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#Usar #mascarilla y #fotoprotección y #beber agua, consejos para un #verano atípico

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Los brotes de contagios de coronavirus están a la orden del día, por lo que desde la botica hay que insistir en disfrutar de las vacaciones pero con precaución.

La fotoprotección es impresndible en verano para prevenir quemadura cutáneas.
La fotoprotección es impresndible en verano para prevenir quemadura cutáneas.

El mensaje debe ser claro desde la farmacia comunitaria: “No podemos relajarnos respecto al cumplimiento de las medidas de prevención sanitaria: las mascarillas, el lavado constante de manos, la distancia social y el sentido común no pueden faltar en nuestro día a día de estos próximos meses”. Al menos así lo cree, Julio Maset, médico de Cinfa.

Bien es cierto que llevar la mascarilla con temperaturas que en algunos puntos de España están alcanzando los 40 grados puede resultar muy incómodo. Es más, “llevarla durante mucho tiempo puede conllevar un aumento del ritmo de la respiración y una mayor sensación de calor, pues se acumula en ellas aire caliente y húmedo“, reconoce el experto. No obstante, insiste en que a los usuarios hay que recomendarles “su uso es generalizado e imprescindible, especialmente en los espacios cerrados y cuando no se pueda mantener la distancia de seguridad”.

Mascarillas a parte, comenta que este contexto actual obliga a ser “más prudentes con el sol, con el fin de prevenir las insolaciones y golpes de calor”. Por eso, el consejo farmacéutico pasa por recordar que es “mejor  salir cuando las temperaturas son más suaves, antes de las 12 de la mañana y después de las 4-5 de la tarde; mantenerse cobijados bajo las sombrillas, toldos o árboles y usar sombrero de ala ancha y gafas de sol, pues eso ayudará a mantenerse frescos, aunque se lleve la mascarilla puesta”, concluye.

Beber agua suficiente es otra de las recomendaciones que se debe seguir este y todos los veranos. Según Maset, es imprescindible “para prevenir la deshidratación, uno de los riesgos que se acentúa con el uso de las mascarillas, por el aumento del sudor que provoca”.

Tome nota

Esto es lo que hay que recordar para transmitir a pie de mostrador.

  • Hay que protegerse frente a la Covid-19, también en vacaciones. Seguir con el lavado frecuente de las manos, la distancia de seguridad, y si se viaja fuera, informarse de los teléfonos de emergencia a los que recurrir en caso de comenzar a sentir síntomas respiratorios que puedan ser compatibles con el coronavirus.
  • Usa correctamente la mascarilla. Secar regularmente el sudor del rostro para evitar que la mascarilla se humedezca muy rápido y cambiarla más a menudo.
  • Busca lugares abiertos porque los cerrados implican mayor facilidad de transmisión del virus. Y si se va a playas o piscinas, respetar siempre los aforos y normas establecidas.
  • Bebe líquido de forma abundante.
  • Protegerse del sol y evitar las horas centrales del día. Se debe recordar que la mascarilla no protege de las radiaciones solares, así que hay que aplicarse en toda la cara un fotoprotector de factor 30 o superior, incluso aunque no se vaya a tomar el sol, ya que un paseo sin protección solar también puede ser origen de quemaduras en la piel.
  • Reaplicarse fotoprotector tras usar gel hidroalcohólico para prevenir manchas y quemaduras.
  • Cuidado con las picaduras. Prescindir de colonias o jabones con aromas demasiado dulces o intensos, ya que atraen a los mosquitos. En las zonas de mayor riesgo, usar ropa ligera que cubra toda la piel -preferentemente de color claro-, recurrir a mosquiteras por la noche y, sobre todo, aplicarse repelente de mosquitos que cuenten entre sus principios activos con la dietiltoluamida (DEET). También es práctico llevar encima un producto para después de las picaduras.
  • Utilizar un calzado flexible y de anchura adecuada a los pies para prevenir la aparición de rozaduras, callos o ampollas.
  • No dejarse puesto el bañador húmedo porque favorece el crecimiento de las bacterias que provocan la cistitis o infección del tracto urinario.
  • Preparar un botiquín con los productos esenciales y la medicación habitual.

#Un decálogo sobre bulos en #fotoprotección ayuda a cuidar mejor de la piel

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Los bulos en fotoprotección son peligrosos, ya que aumentan el riesgo de quemaduras solares y cáncer de piel para todas las personas.

Fotoprotección

Los bulos en fotoprotección aumentan el riesgo de quemaduras solares y cáncer de piel. Por ello, el Instituto #SaludsinBulos (www.saludsinbulos.com) y Asprofa (Asociación de Profesionales de la Farmacia) han editado un Decálogo de bulos en fotoprotección para desmontar las falsas creencias y concienciar sobre el uso correcto de los protectores solares. “Utilizar de forma adecuada un protector solar es la mejor forma de prevenir el cáncer de piel. Sin embargo, las falsas creencias y los bulos sobre las cremas solares reducen la protección frente a la radiación solar y aumentan la probabilidad de contraer un melanoma“, indica Carlos Mateos, coordinador del Instituto #SaludsinBulos.

 

La duración del producto, la necesidad de reaplicarlo tras el baño si es resistente al agua o si debe utilizarse en días nublados son dudas habituales de la población ante la exposición solar, según el decálogo redactado por las farmacéuticas María José Cachafeiro y Beatriz Díaz-Carrasco. “Hay mucho desconocimiento sobre qué significa el FPS y eso permite que se generen bulos y falsas creencias. También hay desinformación sobre los fototipos y la exposición solar. Se cree erróneamente, que las pieles muy morenas o negras, no se queman y, aunque es cierto que no es frecuente también pueden quemarse, además de sufrir otros efectos dañinos de una radiación solar sin protección”, comenta Cachafeiro, secretaria de Asprofa.

Decálogo de bulos en fotoprotección

Los fotoprotectores son válidos de un año para otro (Falso) Los protectores solares una vez abiertos se rigen por el PAO (Periodo After Opening), que es el tiempo, después de su apertura, en el que el producto mantiene sus características. Se representa con un tarro abierto marcando 3M-6M-12M. Además, este índice hace referencia a unas condiciones adecuadas de conservación, que no son a las que suele someterse en su uso habitual en verano, mucho más extremas en humedad y temperatura.

Todos los fotoprotectores son iguales (Falso)

Entre los diferentes productos para protegernos del sol hay diferencias en cuanto a:

• Fotoestabilidad: no es suficiente con que el producto de fotoprotección contenga filtros, si no que estos deben ser lo más estables posible bajo la acción de la radiación solar.
• Fotoprotección: Hay productos que solo protegen frente a la radiación ultravioleta B (UVB), mientras que otros incorporan filtros frente al UVA, el infrarrojo A o la luz visible.
• Remanencia: es la adherencia del producto a la piel.
• Texturas: constituyen una diferencia fundamental ya que aunque los filtros son importantísimos, el mejor solar es que se utiliza, y el uso depende en gran medida de que la textura del producto se adapte a nuestros gustos y preferencias.

El factor de protección (SPF) indica el tiempo de protección (Falso)

El SPF refleja cuantas veces más podemos estar expuestos al sol, para producir el mismo efecto de eritema o enrojecimiento, que si no hubiéramos aplicado el protector solar. Es decir, si el primer día que nos ponemos al sol aguantamos 10 minutos sin quemarnos, con un protector solar del 30, podríamos aguantar 30 veces más. Este índice se refiere sólo a la protección frente a los rayos UVB.

Existen protectores que bloquean el 100% de la radiación (Falso)

Ningún fotoprotector bloquea el 100% de las radiaciones, ni siquiera mezclando diferentes filtros lograremos bloquear la radiación por completo.

Dos cremas protectoras suman su actividad (Falso)

Si aplicamos un producto con SPF 20 y otro con SPF 30 no lograremos protegernos el equivalente a un producto con SPF 50. Solo conseguiremos la protección que nos confiere el producto con un SPF mayor.

Con una aplicación diaria de factor de protección es suficiente (Falso)

La permanencia en la piel de un solar es como máximo de 2 horas. Por ello, es necesario reaplicarse la crema cada 2h. Al igual que tras baños de más de 20 minutos, si existe una sudoración excesiva o si ha habido fricción en la zona como al jugar con la arena, secarse con la toalla, etc.

En invierno y los días nublados no es necesario aplicar un protector solar (Falso)
La radiación solar atraviesa las nubes, por lo que actúa aunque no tengamos la sensación de calor. Si queremos protegernos bien del sol también debemos aplicar protección en las zonas expuestas también cuando está nublado y en invierno.

Si me aplico protector solar, no me pongo moreno (Falso)

No existe la protección 100%, por lo que siempre habrá una cantidad de radiación solar que nos incida en la piel y que active el sistema de protección natural del cuerpo, la producción de melanina. Estar moreno significa que nuestra piel está siendo agredida por la radiación solar y está fabricando melanina para intentar protegerse, por lo que cualquier grado de bronceado indica que se ha producido daño solar y no es un buen signo.

La piel morena (o raza negra) no se quema y no necesita aplicar protector(Falso)

La población de raza negra, o los fototipos más altos, tienen una mayor facilidad para broncearse y una mayor cantidad de melanina del tipo “Eumelanina” que tiene un tono más oscuro. Es cierto que se queman con menor facilidad, pero eso no quiere decir que su piel no sufra los efectos dañinos del sol. La radiación solar produce daños en todos los tipos de piel.

No hace falta reaplicar las cremas resistentes al agua (Falso)

Según la regulación actual, todos los protectores deben aguantar al menos un baño de 20 minutos. Algunos, duran más tiempo, y lo indican en sus envases con los términos: water resistant: aquellos que demuestran eficacia tras un baño de 40 minutos; y waterproof o very water resistant: aquellos que continúan siendo eficaces tras un baño de 80 minutos. De todos modos, la recomendación más adecuada es que tras el baño, se reaplique el producto de protección, sobre todo si te has secado con la toalla.

#Las insuficiencias de la #fotoprotección

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A diferencia de los fármacos, los protectores solares no están respaldados por ensayos rigurosos sobre su eficacia y seguridad. No significa que no sean útiles, pero tampoco son escudos invencibles.

Todos los veranos, autoridades sanitarias, dermatólogos, fabricantes de fotoprotectores, de gafas solares, chanclas y sombrillas recuerdan la necesidad de protegerse del sol. Para un observador imparcial -un extraterrestre que asistiera por primera vez al espectáculo-, el panorama le parecería algo incongruente: miles de personas que inundan playas y piscinas para tomar el sol y broncearse pero que embadurnan sus cuerpos para evitar los peligrosos rayos ultravioletas; algo así como sentarse vestido con una armadura frente a un fiero león. Paradojas del ser humano que inventa sin cesar formas de paliar sus excesos placenteros.

En la Grecia clásica ya usaban aceite de oliva contra las quemaduras, y los antiguos egipcios, una mezcla de extractos de arroz, jazmín y plantas de lupino. El ungüento antisolar de óxido de zinc se utilizaba en la medicina hindú y lo mencionan Dioscórides y Avicena. Los primeros protectores solares sintéticos aparecieron en 1928 y el primero que se comercializó lo introdujo en 1936 el fundador de L’Oreal, el químico francés Eugène Schueller. En 1944 el aviador y farmacéutico estadounidense Benjamin Green elaboró el Red Vet Pet para los soldados del Pacífico, que Coppertone mejoró y popularizó años después. En 1946, el químico austriaco Franz Greiter presentó Gletscher Crème (Crema para glaciares), base de la empresa Piz Buin, llamada así en honor a la montaña en la que Greiter acabó con algunas quemaduras. En 1974, Greiter adaptó los cálculos previos de Friedrich Ellinger y Rudolf Schulze e introdujo el ‘factor de protección solar’ (SPF), que se ha convertido en el estándar mundial. La Gletscher Crème parece que tenía un SPF de 2. Desde entonces, esta industria no ha dejado de prosperar gracias a la moda de los baños de sol.

A pesar del uso cada vez más generalizado de la fotoprotección, el cáncer de piel sigue en aumentocasi 100.000 casos al año en España y unos tres millones en Estados Unidos. Por fortuna, la mayor parte son carcinomas espinocelulares o basocelulares, menos letales que los melanomas, a su vez altamente curables si se detectan a tiempo. Aunque reduzca el peligro de cáncer de piel, la fotoprotección, en contra de lo que algunos piensan, no está específicamente destinada a ese cometido, sino a evitar las quemaduras por la exposición excesiva. Sociedades médicas y expertos, según se recoge este mes en la revista Undark, advierten por eso de que no se debe usar la protección solar como si fuera un escudo invencible. Sobre todo porque no hay pruebas sólidas de esa prevención del cáncer de piel, como concluía en febrero pasado una revisión de la Universidad de Connecticut publicada en Journal of the American Academy of Dermatology: “Solo hay cuatro estudios prospectivos sobre el papel de la protección solar en la prevención del cáncer de piel”, escribían los dermatólogos Reid A. Waldman y Jane M. Grant-Kels.

Su análisis encontró pruebas de que la fotoprotección previene los carcinomas espinocelulares, pero no los basocelulares. Solo un estudio abordaba el melanoma, y en él, las personas que se aplicaban protección solar diariamente durante los cuatro años del ensayo tenían un riesgo del 1,5% de desarrollar melanoma diez años después frente al 3% de las que no se protegieron, una diferencia no muy significativa. Quizá porque en el melanoma, como en otros cánceres, influyen la genética, los nevos o lunares, los patrones de exposición solar (regular, intermitente, de alta intensidad, etc.), la tonalidad de la piel y las mutaciones aleatorias.

Estudios sobre seguridad y efectividad en fotoprotección

Waldman culpa del aumento de cánceres de piel en el último medio siglo a las cabinas bronceadoras de rayos UV, al mayor número de veraneantes y al fenómeno conocido como ‘abuso de protección solar’: el empleo de un SPF de 50 o superior puede hacer creer a la gente que está protegida, aumentando así su tiempo de exposición solar y, por tanto, el riesgo de cáncer de piel. Nadie duda de la necesidad de la fotoprotección en la piel expuesta, pero la ciencia que la rodea no es tan rigurosa como la de los medicamentos. En un editorial publicado el mes pasado en la revista JAMARobert Califf, de la Universidad de Duke, y Kanade Shinkai, de la Universidad de California en San Francisco y director de JAMA Dermatology, afirmaban que “los usuarios de protectores solares suponen que las compañías que fabrican y venden estos productos han realizado estudios básicos sobre su seguridad y efectividad”, cosa que no es muy cierta. En el mismo número de JAMA, un equipo de farmacólogos de la FDA estadounidense comprobó en 24 adultos que cuatro ingredientes activos que se usan en los filtros solares (avobenzona, ecamsule, octocrileno y oxibenzona) se absorben en el torrente sanguíneo en niveles que exceden los umbrales establecidos por la FDA, lo que apoya la necesidad de estudios adicionales, sin que signifique que las cantidades absorbidas sean dañinas.

Ya se sabía que algunos de estos ingredientes provocan reacciones alérgicas y otros, como la oxibenzona, afectan a las hormonas sexuales (parece además que la disolución de estas cremas en los mares altera el metabolismo de la fauna acuática). En febrero, la FDA propuso nuevas regulaciones que obligarían a los fabricantes a analizar 12 ingredientes para ver si se absorben en la sangre por encima de un umbral específico. Si lo son, como lo sugiere el citado estudio, los fabricantes deberán efectuar pruebas para ver si aumentan el riesgo de cáncer o causan problemas reproductivos o de desarrollo. La FDA también ha clasificado al óxido de zinc y al dióxido de titanio, utilizados en los filtros solares minerales, como “seguros y efectivos”, eximiéndolos de pruebas adicionales pues no penetran en la piel. Las nuevas reglas estadounidenses, que ya se aplican en Europa, también exigen que los productos con un SPF de 15 o más proporcionen protección de amplio espectro, es decir, contra la radiación UVA, que penetra más profundamente en la piel, y la UVB, la de las quemaduras. Las incertidumbres no deben disuadir ni mucho menos de usar el ungüento veraniego, pero sí alentar investigaciones que consoliden y mejoren la eficacia y seguridad de los fotoprotectores.

Una de cada tres mujeres mayores de 25 años puede padecer algún problema de acné

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Hay que ser disciplinado con el tratamiento.

Hay que ser disciplinado con el tratamiento.

Hasta el 30% de las mujeres mayores de 25 años padece acné, por tanto, aunque está presente sobre todo en un cuarto de los jóvenes de entre 19 y 24 años, los datos muestran que no solo es un problema de la población adolescente, según han destacado expertos presentes en la I Jornada sobre Nuevos Avances en el Acné.

En el encuentro, organizado por la Universidad de La Rioja (UNIR) en Madrid, la Dra. Cristina García Millán, dermatóloga del Grupo de Dermatología Pedro Jaén, ha recordado que “el tratamiento del acné requiere de adhesión por parte del paciente, no vale con aplicarse el cuidado un par de días, es necesario revisión y supervisión para evitar la frecuente aparición de rebotes”.

“Es importante utilizar productos dermocosméticos con texturas apropiadas que faciliten la aplicación y que ayuden a mejorar la apariencia de la piel, además de estar formulados con principios activos tolerantes”, ha incidido.

Gracias a los últimos avances en dermocosmética, hoy existen muchas opciones para dar respuesta a este tipo de piel: higienes  con y sin aclarado, y tratamientos con texturas ‘oil-free’, hidratantes y que regulan el exceso de sebo.

Más allá de elegir un buen producto, “resulta obligatorio la utilización de fotoprotección para evitar las marcas residuales y las manchas en la piel”, explica García Millán, para quien es clave la protección solar los 365 días del año en pacientes acneicos.

El estrés, el tabaco, el uso de cosméticos comedogénicos o los cambios hormonales pueden originar este problema; incluso, el factor genético tiene también una gran incidencia, lo que explicaría la transmisión de la enfermedad de padres a hijos.

El acné repercute a nivel emocional y psicológico sobre todo en jóvenes y adolescentes, quienes más sufren este tipo de afecciones y viven una etapa especialmente complicada y llena de cambios continuos. Y es que, además del aspecto físico, factores aislados como el temor al rechazo social, la discriminación o su repercusión en la autoestima, son otras de las secuelas importantes.

Por eso es importante seguir un tratamiento. Al respecto, la profesora de UNIR, Pilar Pérez, ha explicado las últimas novedades en tratamientos dermocosméticos para buscar soluciones definitivas contra el acné. “Es necesario una rutina diaria y completa: limpieza, hidratación y tratamiento”.

“La higiene es la clave y el primer paso para que, posteriormente, el tratamiento funcione. El ritual de limpieza es esencial y es tan importante como el producto utilizado para el tratamiento”, ha añadido.

Realizar un diagnóstico certero, identificando las causas y el origen de estas reacciones son claves para prescribir o recomendar el tratamiento adecuado. Una vez se conoce el tipo de afección, la constancia y la disciplina en el tratamiento son fundamentales para obtener resultados positivos y visibles.