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#Mejor #perfil metabólico en los niños cuyas madres comían #pescado durante el #embarazo (JAMA Netw Open)

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Un nuevo estudio de la Universidad del Sur de California (Estados Unidos) ha demostrado que los niños cuyas madres comían pescado de una a tres veces por semana durante el embarazo tienen más probabilidades de desarrollar un mejor perfil metabólico, a pesar del riesgo de exposición al mercurio, que los niños cuyas madres comieron pescado menos de una vez a la semana, según publican en JAMA Network Open.

“El pescado es una fuente importante de nutrientes y no se debe evitar su consumo”, asegura Leda Chatzi, investigadora principal del estudio-. Pero las mujeres embarazadas deberían consumir de una a tres raciones de pescado a la semana como se recomienda, y no comer más, debido a la posible contaminación del pescado con mercurio y otros contaminantes orgánicos persistentes”.

El pescado es una fuente importante de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga Omega-3 que son importantes para el feto en desarrollo. Sin embargo, algunos tipos, como el pez espada, el tiburón y la caballa, pueden contener altos niveles de mercurio, una potente toxina que puede causar daño neurológico permanente. La contaminación por mercurio también se encuentra en el suelo, el aire, el agua y las plantas.

Los investigadores analizaron 805 parejas de madres e hijos de cinco países europeos que participan en un proyecto de investigación colaborativa conocido como el estudio HELIX, que sigue a las mujeres y sus hijos desde el embarazo en adelante.

Durante su embarazo, se les preguntó a las mujeres sobre su consumo semanal de pescado y se les realizó una prueba de exposición al mercurio. Cuando los niños tenían entre 6 y 12 años, se les realizó un examen clínico con varias medidas, incluyendo circunferencia de la cintura, presión arterial, colesterol de lipoproteínas de alta densidad, niveles de triglicéridos y niveles de insulina. Estas medidas se combinaron para calcular una puntuación del síndrome metabólico.

Los hijos de mujeres que comieron pescado de una a tres veces por semana tuvieron puntajes de síndrome metabólico más bajos que los hijos de mujeres que comieron pescado menos de una vez por semana. Pero el beneficio disminuyó si las mujeres comían pescado más de tres veces por semana.

“El pescado puede ser una ruta común de exposición a ciertos contaminantes químicos que pueden ejercer efectos adversos -apunta Nikos Stratakis, otro de los autores del estudio-. Es posible que cuando las mujeres comen pescado más de tres veces a la semana, la exposición a contaminantes pueda contrarrestar los efectos beneficiosos del consumo de pescado que se observan en niveles de ingesta más bajos”.

El estudio encontró que una mayor concentración de mercurio en la sangre de una mujer estaba asociada con una puntuación más alta del síndrome metabólico en su hijo.

El estudio también examinó cómo el consumo de pescado por parte de la madre afectó los niveles de citocinas y adipocinas en su hijo. Estos biomarcadores están relacionados con la inflamación, un contribuyente al síndrome metabólico. En comparación con la baja ingesta de pescado, el consumo moderado y alto de pescado durante el embarazo se asoció con niveles reducidos de citocinas y adipocinas proinflamatorias en los niños.

Este es el primer estudio en humanos que muestra que la reducción en estos biomarcadores de inflamación podría ser el mecanismo subyacente que explica por qué el consumo de pescado materno está asociado con una mejor salud metabólica del niño.

Ahora, los investigadores planean analizar los efectos del consumo de diferentes tipos de pescado con diferentes nutrientes y niveles de mercurio y hacer un seguimiento de estos niños hasta la edad de 14-15 años.

#Comer #pescado puede ayudar a #prevenir el asma (J Environ Res Public Health)

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Un innovador estudio de la Universidad James Cook (Australia) revela nuevas evidencias de que comer pescado puede ayudar a prevenir el asma.

Andreas Lopata, del Instituto Australiano de Salud y Medicina Tropical de la citada universidad, es uno de los autores del estudio, que evaluó a 642 personas que trabajaban en una fábrica de procesamiento de pescado en una pequeña aldea en Sudáfrica.

“Alrededor de 334 millones de personas en todo el mundo padecen asma, y alrededor de un cuarto de millón de personas mueren cada año. En Australia, uno de cada nueve tiene asma (aproximadamente 2,7 millones), y entre los australianos indígenas esta tasa es casi el doble -explica Lopata-. La incidencia de asma casi se ha duplicado en los últimos 30 años y casi la mitad de los pacientes con asma no obtienen ningún beneficio de los medicamentos disponibles para tratarla. Por lo tanto, hay un interés creciente en las opciones de tratamiento sin medicamentos”, declara.

En este sentido, el investigador recuerda que la teoría actual es que el drástico cambio en la dieta en todo el mundo está detrás del aumento de la enfermedad. “Hay un consumo creciente de lo que se conoce como ácido graso poliinsaturado (PUFA) n-6 que se encuentra en los aceites vegetales y una disminución en el consumo de PUFA n-3, que se encuentra principalmente en los aceites marinos. En pocas palabras, ha habido un movimiento global del pescado fresco a la comida rápida”.

Lopata explica que se eligió para la prueba una aldea de pescadores porque tenía una población con un alto consumo de pescado y un estatus socioeconómico bajo, por lo que era probable que los aceites marinos de pescado y otros productos del mar fueran la fuente principal de n-3, en lugar de suplementos. Los resultados se publican en el International Journal of Environmental Research and Public Health.

“Encontramos que ciertos tipos de n-3 (de aceites marinos) se asociaron significativamente con un menor riesgo de tener asma o síntomas similares al asma hasta en un 62%, mientras que un alto consumo de n-6 (de aceites vegetales) se asoció con un aumento del riesgo hasta en un 67%”, dijo.

Ello supone más evidencia de la sospecha de la función inflamatoria de n-6 en el desarrollo de asma, y más evidencia de que n-3 dio una protección significativa.

“Incluso si se tienen en cuenta los contaminantes como el mercurio que se encuentra en algunas poblaciones de peces, los beneficios de la ingesta de pescado y mariscos superan con creces los riesgos potenciales”, asegura Lopata, que señala que es necesario trabajar más sobre qué efectos tienen los tipos específicos de n-3 y cómo podría optimizarse su función beneficiosa, y sobre cómo minimizar los efectos negativos de n-6.

#El consumo regular de #pescado tiene importantes beneficios sobre la #salud cardiovascular

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Una ingesta de pescado de entre dos y cuatro raciones semanales reduce un 21% el riesgo de mortalidad por enfermedad coronaria, según un estudio de la Universidad de Zhejiang, China, que fue destacado por Edel O. Elvevoll en su intervención en la V Conferencia Internacional de ARVI sobre el futuro de la pesca, celebrada en Vigo y enfocada en esta edición en los beneficios del consumo de pescado en la prevención de las enfermedades cardiovasculares, el cáncer y la obesidad.

De acuerdo con los resultados del estudio citado por Elvevoll, decana y profesora de Ciencias de la Alimentación Industrial en la Facultad de Ciencias de la Vida, Pesca y Economía, de la Universidad de Tromso, Noruega, la proporción entre el consumo de pescado y la reducción del riesgo de mortalidad por enfermedades coronarias es directa.

Este análisis, llevado a cabo en 2012 entre más de 315.000 personas, mostró, en el caso de un bajo consumo de pescado (1 ración a la semana), una reducción del 16% en el riesgo de mortalidad por cardiopatía coronaria. Este índice subió hasta el 21% para un consumo moderado (2-4 raciones semanales), y del 17% en casos de consumo alto (5 raciones semanales).

La científica noruega también ha hecho referencia a los beneficios del pescado para el desarrollo neurológico del recién nacido y del lactante, y ha manifestado que la ausencia de pescado en la dieta de las mujeres embarazadas “enfrenta al feto a un mayor riesgo cardiovascular”.

Durante la jornada también se analizó el impacto que tiene consumir pescado en la prevención de ciertos tipos de cáncer y la obesidad. Así, Mariette Gerber, científica senior del Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica francés (INSERM), ha realizado varios estudios sobre este consumo en la prevención del cáncer colorrectal, de próstata y de mama y ha destacado la limitada relación entre los ácidos grasos de los productos pesqueros y el cáncer.

Según Gerber, “aunque no se puede determinar la reducción del riesgo de cáncer por consumo de pescado, debido a las dificultades que plantean los métodos epidemiológicos, la probabilidad es alta en casos de cáncer colorrectal y de mama”. “La posibilidad de padecer cáncer de mama o colorrectal es menor en los consumidores de dieta mediterránea. En el caso del cáncer de próstata, no hay evidencias debido al menor número de estudios”, ha destacado la experta.

#Comer pescado ayuda a prevenir el #Parkinson (Sci Rep)

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Un estudio de la Universidad de Tecnología Chalmers de Gotemburgo, Suecia, ha arrojado más luz sobre la relación entre el consumo de pescado y una mejor salud neurológica a largo plazo.

Los investigadores han demostrado en su estudio, publicado en Science Reports, que la parvalbúmina, una proteína que se encuentra en grandes cantidades en diferentes especies de peces, ayuda a prevenir la formación de ciertas estructuras proteicas estrechamente asociadas a la enfermedad de Parkinson.

El pescado se ha considerado durante mucho tiempo como un alimento saludable, vinculado a la mejora de la salud cognitiva a largo plazo, pero las razones detrás de esta afirmación han sido poco contundentes. Los ácidos grasos omega 3 y 6, que se encuentran comúnmente en los peces, a menudo se presentan como responsables de este beneficio.

Ahora, esta investigación de la universidad sueca ha demostrado que la proteína parvalbúmina, que es muy común en muchas especies de peces, puede estar contribuyendo a este efecto.

Una de las características de la enfermedad de Parkinson es la formación de amiloide de una proteína humana particular, llamada alfa-sinucleína, que incluso a veces se conoce como la “proteína del Parkinson”.

Lo que los investigadores han descubierto ahora es que la parvalbúmina puede formar estructuras amiloides que se unen con la proteína alfa-sinucleína. La parvalbúmina efectivamente ‘acaba’ con las proteínas alfa-sinucleína, utilizándolas para sus propios fines, lo que les impide formar sus propios amiloides potencialmente dañinos más adelante.

“La parvalbúmina recolecta la ‘proteína del Parkinson’ y en realidad evita que se agregue, simplemente al agregarse primero”, explica Pernilla Wittung-Stafshede, autora principal del estudio.

Con la proteína de parvalbúmina tan abundante en ciertas especies de peces, aumentar la cantidad de pescado en nuestra dieta podría ser una forma sencilla de luchar contra la enfermedad de Parkinson. El arenque, el bacalao, la carpa y la gallineta nórdica, incluidos el salmón rojo y el pargo colorado, tienen niveles particularmente altos de parvalbúmina, pero también es común en muchas otras especies de peces.

Los niveles de parvalbúmina también pueden variar mucho a lo largo del año. “El pescado normalmente es mucho más nutritivo al final del verano, debido a la mayor actividad metabólica. Los niveles de parvalbúmina son mucho más altos en los peces después de haber tenido mucho sol, por lo que podría valer la pena aumentar el consumo durante el otoño”, añade otra de las investigadoras, Nathalie Scheers.

Otras enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer, la ELA y la enfermedad de Huntington, también están causadas por ciertas estructuras amiloides que interfieren en el cerebro. Por lo tanto, el equipo está interesado en investigar este tema más a fondo, para ver si el descubrimiento relacionado con la enfermedad de Parkinson podría tener implicaciones para otros trastornos neurodegenerativos.

Wittung-Stafshede subraya la importancia de encontrar formas de combatir estas afecciones neurológicas en el futuro: “Estas enfermedades vienen con la edad, y las personas viven cada vez más. Habrá una explosión de estas enfermedades en el futuro, y la parte más aterradora es que actualmente no tenemos curas. Por lo tanto, debemos seguir todo lo que parezca prometedor”.

De hecho, Scheers e Ingrid Undeland realizarán un estudio de seguimiento que analice la parvalbúmina desde otro ángulo a partir de otoño de este año. En concreto, investigarán la parvalbúmina del arenque y su transporte en los tejidos humanos.

“Será muy interesante estudiar cómo la parvalbúmina se distribuye en los tejidos humanos con mayor profundidad. Podría haber resultados realmente emocionantes”, ha comentado Scheers.

#El consumo habitual de #pescado puede estar relacionado con menor riesgo de #esclerosis múltiple

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Comer pescado al menos una vez a la semana o de una a tres veces al mes, además de tomar suplementos diarios de aceite de pescado, puede estar asociado a un menor riesgo de esclerosis múltiple, según un estudio preliminar que se presentará en la 70 Reunión Anual de la Academia Estadounidense de Neurología, que se celebrará en Los Ángeles, Estados Unidos, del 21 al 27 de abril. Estos hallazgos sugieren que los ácidos grasos omega-3 presentes en los peces pueden estar relacionados con la disminución del riesgo de desarrollar esclerosis múltiple.

“Se ha demostrado que consumir pescado que contiene ácidos grasos omega-3 tiene diversos beneficios para la salud, así que queríamos ver si esta simple modificación del estilo de vida, comer pescado regularmente y tomar suplementos de aceite de pescado, podría reducir el riesgo de esclerosis múltiple”, explica la autora del estudio Annette Langer-Gould, de Kaiser Permanente Southern California.

Para el estudio, los investigadores examinaron las dietas de 1.153 personas con una edad promedio de 36 años, aproximadamente la mitad de los cuales habían sido diagnosticados con esclerosis múltiple o de síndrome clínicamente aislado.

Se preguntó a los participantes sobre la cantidad de pescado que comían regularmente y se definió como consumo elevado de pescado ingerir una porción de pescado por semana o de una a tres porciones mensuales, además de tomar suplementos diarios de aceite de pescado. Se consideró consumo bajo tomar menos de una porción de pescado por mes y sin suplementos de aceite de pescado. Los ejemplos de pescado consumido por los participantes del estudio incluyen camarón, salmón y el atún.

El análisis reveló que el consumo elevado de pescado se relacionó con un 45% menos de riesgo de esclerosis múltiple o síndrome clínicamente aislado en comparación con aquellos que comieron pescado menos de una vez al mes y no tomaron suplementos de aceite de pescado. Un total de 180 de aquellos que desarrollaron síndrome clínicamente aislado tuvieron una alta ingesta de pescado en comparación con 251 de los controles sanos.

El equipo también analizó 13 variaciones genéticas en un grupo de genes humanos que regula los niveles de ácidos grasos. Los investigadores encontraron que dos de las 13 variaciones genéticas examinadas se asociaron con un menor riesgo de esclerosis múltiple, incluso después de tener en cuenta la mayor ingesta de pescado, lo cual puede significar que algunas personas pueden poseer una ventaja genética cuando se trata de regular los niveles de ácidos grasos.

Aunque el estudio sugiere que los ácidos grasos omega-3 y cómo son procesados por el organismo pueden desempeñar un papel importante en la reducción del riesgo de esclerosis múltiple, Langer-Gould enfatiza que simplemente muestra una relación y no una causa y efecto. Se necesita más investigación para confirmar los hallazgos y para examinar cómo los ácidos grasos omega-3 pueden afectar a la inflamación, el metabolismo y la función nerviosa. Generalmente, se recomiendan los pescados como el salmón, las sardinas, la trucha y el atún blanco como buenas fuentes de ácidos grasos omega-3.

Identifican los alimentos de la dieta mediterránea que más ayudan a prevenir el riesgo de cáncer colorrectal

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Los tres factores clave de ese beneficio son un alto contenido de pescado y fruta y un bajo consumo de refrescos.

Los beneficios de la dieta mediterránea para reducir el riesgo de cáncer colorrectal son de sobra conocidos, pero ahora un trabajo del Tel Aviv-Medical Center (Israel) ha desvelado qué ingredientes son más determinantes a la hora de conseguir ese efecto protector.

El estudio, que se ha presentado en el ESMO 19th World Congress on Gastrointestinal Cancer que se ha celebrado en Barcelona, identifica que los tres factores clave de ese beneficio son un alto contenido de pescado y fruta y un bajo consumo de refrescos.

“Hemos visto que cada una de estas tres opciones está asociada por separado con algo más de un 30% menos de probabilidades de tener una lesión colorrectal precancerosa avanzada, y si se cumplen las tres el riesgo se reduce en casi un 86%”, según ha destacado Naomi Fliss Isakov, autora del estudio.

El cáncer colorrectal se desarrolla a partir de pólipos intestinales y diferentes estudios han relacionado su aparición y desarrollo con determinados factores alimenticios, como una dieta baja en fibra, la carne roja, el alcohol o los alimentos hipercalóricos.

Y aunque la dieta mediterránea se ha asociado con tasas más bajas de cáncer colorrectal, todavía no se habían descrito los elementos de esta dieta que resultan más beneficiosos.

En el estudio participaron 808 personas de 40 a 70 años que se habían sometido a una colonoscopia como parte del cribado de estos tumores, a quienes realizaron una serie de cuestionarios para conocer con detalle lo que comían cada día.

La adherencia a los componentes de la dieta mediterránea se definió en función de si los niveles de consumo estaban por encima de la media en lo que respecta a frutas, verduras, legumbres, frutos secos, cereales, pescado, aves de corral, carne roja, alcohol y refrescos.

Los investigadores encontraron que en comparación con los sujetos con colonoscopias claras, los que tenían pólipos avanzados fueron los que dijeron comer menos alimentos propios de la dieta mediterránea (una media de 1,9 frente a 4,5). Sin embargo, incluso el consumo de dos a tres componentes de la dieta, en comparación con ninguno, se asoció con la mitad de probabilidades de tener pólipos avanzados.

Además, las probabilidades se redujeron por cada componente adicional, lo que significa que cuanto más se cumple menores son las probabilidades de tener pólipos colorrectales avanzados.

Y después de ajustar los datos teniendo en cuenta otros factores de riesgo de cáncer colorrectal, los investigadores constataron que el consumo elevado de pescado y fruta y tomar pocos refrescos es lo que más reduce el riesgo de desarrollar pólipos.

El oncólogo Dirk Arnold, del Instituto CUF de Oncología de Lisboa (Portugal), celebra estos datos y cree que queda por ver si estos resultados están también asociados con una reducción de la mortalidad o cuando se produce un cambio en la dieta.

Comer pescado puede reducir los síntomas de la artritis (Arthritis Care Res)

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Reduce la hinchazón y sensibilidad de las articulaciones.

Reduce la hinchazón y sensibilidad de las articulaciones.

En un estudio reciente, las personas con artritis reumatoide que consumieron pescado dos veces por semana tuvieron una menor actividad de la enfermedad (hinchazón y sensibilidad de las articulaciones junto con otras evaluaciones) que las que no comieron pescado nunca o una vez al mes.

También hubo una asociación gradual, por lo que el aumento de las porciones de pescado se vinculó con niveles cada vez más bajos de la actividad de la enfermedad. En esta investigación de 176 pacientes, la frecuencia del consumo de pescado se evaluó mediante un cuestionario de frecuencia de alimentos que analizó la dieta habitual en el último año.

“Si nuestro hallazgo se sostiene en otros estudios, sugiere que el consumo de pescado puede disminuir la inflamación relacionada con la actividad de la artritis reumatoide”, apunta la autora principal del trabajo, la Dra. Sara Tedeschi, del Brigham and Women’s Hospital, en Boston, Massachusetts, Estados Unidos.

“Se ha observado que el consumo de pescado tiene muchos efectos beneficiosos para la salud y nuestros resultados pueden dar a los pacientes con artritis reumatoide una razón fuerte para aumentar el consumo de pescado”, concluye esta experta, cuyo trabajo se detalla en “Arthritis Care & Research”.

Los contaminantes presentes en el pescado inhiben el sistema de defensa natural del ser humano (Sci Adv)

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Los recién nacidos, entre los más vulnerables.

Los recién nacidos, entre los más vulnerables.

Los contaminantes ambientales que se encuentran en el pescado obstruyen el sistema de defensa natural del cuerpo humano para expulsar las toxinas dañinas, según revela un nuevo estudio realizado por investigadores de la Scripps Institution of Oceanography en la University of California San Diego, Estados Unidos. Los autores sugieren que debe emplearse esta información para evaluar mejor los riesgos para la salud humana del consumo de mariscos contaminados.

Una proteína que se encuentra en las células de casi todas las plantas y los animales, llamada P-gp, actúa como un portero de la célula mediante la expulsión de sustancias químicas extrañas del cuerpo. Se conoce bien P-gp por su capacidad para transportar fármacos terapéuticos fuera de las células cancerosas y, en algunos casos, hacer de estas células resistentes a múltiples fármacos a la vez.

Para determinar la eficacia de P-gp en librar a las células de los contaminantes industriales y agrícolas que se encuentran en pescados y mariscos, colectivamente conocidos como contaminantes orgánicos persistentes (COP), el equipo de investigación Scripps realizó un análisis bioquímico de las proteínas P-gp de los seres humanos y los ratones frente a los contaminantes orgánicos persistentes.

Los científicos se centraron en los COP que se encuentran más comúnmente en la sangre humana y la orina, y también detectados en los tejidos musculares del atún de aleta amarilla. Los contaminantes incluyen compuestos más antiguos “legados” como el pesticida DDT, así como productos químicos industriales más recientes, como los retardantes de llama.

Trabajando con investigadores de la Skaggs School of Pharmacy and Pharmaceutical Sciences de la University of California San Diego, los investigadores descubrieron que los diez contaminantes interfieren en la capacidad de P-gp para proteger las células.

El estudio muestra cómo uno de los diez contaminantes, PBDE-100, utilizado comúnmente como un retardante de llama en la espuma de tapicería y los plásticos, se une a la proteína transportadora. El COP se une a la proteína de una manera similar a los agentes quimioterapéuticos y otros fármacos, pero en lugar de ser expulsado fuera de la célula, el COP unido inhibe la capacidad de la proteína de llevar a cabo su función de defensa.

“Cuando comemos pescado contaminado, podemos estar reduciendo la eficacia de este sistema de defensa crítico en nuestros cuerpos”, dice Amro Hamdoun, profesor asociado en la División de Investigación de Biología Marina en Scripps, y autor principal del estudio, publicado en “Science Advances”.

Los investigadores señalan que los recién nacidos y las larvas de peces son dos de las poblaciones más vulnerables. Los recién nacidos son especialmente vulnerables ya que están expuestos a altas concentraciones de contaminantes orgánicos persistentes en la leche materna y tienen bajas cantidades de la proteína P-gp de protección y las larvas de peces pueden estar en mayor riesgo, ya que la acumulación de contaminantes puede ralentizar el sistema de defensa del animal para combatir otros contaminantes marinos, como hidrocarburos de petróleo en los sitios de derrames de hidrocarburos.

“Demostramos que estos inhibidores se encuentran en el pescado que comemos”, resalta el investigador posdoctoral de Scripps Sascha Nicklisch, otro autor del estudio. Los investigadores sugieren que deben analizarse los productos químicos para determinar si impiden la eficacia del sistema de defensa natural del cuerpo a la hora expulsar estas y otras sustancias químicas extrañas.

La Food and Drug Administration de Estados Unidos recomienda actualmente pruebas similares en los productos farmacéuticos. “Es inquietante encontrar que todos los contaminantes ambientales persistentes probados interfirieron en la capacidad de la proteína P-gp para proteger las células”, subraya Jacob James, director gerente de la Fundación Waitt, que financió el estudio.

“Aún más preocupante son los resultados que muestran que PBDE-100 se une a la proteína P-gp, en esencia, agarrándose y envenenando al ‘portero’ cuya tarea es eliminar las toxinas. Podemos suponer que algún pescado ‘caliente’ lleva más de una toxina y podría ser como una triple amenaza, ya que los resultados con mezclas sugieren que múltiples toxinas actúan como ‘multiplicadores de fuerza’ en la degradación de la capacidad de respuesta de las células”, señala.

“Somos la única especie que puede influir en toda la cadena de alimentos y hábitats. Debemos actuar con mayor responsabilidad en el diseño y uso de productos químicos en nuestro medio ambiente, además de trabajar sobre formas económicamente viables de medir y comprender los impactos de los productos químicos en los alimentos marinos y nosotros mismos”, concluye.

El consumo regular de pescado en el embarazo se asocia a un mejor desarrollo cerebral de sus bebés (Am J Epidemiol)

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Un mayor consumo reduce el riesgo de autismo.

Un mayor consumo reduce el riesgo de autismo.

Un estudio del Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental (CREAL) de Barcelona ha descubierto que el consumo regular de pescado durante el embarazo ayuda a mejorar el desarrollo cerebral de los bebés, según los resultados de un trabajo publicado en el “American Journal of Epidemiology”.

En concreto, los autores siguieron a casi 2.000 madres e hijos desde el primer trimestre de embarazo hasta que los menores cumplieron cinco años y vieron que tenían una mejor función cerebral aquellos cuyas madres habían comido pescado durante al menos tres veces por semana, en comparación con aquellas madres que comieron menos.

Y ni siquiera cuando el consumo era de 600 gramos semanales se detectó una mayor presencia de mercurio u otros contaminantes relacionados con el pescado que pudiera conllevar un efecto negativo que compensara los beneficios aparentes.

“Los mariscos son una importante fuente de nutrientes esenciales para el desarrollo del cerebro, pero al mismo tiempo también acumulan el mercurio del medio ambiente, que es conocido por ser neurotóxico”, ha reconocido Jordi Julvez, autor principal del estudio.

La European Food Safety Authority (EFSA) emitió recientemente un dictamen científico que respaldaba un consumo semanal de entre 150 y 600 gramos de pescado durante el embarazo. Pero los autores de este trabajo reconocen que todavía no se conocen cómo puede afectar al desarrollo fetal por lo que se necesitan más estudios que ayuden a las mujeres a tenerlo más claro.

Para ello, Julvez y su equipo analizaron datos de una investigación que recopiló datos entre 2004 y 2008, y diferenciaba entre el consumo de pescados grasos de gran tamaño como el pez espada o el atún, pescado azul más pequeños como la caballa, las sardinas, las anchoas o el salmón, pescado blanco como la merluza o el lenguado, mariscos y otros alimentos marinos.

Las mujeres se sometieron a analíticas para medir los niveles en sangre de vitamina D y yodo, la sangre del cordón umbilical se analizó para medir la exposición fetal al mercurio y otros contaminantes. Y los niños se sometieron a diferentes pruebas a los 14 meses y a los 5 años para medir sus capacidades cognitivas, su desarrollo neuropsicológico y su riesgo de síndrome de Asperger, que forma parte de los trastornos del espectro autista.

De media, las mujeres habían consumido aproximadamente 500 gramos de pescado semanales, que equivaldría a unas tres raciones. Y por cada 10 gramos adicionales por encima de esa cantidad, los niños presentaban mejores puntuaciones en las pruebas de desarrollo cerebral, hasta llegar a los 600 gramos semanales. Una relación que fue especialmente evidente cuando los niños tenían cinco años.

Asimismo, los investigadores también observaron una reducción consistente en los rasgos del espectro autista asociada a un mayor consumo de pescado durante el embarazo.

El consumo de pescado blanco o pescado azul grande fue el que más se asoció a mejores puntuaciones de los niños, así como la ingesta de pescado durante el primer trimestre del embarazo.

“Creo que, en general, la gente debe seguir las recomendaciones actuales”, dijo Julvez, que admite que algunas como las de la Food and Drug Administration (FDA) “deberían ser menos estrictas, ya que no aconsejan comer más de 12 onzas (unos 340 gramos) a la semana.

Asimismo, este experto reconoce no haber observado en el estudio ningún beneficio adicional cuando las mujeres comían más de 600 gramos semanales (aproximadamente 595 g) de pescado por semana.

“Creo que es muy interesante y arroja mucha más luz sobre los beneficios de comer pescado durante el embarazo”, ha reconocido Ashley Romano, médico del NYU Langone Medical Center en Nueva York, que no ha participado en el estudio. Además, destaca que haya sido capaces de correlacionar su consumo con una supuesta protección frente al autismo.