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#Receso deportivo de 14 días para los #niños después de #COVID-19

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Los niños no deben realizar deportes durante 14 días después de la exposición a COVID-19, y en los que tienen síntomas moderados se ha de obtener un electrocardiograma antes de reanudarlos, de acuerdo con la American Academy of Pediatrics.

Las recomendaciones, que actualizan la guía de la academia del 23 de julio, se derivan de nuevas inquietudes de que la enfermedad pueda causar miocarditis, indicó la Dra. Susannah Briskin, pediatra especialista en medicina del deporte en Rainbow Babies and Children’s Hospital, en Cleveland, Estados Unidos.[1]

“Existen nuevos datos de casos de miocarditis que se presentan en deportistas, inclusive deportistas con COVID-19 que no tienen síntomas”, manifestó a Medscape Noticias Médicas.

La actualización alinea las recomendaciones de la American Academy of Pediatrics con las del American College of Cardiology, señaló.[2]

Investigación reciente con estudios por imágenes ha mostrado signos de miocarditis en deportistas que se restablecen de COVID-19 leve o asintomática, y han dado lugar a llamados para que se elaboren guías más claras sobre los estudios por imágenes y la reanudación del deporte.

La miocarditis vírica plantea riesgo para los deportistas por cuanto puede dar lugar a arritmias potencialmente mortales, destacó la Dra. Briskin.

Aunque los niños se benefician de participar en deportes, estas actividades también les plantean el riesgo de contraer COVID-19 y de transmitirla a otros, señala la guía.

Para equilibrar riesgos y beneficios la academia propuso recomendaciones que varían dependiendo de la gravedad de la presentación.

En la primera categoría se encuentran pacientes con cuadro clínico grave (hipotensión, arritmias, necesidad de intubación o apoyo con oxigenación por membrana extracorpórea, insuficiencia renal o cardiaca) o con síndrome inflamatorio multisistémico.

Los médicos han de tratar a estos pacientes como si tuvieran miocarditis. Asimismo, se les debe restringir la práctica de deportes y otro tipo de ejercicio durante 3 a 6 meses, destaca la guía.

Los médicos de atención primaria de estos deportistas y “el subespecialista médico pediátrico pertinente, de preferencia en interconsulta con un cardiólogo pediatra”, deben dar su aprobación antes de que reanuden estas actividades.

Al analizar a pacientes para determinar la conveniencia de que reanuden el deporte, los médicos deben enfocarse en síntomas cardiacos, tales como dolor torácico, disnea, fatiga, palpitaciones o síncope, señala la guía.

En otra categoría están pacientes con síntomas cardiacos, aquellos con hallazgos inquietantes en el examen, y aquellos con síntomas moderados de COVID-19, incluida la fiebre prolongada. A estos pacientes se les ha de realizar un electrocardiograma y posiblemente deban remitirse a un cardiólogo pediatra, afirman las guías.

Los síntomas no deben presentarse por un mínimo de 14 días para que estos pacientes puedan reanudar el deporte, además de que deben obtener la aprobación de su médico de atención primaria antes de reanudarlo, señala la academia.

En una tercera categoría están los pacientes que se han infectado con SARS-CoV-2 o que han tenido contacto cercano con una persona que estuvo infectada, pero no presentó síntomas. Estos deportistas deben abstenerse de practicar deportes por un mínimo de 14 días, según la guía.

Los niños que no entran en alguna de estas categorías no deben someterse a pruebas de virus o anticuerpos contra el mismo antes de participar en los deportes, señala la academia.

Las recomendaciones no varían dependiendo del deporte. Sin embargo, la academia ha emitido una guía diferente para padres y tutores, a fin de ayudarlos a evaluar el riesgo de transmisión de COVID-19 a través del deporte.[3]

Aquellos que participan en “deportes que tienen mayor grado de tiempo de contacto o cercanía con las personas tendrían más riesgo de contraer COVID-19. Pero creo que todo esto es cuestión de bastante sentido común, dadas las recomendaciones para la actividad no relacionada con el deporte solo en lo que respecta a distanciamiento social y uso de mascarilla”, agregó la Dra. Briskin.

La nueva guía hace un llamado a los organizadores de deportes para minimizar el contacto, por ejemplo, modificando ejercicios y condicionamiento. Recomienda que los deportistas utilicen mascarillas, excepto durante el ejercicio vigoroso o al participar en deportes acuáticos, lo mismo que en otras circunstancias en las cuales la mascarilla podría ser un riesgo para la seguridad.

También recomiendan el uso de estaciones de lavado de manos o desinfectante de manos, y evitar el contacto con superficies compartidas, así como cuartos pequeños y áreas con escasa ventilación.

La Dra. Briskin ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

En torno al 30% de los niños tiene algún tipo de dolor crónico

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Se les suele infravalorar.

Se les suele infravalorar.

El director de la Cátedra de Dolor Infantil Universidad Rovira i Virgili-Fundación Grünenthal y director de la ‘I Jornada Nacional de dolor infantil. La atención a los niños y jóvenes con dolor y sus familias: un deber inexcusable’, Jordi Miró, ha avisado de que en torno al 30% de los niños experimenta algún tipo de dolor crónico, si bien ha lamentado que en muchos casos se infravalore su malestar al considerarlo como una cuestión asociada al crecimiento.

“Los adultos nos comportamos de manera distinta a los niños, ellos perseveran e intentan seguir con su día a día a pesar del dolor. Es frecuente que la incredulidad o la incomprensión por parte del entorno social, escolar y familiar hagan que al dolor infantil no se le dé la importancia ni se le otorgue la gravedad que tiene realmente el problema del dolor infantil”, ha añadido el codirector de la jornada y coordinador médico de la Unidad de Dolor Infantil del Hospital Universitario La Paz de Madrid, Francisco Reinoso-Barbero.

En este sentido, el experto ha comentado que el manejo del dolor infantil se perfila como un “auténtico reto social”, ya que hay que tener en cuenta la variabilidad clínica que suponen los cambios cronobiológicos (no es lo mismo tratar a un lactante que a un adolescente), las causas (el dolor asociado a una enfermedad concreta, como el dolor oncológico, por ejemplo, frente al dolor primario) y el propio curso de la enfermedad en una población tan heterogénea.

Por ello, otro de los desafíos, a juicio de Reinoso-Barbero, pasa por lograr un manejo multidisciplinar, que implique a distintas especialidades coordinadas y articuladas en unidades asistenciales específicas. En este sentido, Miró ha reconocido que se ha mejorado y avanzado “mucho” en el abordaje de esta patología en niños, si bien ha avisado de que “queda mucho camino por recorrer”.

Por su parte, los profesionales reunidos en la jornada han insistido en la necesidad de crear más unidades de dolor infantil, así como en la importancia de diseñar e implementar programas específicos para el manejo del dolor infantil en los hospitales.

Además, han aseverado que el futuro de un correcto abordaje del dolor entre los más pequeños pasa por una clara identificación epidemiológica, sus problemas y repercusiones; por el desarrollo de las herramientas adecuadas de valoración del dolor, imprescindibles para su tratamiento; por el establecimiento de guías clínicas eficaces, y, muy especialmente, por determinar las opciones terapéuticas más adecuadas en función de las características y del perfil de cada paciente.

“Hasta el momento, la tendencia ha sido adaptar intervenciones efectivas en adultos. En algunos casos han funcionado, pero en otros no. Por tanto, el reto reside en averiguar qué tratamiento es más adecuado para que persona; identificar qué factores influyen en la eficacia de los tratamientos para poder diseñar mejores armas terapéuticas para la población infantil”, ha enfatizado Miró.

La puesta en marcha de esta jornada, organizada por la Cátedra de Dolor Infantil Universidad Rovira i Virgili-Fundación Grünenthal y el Hospital Universitario La Paz de Madrid, surge de la necesidad de unir en un mismo foro a todos los agentes involucrados en el manejo del dolor infantil, para analizar y debatir los próximos pasos a dar conjuntamente en el abordaje de este problema.

En esta ocasión han participado representantes políticos de distintas comunidades autónomas, sociedades científicas y profesionales clínicos e investigadores. “Reunir a todos los agentes implicados en el abordaje del dolor infantil, nos ha permitido dar visibilidad a este problema, abordar temas específicos sobre dolor en poblaciones concretas y plantear nuevas técnicas y métodos terapéuticos”, ha subrayado el profesor Miró.

Asimismo, y por tercera vez, se ha entregado el ‘Premio a la labor contra el dolor infantil’, organizado por la Cátedra de Dolor Infantil URV-FG y que, en esta edición, ha recaído en el proyecto ‘Unidad del Color’, un trabajo presentado por Raquel Torres, Paula Gómez y Eva del Ara Muñoz, del Hospital Universitario La Paz.

“Con este proyecto, Unidad del Color, hemos adaptado y transformado los espacios y entornos en los que tiene lugar el tratamiento del dolor. A través de diferentes colores y de un uso especial de la luz, las habitaciones llegan a convertirse en un bosque lleno de mariposas, lo que les transporta, a los pacientes pediátricos, a un mundo diferente a lo que ellos entienden por hospital. Este entorno influye de manera positiva en su percepción del dolor”, ha resaltado Torres.

Además, el jurado del premio ha distinguido además dos proyectos finalistas: ‘PAINAPPLE. Aplicación electrónica para el manejo del dolor agudo en pediátrico. Desarrollo, validación y evaluación’, presentado por Ernesto Martínez, Patricia Catalán y Julio Alberto Mateos, del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús, Madrid; y ‘Validación de la escala de analgesia pediátrica y de la escala de sedación pediátrica para procedimientos del Hospital Universitario Niño Jesús y de la escala de Ramsay para procedimientos en pediatría’, desarrollado por David Lozano, del Hospital General La Mancha Centro, Ciudad Real.

El objetivo de estos premios es contribuir y fomentar el conocimiento del problema que representa el dolor infantil. Convocado por el grupo ALGOS y la Fundación Grünenthal, el premio trata de ayudar a la sensibilización y concienciación social sobre el impacto del dolor en los más jóvenes y de los problemas que provoca a todos los niveles.

Los niños engordan más en las vacaciones de verano que durante el curso escolar (Obesity)

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La jornada escolar, con sus períodos de ejercicio programados y con menos oportunidades para comer contribuye a mantener un índice de masa corporal saludable.

La jornada escolar, con sus períodos de ejercicio programados y con menos oportunidades para comer contribuye a mantener un índice de masa corporal saludable.

Investigadores la University of Texas en Austin (Estados Unidos) aseguran que el verano es la época del año con más sobrepeso y obesidad infantil, tras constatar que los niños tienen más probabilidades de ganar peso durante las vacaciones estivales que a lo largo del curso escolar.

Su estudio, publicado en la revista “Obesity”, se basó en un análisis a más de 18.000 escolares y reveló que desde el inicio del primer año de guardería hasta el final de segundo grado la prevalencia de la obesidad aumentó del 8,9 al 11,5%. Y en ese mismo periodo, la proporción de niños con sobrepeso pasó del 23,3 al 28,7%.

Sin embargo, vieron como la ganancia de peso que propició que hubiera más niños con sobrepeso u obesidad no se produjo durante el curso escolar sino durante las vacaciones de verano.

“La organización de la jornada escolar, con sus períodos de ejercicio programados y con menos oportunidades para comer contribuye que los niños mantengan un índice de masa corporal (IMC) saludable”, ha reconocido Paul von Hippel, autor de la investigación.

Los investigadores midieron la altura y el peso de todos los participantes en el estudio al inicio y el final de cada curso escolar, desde otoño de 2010 a primavera de 2013.

Al comienzo de la guardería, cuando los menores suelen tener 5 años, el 23% de los niños tenían sobrepeso y el 9% eran obesos. Y durante cada uno de los dos veranos que incluyó el estudio, la proporción de niños con sobrepeso y obesidad aumentó aproximadamente un punto porcentual por mes, mientras que durante el curso apenas variaron las tasas.

Esto no prueba que las vacaciones de verano sean las responsables de ese incremento del sobrepeso o que el curso escolar contribuya a contenerlo, pero los hallazgos sí muestran que los factores de riesgo que más pueden contribuir a la ganancia de peso durante la infancia están más fuera del ámbito escolar, según los investigadores.

Entre dichos factores de riesgo vinculados al verano y al sobrepeso podrían estar el hecho de dormir menos, ver más televisión y hacer menos ejercicio físico que durante el curso, según especulan.

“Al comparar los fines de semana con los días de clase, los estudios han mostrado cómo, a menudo, los niños duermen menos y tienen un sueño más variable, son más sedentarios y tienen una dieta menos saludable sábados y domingos”, ha añadido Paul Collings, experto del Bradford Teaching Hospitals Foundation Trust (Reino Unido) que no ha participado en el estudio.

“Y si las vacaciones de verano pueden considerarse como un fin de semana muy largo, es lógico que acabe pasando factura”, ha reconocido este experto.

Los niños consumen demasiada sal (J Acad Nutr Diet)

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Con riesgo de problemas cardiovasculares.

Con riesgo de problemas cardiovasculares.

Un nuevo estudio publicado en “Journal of the Academy of Nutrition and Diabetes” alerta de que los niños estadounidenses consumen sodio en niveles que exceden con mucho el límite diario recomendado y que las preferencias por los alimentos altos en sodio que se establecen cuando son niños siguen hasta la edad adulta y los ponen en mayor riesgo de desarrollar problemas cardiovasculares más tarde en la vida.

Las enfermedades cardiovasculares, como patologías cardiacas y accidentes cerebrovasculares, matan a más de 800.000 estadounidenses cada año y se sabe que una cantidad excesiva de sal puede contribuir a la hipertensión y al aumento del riesgo cardiovascular.

“La reducción de sodio se considera una estrategia clave de salud pública para reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares en todo el país y este estudio es el más reciente en los esfuerzos de los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) en curso para controlar la ingesta de sodio en Estados Unidos”, explica la investigadora Zerleen S. Quader, de la División de Enfermedades Cardiacas y Prevención de Accidentes Cerebrovasculares de los CDC.

“Ya sabemos que casi todos los estadounidenses, independientemente de su edad, raza y género, consumen más sodio de lo recomendado para una dieta saludable y el consumo excesivo es motivo de gran preocupación entre los jóvenes en particular”, agrega esta especialista.

Utilizando datos de la National Health and Nutrition Examination Survey 2011-2012 (NHANES, por sus siglas en inglés), científicos de los CDC examinaron los hábitos alimenticios de 2.142 niños entre las edades de 6 y 18 años detectando que la ingesta promedio de sodio para los niños era de 3.256 miligramos por día, sin incluir ninguna sal agregada en la mesa.

La ingesta recomendada para los niños varía de 1.900 mg/día a 2.300 mg/día dependiendo de la edad. Casi el 90% de los niños entrevistados superó el nivel superior de sodio recomendado para su grupo de edad y la evidencia previa sugiere que uno de cada nueve niños de 8 a 17 años ya tiene una presión arterial por encima de la normal para su edad, sexo y estatura, lo cual eleva su riesgo de hipertensión arterial como adultos.

El análisis también detectó que los altos niveles de sodio se consumen a lo largo del día y de una variedad de diferentes fuentes. Por ejemplo, encontraron que el 39% del sodio se consumía en la cena, el 31% provenía del almuerzo, el 16% de los aperitivos y el 14% en el desayuno. Los científicos vieron que sólo diez tipos de alimentos constituían casi el 50% de la ingesta de sodio de los niños: pizza, platos mexicanos mezclados, sándwiches (incluyendo hamburguesas), panes, embutidos, sopas, aperitivos salados, queso, leche normal y aves de corral.

Los alimentos de las tiendas de comestibles representaban un 58% de la ingesta diaria de sodio, mientras que la comida rápida/pizza era responsable del 16% y la cafetería de la escuela de un 10%. “A excepción de la leche normal, que contiene naturalmente sodio, las diez principales categorías de alimentos que contribuyen a la ingesta de sodio de los niños en Estados Unidos en 2011-2012 comprenden alimentos en los que se añade sodio durante el procesamiento o la preparación –advierte Quader–. El sodio se consume durante el día a partir de múltiples alimentos y en distinto lugares, destacando la importancia de reducir la sal en el suministro de alimentos de Estados Unidos”.

Aunque la ingesta de sodio excedió los niveles diarios recomendados en todas las edades, esta investigación reveló que los niveles promedio eran aún más altos para los adolescentes de 14 a 18 años (3.565 mg/día frente a 3.256 mg/día de todas las edades) y en los niños (2.919 mg/día para las niñas versus 3.584 mg/día para los niños); pero no se observaron diferencias significativas en la ingesta media de sodio por raza/grupo étnico, ingreso del hogar o estado del peso del niño.

Este estudio ilustra por qué puede ser difícil identificar objetivos para intervenir en la ingesta de sodio, ya que la sal está omnipresente en las dietas de los niños. También es complicado señalar los alimentos problemáticos, ya que el contenido de sodio de los platos puede variar significativamente de acuerdo a cómo se hacen y se preparan. “Es sorprendente cuánto puede variar el contenido de sodio para el mismo tipo de alimento según el producto –destaca Quader–. La mejor manera de reducir la ingesta de sodio de estos productos es verificar el panel de información nutricional en los paquetes y buscar las versiones sin sal añadida o baja en sodio”.

Para reducir el sodio en la alimentación de los niños, los investigadores proponen a padres y cuidadores que les proporcionen una dieta rica en frutas y verduras frescas sin sodio o salsas; que lean las etiquetas de nutrición, buscando las opciones más bajas de sodio de los alimentos favoritos de su hijo (con menos de 140 mg por porción) y que pidan información nutricional en los restaurantes para elegir las opciones más saludables.

Los niños deben consumir menos de 25 gramos de azúcares añadidos al día (Circulation)

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Nada de azúcares añadidos para menores de dos años.

Nada de azúcares añadidos para menores de dos años.

Los niños de 2 a 18 años deben consumir menos de 25 gramos de azúcares añadidos al día, según señalan en científicos en una declaración conjunta publicada en la revista “Circulation”, con motivo de las nuevas recomendaciones de la American Heart Association.

Las recomendaciones, diseñadas para mantener a los niños sanos, busca fijar un límite específico en el consumo de azúcares añadidos. “Nuestra recomendación de destino es el mismo para todos los niños entre los 2 y 18 años para que sea sencillo para los padres y los defensores de la salud pública”, ha señalado Miriam Vos, autora principal de las recomendaciones, experta en nutrición y profesora asociada de pediatría de la Emory School of Medicine en Atlanta, Georgia.

La recomendaciones ponen el límite en los 25 gramos de azúcares añadidos, siendo indiferentes que se ingieran en líquidos o sólidos; esto podría equivaler a 100 calorías al día o seis cucharaditas de azúcares al día. Asimismo, los niños y adolescentes deben limitar su consumo de bebidas endulzadas con azúcar a no más de ocho de onzas semanales. Mientras que los niños menores de 2 años no deben consumir alimentos o bebidas con azúcares añadidos, incluidas las bebidas endulzadas con azúcar.

“Para la mayoría de los niños, comer no más de seis cucharaditas de azúcares añadidos al día es un objetivo saludable y alcanzables”, ha añadido Vos, quien recuerda que “los niños que comen alimentos cargados de azúcares añadidos tienden a comer menos alimentos saludables, como frutas, verduras, granos integrales y productos lácteos bajos en grasa que son buenos para su salud cardíaca”.

El consumo de alimentos con alto contenido de azúcares añadidos durante la infancia está relacionada con el desarrollo de los factores de riesgo relacionados con las enfermedades cardiovasculares, tales como un mayor riesgo de obesidad y la hipertensión arterial en niños y adultos jóvenes.

La probabilidad de que los niños desarrollen estos problemas de salud aumenta proporcionalmente al abuso de los azúcares añadidos consumidos. Los niños con sobrepeso son más propensos a ser resistentes a la insulina, un precursor de la diabetes tipo 2, recuerdan los expertos.

“Ha habido una falta de claridad y consenso en cuanto a la cantidad de azúcar añadido que se considera seguro para los niños, por lo que los azúcares siguen siendo un ingrediente comúnmente añadido en los alimentos y bebidas, y el consumo total de los niños sigue siendo alta”, ha afirmado Vos, quien recuerda que el niño americano típico consume aproximadamente el triple de azúcares añadidos de lo recomendado por los expertos.

La declaración ha sido escrita por un panel de expertos que hicieron una revisión exhaustiva de la investigación científica sobre el efecto de los azúcares añadidos en la salud infantil, que presentan desafíos comunes a este tipo de investigación en nutrición.

“Los estudios de nutrientes como los azúcares añadidos son un reto, pero con el tiempo el número de estudios en los niños ha aumentado. Creemos que la evidencia científica de nuestras recomendaciones es grande y ayudará de manera significativa a que los padres y los defensores de la salud pública proporcionan la mejor nutrición posible a los hijos”

El panel de expertos también recomienda que los azúcares añadidos no sean incluidos de ningún modo en la dieta de los niños menores de 2 años. Las necesidades calóricas de los niños en este grupo de edad son más bajos que en los niños mayores y en los adultos, por lo que hay poco espacio para los alimentos y bebidas que contienen azúcares añadidos.

Además, las preferencias gustativas comienzan temprano en la vida, por lo que la limitación de los azúcares añadidos pueden ayudar a los niños a desarrollar una preferencia de por vida para los alimentos más sanos.

Los azúcares agregados son los azúcares – incluyendo el azúcar de mesa, fructosa y miel – ya sea utilizados en el procesamiento y la preparación de alimentos o bebidas, añadidos a los alimentos en la mesa o antes. A partir de julio 2018, se requerirá a los fabricantes de alimentos señalar la cantidad de azúcares añadidos por lo que los expertos esperan que será más fácil seguir sus recomendaciones.

“Hasta entonces, la mejor manera de evitar los azúcares añadidos en la dieta de su hijo es que consuma una mayoría de alimentos con alto contenido nutricional, como frutas, verduras, granos enteros, productos lácteos bajos en grasa, carnes magras, pollo y pescado, y para limitar los alimentos con poco valor nutricional”, ha señalado Vos.

A la hora de alimentar a un niño hay que tener en cuenta que las calorías estimadas que necesitan los niños van de 1.000 por día para los niños sedentarios mayores de 2 años de edad, aproximadamente 2.400 para chicas de 14 a 18 años de edad activas, y de 3.200 para niños de 16-18 años de edad y activos.

“Si su niño está comiendo la cantidad correcta de calorías para alcanzar o mantener un peso corporal saludable, no hay mucho espacio para la comida basura, es decir de bajo valor nutricional, que es donde se encuentran la mayoría de los azúcares añadidos”, ha añadido Vos.

La declaración señala que una de las fuentes más comunes de azúcares añadidos son las bebidas azucaradas, como los refrescos, las bebidas de frutas, bebidas deportivas, tés azucarados y bebidas energéticas.

“Los niños no deben beber más de un 8 onzas a la semana de bebidas endulzadas con azúcar (250 gramos), sin embargo, actualmente los niños beben mayores porciones de bebidas azucaradas cada semana”, ha explicado Vos.

Debido a la falta de investigación favor o en contra del uso rutinario de los edulcorantes no nutritivos, tales como aspartamo, sacarina y sucralosa en las dietas de los niños, los autores consideraron que no podían hacer una recomendación a favor o en contra de estos edulcorantes no calóricos. Además, no se sabe si el alto contenido de azúcar en los zumos naturales (100% de fruta) pueden causar las mismas preocupaciones que las bebidas con azúcares añadidos.

Otros consejos para cortar el consumo de alimentos con azúcares añadidos incluyen evitar los alimentos dulces procesados, que tienden a ser cargados con azúcares añadidos, tales como barras de cereales, galletas, pasteles y muchos alimentos comercializados específicamente a los niños, como los cereales dulces.

Los niños son los más vulnerables a la radiación ultravioleta en verano

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Antes de los dos años, los niños no deberían exponerse a los rayos UV de forma directa.

Antes de los dos años, los niños no deberían exponerse a los rayos UV de forma directa.

La radiación ultravioleta (RUV), más intensa en verano, es un factor causante de cáncer de piel, por ello los dermatólogos alertan de los peligros que conlleva la exposición solar en estas fechas, especialmente en los más pequeños.

“El melanoma es un tumor grave que tiene, además, un pico de incidencia en gente joven. Puede tener factores genéticos y está muy relacionado con las quemaduras solares sufridas en la infancia y, en general, antes de los 18 años”, ha explicado la jefe de servicio de Dermatología del Hospital Quirónsalud San José, Dra. Isabel Aldanondo Fernández de la Mora.

Por eso, es especialmente importante proteger a los menores del sol. “Por norma general, antes de los dos años, los niños no deberían exponerse a los rayos UV de forma directa”, ha afirmado la especialista.

Los filtros solares han de aplicarse en una cantidad generosa media hora antes de la exposición, repitiendo el proceso cada dos horas o tras cada baño. “Es muy importante saber que la ‘pantalla total’ no existe y que ponerse poca cantidad de crema ocasiona que el índice de protección disminuya dramáticamente. Igual sucede pasadas dos horas desde la aplicación inicial”, ha señalado.

Además de los filtros solares, cada vez mejor formulados, también se pueden utilizar sombreros de ala ancha, gafas de sol y tejidos elásticos anti UV, con algo de cuello y manga larga, según ha recomendado Aldanondo.

Para diagnosticar el melanoma de manera precoz, es conveniente que, a partir de la pubertad, nos sometamos a una revisión anual de toda la piel. Además, es recomendable acudir al dermatólogo para recibir consejos sobre el fotoprotector más adecuado a cada tipo de piel o realizar una cheque de las lesiones pigmentadas, según ha informado la especialista.

El uso de videojuegos puede mejorar la inteligencia en los niños (Soc Psychiatry Psychiatr Epidemiol)

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Los niños que juegan con frecuencia con los videojuegos pueden ser sociales e integrarse en la comunidad escolar, aunque es necesario ajustar los límites de su uso.

Los niños que juegan con frecuencia con los videojuegos pueden ser sociales e integrarse en la comunidad escolar, aunque es necesario ajustar los límites de su uso.

Un estudio realizado por investigadores de la Mailman School of Public Health (Estados Unidos) y de la Université Paris Descartes (Francia) ha mostrado que el uso de videojuegos puede tener efectos positivos en los niños pequeños.

En concreto, según los resultados del trabajo, publicados en la revista “Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology”, los niños que usaban videojuegos tenían 1,75 veces más de probabilidades de tener alto funcionamiento intelectual y 1,88 veces de una alta competencia general de la escuela, respecto a los que no los utilizaban.

Además, los investigadores comprobaron cuanto más se jugaba menos problemas de relación con sus compañeros tenían. Todo esto se ha obtenido tras analizar los datos del proyecto ‘Escuela Niños Salud Mental’ realizado en Europa con niños de entre 6 y 11 años.

Ahí, los padres y profesores evaluaron la salud mental del menor en un cuestionario y los propios niños respondieron a las preguntas a través de una herramienta interactiva.

“Estos resultados indican que los niños que juegan con frecuencia con los videojuegos pueden ser sociales e integrarse en la comunidad escolar, aunque es necesario ajustar los límites de su uso”, ha zanjado el asistente de epidemiología en la Mailman School of Public Health, Katherine M. Keyes.

Un estudio indica por qué los niños son más propensos a desarrollar alergias a los alimentos (Science)

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La clave está en las células T reguladoras.

La clave está en las células T reguladoras.

Un nuevo estudio publicado en la edición digital de “Science” del investigador Charles Surh, del La Jolla Institute for Allergy and Immunology (LJI), en La Jolla, California, Estados Unidos, puede explicar cómo la tolerancia alimentaria emerge con el tiempo en individuos normales.

Al acoplar enfoques moleculares con un modelo olvidado de ratones libres de antígeno, el estudio demuestra que el consumo de una dieta normal estimula las células en el intestino que suprimen el rechazo de los alimentos por el sistema inmune. Saber esto podría explicar por qué los niños, que tienen una exposición más limitada a alimentos nuevos que los adultos, son más susceptibles a las alergias alimentarias.

“El sistema inmune ha evolucionado para protegernos de cosas que no sean de nosotros mismos, como los virus o agentes patógenos, pero también los nutrientes que consumimos, que son ellos mismos extranjeros”, dice Surh, profesor adjunto de la División de Desarrollo de Inmunología de LJI. “Nuestro trabajo demuestra que la tolerancia alimentaria se adquiere e involucra a poblaciones específicas de células T que se desarrollan después de su consumo. Sin ellas, montaríamos fuerte respuesta inmune a macromoléculas contenidos en los alimentos”, añade.

Un estimado de 15 millones de estadounidenses sufren alergias a los alimentos, muchos de ellos niños, algo que resulta problemático, puesto que una alergia o intolerancia alimentaria puede causar síntomas que van desde una erupción cutánea inofensiva a un shock anafiláctico potencialmente letal. La buena noticia es que muchos niños afectados superan las alergias, suponiendo que el sistema inmune aprende a tolerar los alimentos inicialmente vistos como “extraños”.

Al igual que los agentes patógenos, los alimentos muestran marcadores macromoleculares conocidos como antígenos que anuncian al sistema inmune que la comida es “extranjera”. Análisis previos de cómo el cuerpo distingue un amigo antigénico del enemigo revelan que la alimentación de los ratones de laboratorio con una nueva proteína –por ejemplo, la ovoalbúmina del huevo– indujo el desarrollo de las células T-reguladoras o inmunosupresoras “Treg”, en el intestino, lo que a continuación, bloqueó la respuesta inmune a esa proteína particular. Lo que los investigadores no sabían era si esto sucedía en la “vida real” de mamíferos tan jóvenes al encontrarse con nuevos alimentos.

Para abordar esta cuestión, Surh restableció modelos de ratón “libres de antígeno”, diseñados para representar una pizarra en blanco inmunológica. Estos animales no sólo se criaron en un ambiente libre de gérmenes, sino que también fueron alimentados con una dieta “elemental” de aminoácidos, los bloques de construcción de proteínas, en lugar de alimentos que contienen las propias proteínas intactas. Los ratones eran, en esencia, inmunológicamente naïve, debido a que los bloques de construcción de aminoácidos son demasiado pequeños para ser reconocidos por el sistema inmune, por lo que esos ratones tuvieron poco o ningún contacto previo con proteínas antigénicas y otras macromoléculas.

Utilizando el análisis de marcadores moleculares, Surh y sus colegas vieron que los ratones libres de antígeno agotaron las células T reguladoras en el intestino delgado, mientras que un gran número de estas células T reguladoras estaban presentes en sus contrapartes libres de gérmenes alimentados con una dieta rica en proteínas “normal”. Esa diferencia solo sugirió que las proteínas contenidas en los alimentos estimulan el desarrollo de Treg y que Tregs presente en el intestino de los roedores normales podría suprimir una respuesta inmune potencialmente desastrosa para aquellas proteínas.

Los investigadores sacaron el máximo provecho de estos avances técnicos que también demuestran que los alimentos y las bacterias beneficiosas en el intestino generan molecularmente distintas poblaciones de células T reguladoras. Por lo tanto, los ratones libres de gérmenes solamente poseen Treg dependientes de la comida, pero no Tregs que son inducidas por los microbios sanos.

Curiosamente, los ratones libres de gérmenes se sabe que son muy susceptibles a las alergias. Por lo tanto, la hipótesis de Surh es que se requiere la presencia de ambas poblaciones –alimenticias e inducidas por los microbios– de células T reguladoras para prevenir los síntomas alérgicos.

El nuevo trabajo podría explicar por qué los niños, que tienen una exposición más limitada a los diferentes tipos de nuevas macromoléculas nutritivas (es decir, alimentos) que los adultos, son más susceptibles a las alergias alimentarias.

El tratamiento de la apendicitis con antibióticos resulta seguro y eficaz en niños (JAMA Surg)

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En comparación con una apendicectomía urgente, este tratamiento se asoció a una menor tasa de complicaciones y una reducción de los tiempos de espera y el gasto sanitario.

Investigadores del Nationwide Children’s Hospital de Columbus, Estados Unidos, han demostrado que el tratamiento con antibióticos puede ser seguro y eficaz para curar un episodio de apendicitis aguda sin complicaciones en niños, lo que podría convertirse en una alternativa a la cirugía en estos casos.

El trabajo, publicado en la revista “JAMA Surgery”, muestra como hasta tres de cada cuatro niños lograron superar la infección solo con antibióticos, según se demostró tras un año de seguimiento de estos pacientes. Además, y en comparación con una apendicectomía urgente, este tratamiento se asoció a una menor tasa de complicaciones y una reducción de los tiempos de espera y el gasto sanitario.

“Las familias que prefieren que la apendicitis de su hijo sea tratada con antibióticos, incluso aunque al final acabaran operándose porque este tratamiento no funcionó, reconocen que valió la pena intentarlo para evitar la cirugía”, ha reconocido Peter C. Minneci, autor del estudio.

La cirugía ha sido durante mucho tiempo el “estándar de oro” en el tratamiento de esta infección porque “quitando el apéndice se elimina la posibilidad de que la apendicitis vuelva a producirse”, Katherine J. Deans, también autora del estudio.

Sin embargo, ambos investigadores habían observado que cuando los pacientes recibían antibióticos la noche previa a la cirugía experimentaban una mejoría que les llevó a preguntarse “si realmente necesitaban ser operados”.

En el primer estudio realizado en Estados Unidos sobre este tema participaron 102 pacientes de 7 a 17 años que fueron diagnosticados con apendicitis aguda sin complicaciones entre octubre de 2012 y octubre de 2013.

Los pacientes presentaban un cuadro leve, caracterizado por un dolor abdominal durante no más de 48 horas, los niveles de glóbulos blancos estaban por debajo de 18.000 y se sometieron a una ecografía o una tomografía computarizada (TC) para descartar una rotura, comprobar que el grosor del apéndice no superaba los 1,1 centímetros y confirmar que no se hubiera producido un absceso.

Treinta y siete familias prefirieron el tratamiento exclusivo con antibióticos y 65 optaron por la cirugía. Los pacientes del grupo no quirúrgico fueron ingresados en el hospital y recibieron antibióticos por vía intravenosa durante al menos 24 horas, seguido de 10 días de antibióticos orales tras recibir el alta.

Entre esos pacientes, el 95% mostró una mejoría en las primeras 24 horas y fueron dados de alta sin someterse a la cirugía. Las tasas de consultas médicas relacionadas con el apendicitis en los primeros 30 días fueron similares en ambos grupos, y solo dos pacientes del grupo no quirúrgico tuvieron que volver a ser ingresados para ser operados.

Y un año después del alta, hasta tres de cada cuatro pacientes del grupo no quirúrgico no volvieron a tener un episodio de apendicitis y tampoco necesitaron someterse a cirugía.

“Creemos que los resultados de nuestro estudio reflejan la posibilidad de poder ofrecer un tratamiento no quirúrgico para los pacientes y sus familias que resulta eficaz”, han explicado los autores, lo que evitaría la preocupación que genera en muchas familias pasar por el quirófano.

Dos de cada diez niños están en riesgo de sufrir un problema neurológico

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Expertos señalan que no se dedican los mismos recursos que al estudio en adultos.

Dos de cada diez niños presentan riesgo de desarrollar un problema neurológico durante la infancia como una epilepsia, retraso mental, trastornos de aprendizaje y neuropsiquiátricos y trastornos del movimiento.

En una atención a los medios durante la jornada ‘Conectando el cerebro en crecimiento’, que se celebra en CosmoCaixa y en la que expertos internacionales debaten sobre los avances en enfermedades neuropediátricas, el experto en trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), Xavier Castellanos, ha afirmado que se está en un “momento de oportunidad” para ampliar los conocimientos.

Ha remarcado que se está aprendiendo cómo funciona el cerebro y cómo lo hace el cerebro en desarrollo, y ha afirmado que ninguno de los investigadores será “el nuevo Ramón y Cajal” sino que los avances surgirán de compartir datos.

Castellanos ha afirmado que, por ejemplo, en Estados Unidos la prevalencia del autismo es de entorno a un 2% y que la epilepsia es de 1%, pero que el TDAH tiene una prevalencia superior al 5%.

La coordinadora de la Unidad de Neurometabolismo del Hospital Sant Joan de Déu y líder de este B•Debate, Àngels Garcia-Cazorla, ha afirmado que las enfermedades del cerebro en desarrollo no han sido históricamente estudiadas y no se han dedicado los mismos recursos que a las de adultos como el Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas.

Garcia-Cazorla ha afirmado que la inversión de recursos en investigación en enfermedades infantiles ha sido “discriminada”, y los pediatras se han centrado más en la cura que en la investigación, pero que ahora está cambiando porque los niños son el futuro.

La jornada, impulsada por Biocat y la Obra Social La Caixa, debate las enfermedades neuropediátricas a partir de la conexión sináptica, que transfiere información al cerebro, y los expertos subrayan que cualquier interferencia puede desembocar en una patología neurológica y que un mismo error en la sinapsis puede manifestarse en una sintomatología diferente.

Así, enfermedades tan diferentes como el Parkinson y el TDAH comparten mecanismos similares en el cerebro, donde en las sinapsis existe un mal funcionamiento de la dopamina, o una misma mutación genética puede causar entre los miembros de una misma familia epilepsia en una persona y autismo en otra.

Garcia-Cazorla ha asegurado que los investigadores se han acercado hasta ahora a las enfermedades neurológicas en base a su síntoma principal, pero que la neurociencia está creciendo muy rápido en los últimos años y se tendría que tender a identificar los mecanismos implicados en los síntomas, pero que todavía se está “lejos”.