beneficiar de ensayos clínicos de prevención de forma más rentable. El uso de esta metodología permitirá reducir un 67% de las pruebas selectivas innecesarias y hasta un 50% los costes de reclutamiento de personas por estos estudios.

#Los niveles de #hemoglobina glucosilada en #pacientes con diabetes están asociados al #deterioro cognitivo

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Los pacientes con diabetes, determinados por niveles de hemoglobina glucosilada (HbA1c) más altos que lo normal, muestran mayores aumentos en el deterioro cognitivo en 10 años, en comparación con aquellos con glucosa en sangre normal, lo que sugiere que un buen control de la glucosa podría ayudar a retrasar la posible progresión a la demencia.[1]

“Hasta donde sabemos, este es el primer estudio prospectivo de la asociación entre la diabetes (evaluada mediante niveles de HbA1c) y el deterioro cognitivo que analiza los datos de más de tres evaluaciones cognitivas en el tiempo”, escriben los autores.

La asociación entre la diabetes y la demencia es bien conocida, sin embargo, se carece de evidencia sobre el vínculo entre la diabetes, el papel de la HbA1cy el deterioro cognitivo, que puede ocurrir años antes de la demencia.

El estudio fue publicado en versión electrónica el 25 de enero en Diabetologia, la revista de la European Association for the Study of Diabetes, por Fanfan Zheng, Ph. D., de la Chinese Academy of Sciences, en Beijing, China y del Institute of Cognitive Neuroscience del University College London, en Londres, Reino Unido, y sus colaboradores.

En comparación con las mediciones individuales de glucosa en ayunas o poscarga, la HbA1c ha ganado terreno en el diagnóstico y manejo de la diabetes, mostrando una mayor fiabilidad en la predicción de diabetes e indicando los niveles promedio de glucosa circulante en los últimos 2 a 3 meses, señalan los autores.

Más de 3 evaluaciones cognitivas en 10 años

Para realizar un análisis más detallado, los investigadores evaluaron los datos de 5.189 participantes de 50 años o más inscritos en el estudio ELSA (estudio longitudinal inglés del envejecimiento); en el estudio se evaluó la función cognitiva al inicio, entre 2004 – 2005 (tiempo 2), y cada 2 años hasta 2014 – 2015 (tiempo 7).

Los participantes tenían una edad media de 66 años, y 55% eran mujeres. Los niveles de HbA1c basales variaron de 3,6% a 13,7% (15,9 a 126,3 mmol/mol). La diabetes se definió como un nivel de HbA1c de 6,5% (48 mmol/mol) o mayor.

Con un seguimiento promedio de 8,1 años y una media de 4,9 evaluaciones cognitivas, los resultados mostraron que cada incremento de 1 mmol/mol en HbA1c se asoció con una mayor tasa de disminución en las puntuaciones z globales cognitivas (-0,0009 desviación estándar/año), puntuaciones z de la memoria (-0,0005 desviación estándar/año), y puntuaciones z de la función ejecutiva (-0,0008 desviación estándar/año).

Las disminuciones se observaron después del ajuste por diversos factores, que incluyeron edad, género, niveles de colesterol, índice de masa corporal, educación, síntomas depresivos, consumo de tabaco y alcohol, hipertensión, enfermedad coronaria, accidente cerebrovascular y cáncer.

En comparación con el deterioro cognitivo visto como parte normal del envejecimiento durante el estudio en aquellos sin diabetes, la tasa de deterioro cognitivo después del ajuste multivariable en aquellos con prediabetes (definida como una HbA1c de 38,8 – 46,4 mmol/mol [5,7% – 6,4%]) fue de -0,012 desviación estándar/año, mientras que la tasa de disminución para aquellos con diabetes manifiesta (HbA1c ≥ 6,5%) fue de -0,031 desviación estándar/año (p < 0,001, para la tendencia).

Las tasas de disminución en la memoria, la función ejecutiva y las puntuaciones z de orientación también fueron mayores con la diabetes.

“Además, los niveles de HbA1c se asociaron linealmente con el deterioro cognitivo posterior en la memoria y la función ejecutiva (pero no en la orientación), independientemente del estado de la diabetes al inicio del estudio”, señalan Zheng y sus colaboradores.

La intervención temprana para tratar la diabetes podría ayudar a prevenir el deterioro cognitivo

En términos de posibles mecanismos subyacentes del vínculo entre diabetes y deterioro cognitivo, alguna evidencia apunta a que la fluctuación glucémica tiene un efecto más fuerte sobre el deterioro cognitivo en comparación con la hiperglucemia sostenida, posiblemente a través de efectos sobre la función endotelial y la inducción del estrés oxidativo.

Además, la diabetes se ha asociado con el deterioro cognitivo posterior a través de mecanismos directos, como inducir la acumulación de amiloide, y mecanismos indirectos, incluido el aumento de la enfermedad microvascular del sistema nervioso central, potencialmente jugando un papel clave en la demencia vascular, señalan los autores.

“Se ha demostrado que incluso una disminución modesta en la función cognitiva podría resultar en un deterioro cognitivo sustancialmente mayor a lo largo de varios años”, dicen.

Si bien el estudio se ajustó de acurdo a las numerosas comorbilidades conocidas de la diabetes que podrían vincularse con el desempeño cognitivo, como depresión, obesidad e hipertensión, las investigaciones indican que el tratamiento de los factores de riesgo modificables para la demencia, incluida la diabetes, se ha asociado con la prevención de hasta una cuarta parte de los casos de demencia.

“Como actualmente no hay cura para la demencia… nuestros hallazgos sugieren que las intervenciones que retrasan el inicio de la diabetes, así como las estrategias de tratamiento para el control de la glucosa, podrían ayudar a aliviar la progresión del declive cognitivo a largo plazo”, subrayan Zheng y sus colaboradores.

“Se requieren estudios futuros para determinar los efectos de mantener un control óptimo de la glucosa sobre la tasa de deterioro cognitivo en personas con diabetes”, concluyen.

Los autores han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

#Las #verduras verdes frondosas se vinculan a un menor #deterioro cognitivo

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Consumir una ración de verduras de hojas verdes cada día ayuda a ralentizar el deterioro cognitivo que acompaña al envejecimiento, señala un nuevo estudio publicado en Neurology.[1]

En el estudio prospectivo de una población de una comunidad estadounidense de edad avanzada, el consumo de verduras verdes frondosas se relacionó linealmente con un deterioro cognitivo más lento.

La tasa de deterioro en los que consumían una o dos raciones por día fue equivalente a 11 años de edad menos, en comparación con los que raras veces o nunca consumían verduras verdes frondosas, afirman los investigadores.

La investigación de los nutrientes para los cuales las verduras verdes frondosas son una fuente rica o primaria, indicó que las mayores ingestas de ácido fólico, filoquinona y luteína se relacionaban individualmente en forma lineal con un deterioro cognitivo más lento, y al parecer explicaron la correlación protectora de las verduras verdes frondosas con el cambio cognitivo.

“Esto se suma a la evidencia previa que indica que las verduras verdes frondosas pueden lentificar el deterioro cognitivo, pero la hemos llevado un paso más adelante al investigar cuáles nutrientes de estas verduras pueden intervenir en la relación protectora”, comentó a Medscape Noticias Médicas la autora principal, Martha Clare Morris, doctora en ciencias, de la Rush University, en Chicago, Estados Unidos. “Y hemos identificado varios que parecen ser importantes: algunos de los cuales no se sabía que se relacionaban con la salud cerebral”.

“Nuestro principal mensaje es que las verduras verdes frondosas contienen muchos nutrientes buenos, varios de los cuales están relacionados con una mejor función cognitiva”, añadió, “así que este es un alimento que definitivamente debería ser una parte fundamental de la dieta de todas las personas, sobre todo las de edad avanzada”.

Otros expertos en el campo se mostraron entusiastas en torno a los hallazgos.

“Este estudio se suma a la evidencia rápidamente evolutiva y convincente de que cuando se trata de salud cerebral, se es lo que se come”, dijo Richard Isaacson, de Weill Cornell Medicine, en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos. “Desde una perspectiva clínica práctica, la ingesta regular de verduras verdes frondosas debería ser una parte estándar de un paradigma de reducción del riesgo para retrasar el deterioro cognitivo durante toda la vida”.

El Dr. Yiang Gu, de la Columbia University y el Taub Institute for Research on Alzheimer Disease and the Aging Brain, en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, añadió: “Este es un estudio muy interesante que se suma a la literatura existente sobre el rol beneficioso que desempeñan las verduras en la lentificación del deterioro cognitivo. En general, creo que los resultados de estudios longitudinales como este pueden ser muy alentadores en cuanto a mejorar nuestra estrategia alimentaria para evitar el deterioro cognitivo o incluso la demencia en adultos mayores”.

“Podría ser todavía prematuro, no obstante, recomendar que se incremente la ingesta de verduras verdes frondosas, sin confirmación adicional en los estudios de intervención”, advirtió el Dr. Gu. “Además, también puede ser necesario tomar en cuenta la ingesta de otros alimentos. Aumentar la ingesta de verduras al mismo tiempo que se incrementa la ingesta de “malos alimentos” podría no ser tan útil”.

El Dr. Joseph Quinn, de la Oregon Health and Science University, en Portland, Estados Unidos, calificó al estudio como un “buen trabajo de un grupo excelente de investigadores”.

“Tu mamá estaba en lo correcto”, dijo el Dr. Quinn. “Come tus vegetales, sobre todo los de hojas verdes”.

En el presente estudio participaron 960 individuos que formaron parte del Rush Memory and Aging Project, que incluye voluntarios de más de 40 comunidades de jubilados, unidades de albergue público para ancianos, e iglesias y centros para ancianos en el área de Chicago. Los participantes no tenían demencia al ser reclutados y se sometieron a evaluaciones clínicas anuales y cuestionarios sobre la frecuencia de alimentos.

La edad promedio de los participantes era 81 años, 74% eran mujeres y tenían una escolaridad media de 14,9 años. La media de seguimiento fue 4,7 años.

La ingesta de verduras verdes frondosas fluctuó desde una media de 0,09 raciones por día para los del quintil más bajo de ingesta, a una media de 1,3 raciones por día para el quintil más alto.

En promedio, la muestra tuvo una disminución de las puntuaciones cognitivas generales en el curso del tiempo a una tasa de 0,08 unidades estandarizadas por año.

En un modelo lineal mixto ajustado para edad, género, escolaridad, participación en actividades cognitivas, actividades físicas, tabaquismo y consumo de mariscos y de alcohol, el consumo de verduras verdes frondosas se relacionó con un deterioro cognitivo más lento. La tasa de deterioro para los del quintil de ingesta más alto fue más lenta en una β = 0,05 unidades estandarizadas (p = 0,0001), en comparación con los del quintil más bajo: el equivalente a tener 11 años de edad menos.

No hubo ninguna evidencia de que la relación fuese mediada por trastornos cardiovasculares, y en los análisis adicionales ajustados para síntomas depresivos, bajo peso corporal (índice de masa corporal [IMC] ≤ 20) y obesidad (IMC ≥ 30), condiciones que pueden ser causas y efectos de los procesos de demencia, la estimación del efecto se mantuvo sin cambios y estadísticamente significativa (β para el Q5 frente el Q1 = 0,04, p < 0,001).

Los investigadores también encontraron que las fuentes alimentarias de ácido fólico, filoquinona, luteína, nitrato, α-tocoferol y kaempferol se relacionaron individualmente de manera positiva y significativa con tasas más lentas de deterioro cognitivo. Se observó una relación más débil con la ingesta alimentaria de β-caroteno.

Otro análisis demostró que el efecto protector de las verduras verdes frondosas sobre el deterioro cognitivo se reducía y ya no era estadísticamente significativo después del ajuste con respecto a la ingesta de filoquinona, luteína, o ácido fólico, lo que sugiere que estos nutrientes fueron el origen del efecto sobre el deterioro cognitivo.

Para investigar la posibilidad de que los resultados se debiesen al reporte inexacto de la ingesta alimentaria por quienes tenían una alteración cognitiva al inicio, los investigadores excluyeron a 220 individuos que tenían trastorno cognitivo leve al inicio. Sin embargo, las estimaciones del efecto se modificaron en grado mínimo y se mantuvieron estadísticamente significativas.

Los resultados también persistieron igual después de excluir a 144 participantes cuyo consumo de verduras verdes frondosas aumentó o disminuyó durante el estudio.

Los autores señalan que sus hallazgos son respaldados por dos extensos estudios prospectivos a gran escala que analizaron las relaciones de diferentes tipos de verduras sobre el deterioro cognitivo. En ambos estudios, el consumo de verduras  verdes frondosas, como espinaca, col rizada, berza y lechuga, tuvieron la máxima relación con la lentificación del deterioro cognitivo.

Dicen que los nutrientes que se sugieren como protectores en este estudio pueden tener mecanismos de acción independientes que protegen de manera sinérgica al cerebro. Puntualizan que los niveles séricos de carotenoides se han relacionado con lesiones menos graves en la sustancia blanca periventricular, sobre todo en fumadores de edad avanzada. Se ha demostrado que la luteína disminuye la peroxidación de fosfolípidos en los eritrocitos humanos y atenúa el estrés oxidativa y la disfunción mitocondrial, así como la neuroinflamación. Además, el ácido fólico inhibe la fosforilación de tau y otras alteraciones patológicas que ocurren en la enfermedad de Alzheimer.

El estudio fue respaldado por las becas R01 AG031553 y R01 AG17917 y el acuerdo cooperativo 58-1950-7-707 con el US Department of Agriculture Agricultural Research Service. Los investigadores han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

El deterioro cognitivo en las mujeres comienza en la edad adulta media

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Pauline Anderson

En las mujeres, la agudeza mental, sobre todo la velocidad de procesamiento, comienza a disminuir desde los 50 años, muestra un estudio longitudinal extenso.[1]

A diferencia de investigación previa, el nuevo estudio efectuó el control con respecto a síntomas menopáusicos y “efectos de la práctica”, que pueden ocurrir con las pruebas repetidas de los mismos individuos que utilizan las mismas pruebas.

Dr. Arun S. Karlamangla

Los hallazgos indican que los problemas cognitivos que presentan las mujeres de edad adulta media son una parte normal del proceso de envejecimiento, manifestó el autor principal, el Dr. Arun S. Karlamangla, profesor de medicina en la división de geriatría, de la Escuela de Medicina David Geffen, en la Universidad de California, Estados Unidos.

“No se sorprendan cuando sus pacientes de género femenino de 50 años acudan y manifiesten que están olvidando dónde dejan las llaves. Esto es envejecimiento cognitivo, el cual es muy común, frecuente, y es parecido al envejecimiento de otros órganos y sistemas. No se trata de un precursor de demencia”, manifestó el Dr. Karlamangla.

El estudio fue publicado el 3 de enero en la versión electrónica de PLOS ONE.[1]

Datos longitudinales

La mayor parte de los estudios previos de la disfunción cognitiva se ha llevado a cabo en individuos mayores o se han utilizado comparaciones transversales, por tanto, los resultados no suelen ser fiables, comentó el Dr. Karlamangla. “En muy pocos estudios longitudinales se ha analizado el funcionamiento cognitivo a una edad adulta media”.

El nuevo estudio longitudinal contó con la participación de 2124 mujeres del estudio SWAN (Estudio de la Salud de las Mujeres de toda la Nación), un análisis basado en la población de mujeres a una edad adulta media de siete centros de Estados Unidos. Al ingresar en el estudio, las participantes en SWAN tenían un rango de edad de 42 a 52 años, un útero íntegro, por lo menos un ovario, no utilizaban estrógenos y habían tenido al menos una menstruación en los 3 meses previos.

Después de las consultas iniciales en 1996 y 1997 se efectuó seguimiento anual a las participantes. En las consultas se realizaron pruebas cognitivas. Los resultados de la tercera prueba cognitiva se utilizaron como el inicio para el análisis actual.

Casi la mitad de la muestra del estudio la constituyeron mujeres caucásicas, de las cuales alrededor de una cuarta parte tenía educación de posgrado. La mediana de edad de las participantes era de 54 años y la mitad tenía 2 o más años transcurridos desde la última menstruación.

Comenzar el análisis algunos años después de la menopausia ayudó a hacer el ajuste con respecto a síntomas relacionados con la menopausia, tales como depresión, ansiedad y alteraciones vasomotoras y del sueño, señaló el Dr. Karlamangla.

“Queríamos aislar los deterioros reales relacionados con el envejecimiento después de descartar estos síntomas de la transición menopáusica”, continuó el autor.

Los investigadores crearon una submuestra de 1224 mujeres en quienes se conocía la fecha de la última menstruación. Esta muestra fue muy similar al principal grupo de estudio. Al inicio, en la mitad de estas mujeres habían transcurrido por lo menos 2 años desde la última menstruación.

En las dos muestras el número medio de pruebas cognitivas sobre las cuales se contó con los resultados para el análisis fue 3,4.

Utilizando como inicio la tercera consulta de la prueba cognitiva, los investigadores pudieron minimizar la repercusión de los efectos de la práctica que pueden enmascarar el deterioro cognitivo durante la transición de la menopausia.

“Los efectos de la práctica son más considerables de la primera prueba a la segunda, más pequeños de la segunda a la tercera, y mínimos a partir de entonces”, expresó el Dr. Karlamangla.

Cambios relacionados con la edad

La mediana de la duración del seguimiento fue de 6,5 años para las dos muestras del estudio. Durante este periodo se llevaron a cabo 7185 evaluaciones cognitivas.

Los investigadores evaluaron cuatro dominios cognitivos, entre ellos, la velocidad de procesamiento cognitivo, la memoria episódica verbal y la memoria de trabajo.

Emplearon dos modelos ajustados: un modelo de envejecimiento ovárico, que cuantifica el cambio en el desempeño de la prueba cognitiva en relación con el tiempo transcurrido desde la última menstruación, y un modelo de envejecimiento cronológico, que cuantifica el cambio en el desempeño en la prueba cognitiva en relación con el tiempo transcurrido desde la tercera prueba cognitiva (inicio).

En cada modelo los investigadores evaluaron las diferencias longitudinales en los dominios cognitivos entre mujeres, y también en cada mujer.

En el grupo principal, de cuyas participantes se desconocía la fecha exacta de la menopausia, después del ajuste con respecto a los efectos de la práctica, la transición menopáusica y los síntomas relacionados con la transición menopáusica, las mujeres mostraron disminuciones longitudinales en algún desempeño cognitivo.

La disminución media en las puntuaciones que reflejaban la velocidad de procesamiento cognitivo fue 0,28 puntos por año (IC 95%: 0,20 – 0,36) o 4,9% en 10 años. La media de la disminución en las puntuaciones para la memoria episódica verbal tardía fue 0,02 puntos por año (IC 95%: 0,00 – 0,03) o 2% en 10 años.

A medida que envejecieron las mujeres, experimentaron deterioro cognitivo y otros cambios, como velocidad de ambulación más lenta, disminución de la masa muscular y pérdida de los reflejos.

El Dr. Karlamangla señaló: “Consideramos que esto tan sólo representa cambios relacionados con la edad. A medida que transcurre el tiempo, ocurre cierta degeneración. No es algo por lo que las personas deban preocuparse o sorprenderse”.

En congruencia con estudios previos, los investigadores no encontraron ningún deterioro longitudinal en el recuerdo inmediato o en la memoria de trabajo. Sin embargo, “medidas más sensibles de la memoria episódica y de trabajo podrían mostrar realmente deterioros a una edad adulta media”, afirman los articulistas.

En el modelo de envejecimiento ovárico, en el cual se conocía la fecha de la última menstruación, la tasa de deterioro en cada mujer (efecto del envejecimiento longitudinal) en la velocidad de procesamiento (0,28 puntos por año) fue básicamente idéntica a la diferencia promedio entre las mujeres por la edad en la fecha de la última menstruación (0,31 puntos por año).

“Esto realmente está indicando que no tiene nada que ver con la transición menopáusica, sino simplemente con el transcurso del tiempo”, señaló el Dr. Karlamangla. “Nos está diciendo que hemos hecho un buen trabajo al descartar todos los posibles factores de confusión”.

Sin embargo, en el modelo del envejecimiento cronológico, las diferencias transversales por la edad cronológica en la fecha de las pruebas fueron sustancialmente mayores que los efectos del envejecimiento longitudinal (0,54 puntos por año frente a 0,25 puntos por año).

“Esto significa que algo está ocurriendo, que existen factores de confusión en la comparación transversal que aún no hemos controlado”, puntualizó el Dr. Karlamangla.

Asimismo, el autor señaló que la única diferencia entre el modelo cronológico y el modelo ovárico consiste en que, en el último, los investigadores conocían la fecha de la última menstruación, lo cual indica que la disminución de los estrógenos puede ser un factor faltante que contribuya al deterioro cognitivo.

Una posible forma de desacelerar el deterioro cognitivo es mantener activo el cerebro: el enfoque “utilizarlo o perderlo”, expresó el Dr. Karlamangla.

El investigador también señaló que: “Muchos estudios han demostrado que cuanta más actividad cognitiva se tenga, menos deterioro ocurrirá en los dominios en que se mantiene la misma. Por tanto, si se resuelven muchos crucigramas se continuará con la capacidad para hacerlos bien, lo cual no significa que esto será transferible a otros dominios”.

La actividad física y el control de los factores de riesgo cardiovascular (presión arterial, glucemia y colesterolemia) son otros protectores importantes del cerebro.

Una limitación del estudio fue que no incluyó a hombres. Sin embargo, el Dr. Karlamangla mencionó un estudio previo (Whitehall II) en que también se analizó el deterioro cognitivo en forma longitudinal y reveló que determinados dominios cognitivos se deterioraban en funcionarios públicos, tanto en hombres como mujeres de edad adulta media.

Estudio formidable

Al solicitar un comentario, la Dra. Pauline Maki, PhD, profesora de psiquiatría y psicología, en la Universidad de Illinois, en Chicago Estados Unidos, calificó el estudio de “formidable”.

“Nos indica qué parte de nuestro deterioro cognitivo, a medida que envejecemos, no se debe a la transición a través de la menopausia y sus síntomas”.

Estimar el efecto del envejecimiento cronológico, independientemente del envejecimiento ovárico, “es verdaderamente importante”, y el enfoque de los autores para hacer esto “fue realmente crucial”, expresó la Dra. Maki.

El estudio también demostró cómo ocurre el deterioro cognitivo normal en las mujeres en la edad adulta media.

“Finalmente tenemos esta estimación ― de 5% en 10 años ― y esto es bueno, pues nos indica lo que es normal, a la vez que nos brinda un punto de referencia para comprender lo que podemos esperar”, añadió la Dra. Maki.

Sin embargo, al igual que con toda investigación, los hallazgos deberían reproducirse. “Necesitamos ser muy cautos y asegurarnos de que estamos utilizando las pruebas más sensibles que podamos”, finalizó la Dra. Maki.

SWAN es respaldado con apoyos económicos de National Institutes of Health (NIH), el National Institute on Aging, el National Institute of Nursing Research y la NIH Office of Research on Women’s Health. Los autores han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

La dieta mediterránea puede reducir hasta en dos terceras partes el riesgo de sufrir cáncer de mama (JAMA Intern Med)

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Cuando se suplementa con aceite de oliva virgen extra puede reducir en dos tercios el riesgo de desarrollar estos tumores.

Una investigación española del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn) y coordinada por la Universidad de Navarra ha descubierto el valor preventivo de la dieta mediterránea contra el cáncer de mama, tras observar que cuando se suplementa con aceite de oliva virgen extra puede reducir hasta en dos tercios el riesgo de desarrollar estos tumores en comparación con una dieta baja en grasas.

Además, se vio que cuanto mayor era la ingesta calórica procedente de este tipo de aceite más era el efecto protector. En concreto, por cada 5% se reducía hasta un 28% el riesgo de cáncer de mama.

“Es un hallazgo muy fuerte. Pocas veces tenemos una noticia tan agradable que dar a la sociedad”, ha explicado en rueda de prensa el catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública, Miguel Ángel Martínez-González, coordinador del estudio e investigador del Instituto de Investigación Sanitaria de Navarra (IDISNA).

La dieta mediterránea es conocida por ser rica en verduras, legumbres, pescado y aceite de oliva. Hasta ahora se había estudiado la alimentación como uno de los factores de riesgo prevenibles de estos tumores, el más frecuente en mujeres, pero no había evidencia epidemiológica sobre si había factores dietéticos específicos asociados a un menor riesgo.

El trabajo, que aparece publicado “JAMA Internal Medicine”, se ha basado en un seguimiento de 4,8 años de media a un total de 4.152 mujeres que participaron en el estudio ‘Predimed’, que ha servido para analizar los beneficios de esta dieta para la salud.

De hecho, según ha explicado Jordi Salas, coautor del estudio y jefe de la Unidad de Nutrición Humana de la Universidad Rovira i Virgili de Lleida, se trata de “un nuevo efecto demostrado con alto nivel de evidencia científica” sobre los beneficios de esta dieta.

Análisis previos del estudio ‘Predimed’ ya han demostrado que la dieta mediterránea disminuye la presión arterial, mejora el perfil lipídico, reduce la oxidación y los procesos de inflamación, revierte el síndrome metabólico, disminuye la resistencia a la insulina y previene la diabetes, induce la regresión de la placa de arterosclerosis, reduce el riesgo de fibrilación auricular, previene el deterioro cognitivo y reduce la incidencia de enfermedad arterial periférica y la de enfermedades cardiovascular.

Las participantes, con una edad de entre 60 y 80 años, presentaban un alto riesgo de enfermedad cardiovascular pero no habían desarrollado ninguna al inicio del estudio, y fueron divididas al azar en tres grupos para seguir una dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva virgen extra (1.476 mujeres) o frutos secos (1.285), o bien con una dieta baja en todo tipo de grasas (1.391).

Al finalizar el estudio solo hubo 35 casos de cáncer de mama. Mientras la tasa en el grupo con el extra de aceite de oliva fue de 1,1 casos por cada mil participantes y año, en el grupo de los frutos secos subió hasta el 1,8 y en el grupo control fue de 2,9, lo que muestra “casi el triple de riesgo absoluto de desarrollar estos tumores”, ha señalado Martínez-González.

Los factores de riesgo de cáncer de mama estaban “muy equilibrados” en los tres grupos, tanto hábitos de vida como obesidad, sedentarismo o consumo de tabaco como antecedentes familiares de estos tumores.

Como parte de la dieta mediterránea, se recomendaba el aceite de oliva virgen extra como única grasa culinaria y un alto contenido de verduras, frutas, legumbres, frutos secos, pescado, carne de ave en vez de roja y sofrito al menos dos veces por semana. Asimismo, se desaconsejaba comer carnes rojas, mantequilla, margarina, nata, refrescos azucarados, dulces y pasteles.

Con la diferencia de que en el primer grupo se les regalaba un litro de aceite a la semana y en el segundo se les suplementaba la dieta con 30 gramos al día de frutos secos (15 gramos de nueces, 7,5 gramos de avellanas y 7,5 gramos de almendras). A los pacientes del grupo control, por su parte, se les aconsejaba que bajaran los niveles de cualquier tipo de grasa.

Para ver que se cumplían estas recomendaciones, las participantes tenían entrevistas cada tres meses con dietistas en las que se sometían a un cuestionario de 137 preguntas sobre los alimentos consumidos, al tiempo que se realizaban analíticas de sangre y orina al azar para constatar la presencia de ácidos grasos procedentes del aceite de oliva.

De hecho, mientras que en el grupo del aceite de oliva este alimento representaba el 22% de la ingesta calórica de las participantes, en el grupo de los frutos secos representaba apenas el 12% del total.

La primera autora del estudio y profesora de la Universidad de Navarra, Estefanía Toledo, reconoce que el trabajo tiene “ciertas limitaciones” ya que el número de casos es reducido y no se puede precisar que el efecto protector se deba solo al consumo de aceite de oliva o al total de la dieta mediterránea.

No obstante, ha resaltado, se sabe que el ácido oleico inhibe la expresión de oncogenes y que algunos compuestos presentes en el aceite virgen extra claves frente al desarrollo del cáncer, como el oleocantal, que inhibe el crecimiento y la proliferación celular, la migración celular y la invasividad de las células tumorales en la mama; o la oleuropeína, que aumenta la apoptosis o muerte programada de las células tumorales de la mama.

De hecho, el profesor Martínez-González reconoce que el beneficio está “infraestimado” ya que se ha comparado con una dieta baja en grasas, por lo que si se comparara con la dieta de la población general la disminución del riesgo podría ser incluso mayor.

El problema, ha lamentado Jordi Salas, es que en España “nos estamos alejando progresivamente de la dieta mediterránea” ya que hay estudios que demuestran que esta alimentación es menos seguida por la gente joven y, en cambio, cuenta con más adeptos entre los españoles de más edad.

Los investigadores siguen analizando los resultados del estudio ‘Predimed’ para conocer los beneficios de la dieta mediterránea enriquecida con aceite de oliva frente a otros tumores. Actualmente hay estudios en marcha análisis en cáncer colorrectal, pulmón, próstata y estómago.