tecnoestrés

#Los males del #teletrabajo: medicarse no es una opción

Postado em

Tomar analgésicos para los dolores musculares por malas posturas o fármacos para la ansiedad no soluciona los problemas derivados de trabajar en casa.

Mujer sentada en el suelo trabajando con un portátil
Las malas posturas y una luz inadecuada puede provocar dolores musculares, de cabeza y visión borrosa.

El teletrabajo es una opción para muchas personas que han podido acogerse a él tras la declaración del estado de alarma por la crisis del coronavirus.

Tras más de dos meses de confinamiento y de teletrabajar en circunstancias poco idóneas, “pueden aparecer dolores musculares y articulares en cuello, cervicales, espalda, muñecas y piernas, fruto de una postura inadecuada”, explica Julio Maset, médico de Cinfa, quien también menciona la fatiga visual por la fijación prolongada de la vista en la pantalla.

No es extraño que aparezcan, igualmente, “alteraciones psicológicas relacionadas con compaginar vida personal y laboral” y lo que el experto denomina tecnoestrés. Y es que “el desconocimiento de la tecnología o las dificultades técnicas para llevar a cabo nuestras tareas pueden desencadenar ansiedad. “Encontrarse en casa sin apoyo inmediato y estar unido a la vida laboral por la vía tecnológica puede ser una importante fuente de ansiedad. A esto se une la exigencia actual del uso continuado del móvil, ordenador, tableta o correo electrónico, que, ahora más que nunca, se extiende fuera del horario de trabajo”, añade.

El portavoz de Cinfa defiende que el mejor consejo que puede dar el farmacéutico es transmitir medidas higiénicosanitarias para prevenir el impacto negativo del teletrabajo en la salud y no recurrir a la automedicación si no hay una recomendación de un médico o un farmacéutico.

En el caso de los dolores musculares o articulares, argumenta que “el uso indebido de fármacos puede perpetuar hábitos posturales no adecuados, ya que en lugar de corregirlos se oculta la sintomatología producida por una mala postura con el uso de un analgésico”.

Por tanto, a pie de mostrador se debería transmitir que hay que cuidar la iluminación y prestar atención al mobiliario. “La mesa debe estar a una altura que permita que el uso del teclado y el monitor no fuerce nuestra postura, es decir, que esté en torno a 65-70 cm, aunque dependerá de la estatura”.

En cuanto a la silla, lo ideal es tenga cinco patas  y altura y respaldo regulables. “Si no la tenemos  podemos emplear una cómoda y, sobre todo, que nos permita apoyar la espalda recta. Además, debe permitir, en su altura, que la postura frente al ordenador sea con los codos en una posición de ángulo recto y que la pantalla quede ligeramente más baja que el ángulo de visión directo”

Nada de ansiolíticos

Respecto al tecnoestrés, hace hincapié en que “deberá combatirse con apoyo personal y profesional, con hábitos de vida saludables, pero nunca con ansiolíticos, salvo por prescripción médica y tras haber intentado otras estrategias saludables”.

Para la fatiga visual, Maset dice que es muy importante que la iluminación sea la adecuada. “Cuando se trabaja con ordenadores, la luz de la habitación deba ser algo más baja de lo habitual para que la pantalla tenga el contraste; se debe usar luz indirecta; evitar los reflejos en la pantalla, y estar atentos a posibles deslumbramientos”.

El farmacéutico también debería informar a sus usuarios de que es preferible “recurrir a la luz natural filtrada (corriendo cortinas o estores o bajando algo la persiana hasta encontrar una iluminación cómoda) y, si se va a emplear luz artificial, mejor las bombillas de luz cálida o halógenos, antes que los fluorescentes (por ejemplo, en la cocina)”, recomienda Maset.

En el caso de que reciban una consulta por molestias relacionadas con la sequedad ocular por trabajar muchas horas frente al ordenador, además de las medidas anteriores, Maset afirma que se pueden recomendar lágrimas artificiales, “que deben usarse, preferiblemente, en monodosis y nunca guardarlas a medias, sino desecharlas”.

Tome nota

  • Rutinas. Organizar bien la rutina laboral y establecer unos horarios regulares al empezar y al terminar.
  • Aislarse. Habilitar un espacio amplio y lo más aislado posible del resto de la casa para trabajar.
  • Ergonomía. La mesa tiene que ser ancha y estar elevada y la silla tener cinco puntos de apoyo y ser regulable.
  • Posturas. Mantener la espalda en ángulo recto con las piernas y los brazos. Usar reposapiés.
  • Salud visual. No trabajar frente a una ventana; optar por luz natural, y tener la pantalla a 40-55 cm de la vista.
  • Saber pausar. Hacer descansos para aliviar la tensión muscular y los ojos. Hay que parpadear con frecuencia.

#‘Tecnoestrés’: cuando la #ansiedad llama al #móvil

Postado em

La dependencia excesiva de las nuevas tecnologías hace que las personas que la sufren se aíslen de su entorno, tengan problemas de sueño y rindan menos.

El 'tecnoestrés' puede aparecer a cualquier edad.
El ‘tecnoestrés’ puede aparecer a cualquier edad.

Casi tres de cada diez españoles afirman que el móvil, la tablet, el correo electrónico y las redes sociales aumentan su nivel de estrés, según el VII Estudio CinfaSalud: Percepción y hábitos de la población española en torno al estrés. Si, además, estos dispositivos se vinculan con el trabajo aparece un tipo de estrés conocido como tecnoestrés.

Julio Maset, médico de Cinfa, insiste en que este problema puede aparecer a cualquier edad; de hecho, “es cada vez más frecuente entre los jóvenes de 18 a 34 años, afectando a un 30,9% frente a la media, que se sitúa en el 28,3%”.

Con independencia del grupo etario, el tecnoestrés se caracteriza por una dependencia excesiva de estos dispositivos. “Pasan de ser una herramienta a ser un fin, invadiendo el tiempo de ocio y descanso”, especifica el experto. Quienes lo sufren presentan también “déficit de sueño por estar conectados demasiado tiempo”, “aislamiento social” y ven alterado su desempeño en el colegio o el trabajo, añade.

Buenos hábitos de vida

En su opinión, la primera medida para combatir este trastorno es recurrir a los hábitos de vida saludable, entre ellos, llevar una “alimentación adecuada, un horario de sueño suficiente, incrementar el contacto social y familiar y, sobre todo, practicar deporte”. Ahora bien, “si todo esto no es suficiente o el impacto en las actividades cotidianas comienza a ser excesivo o difícil de controlar, recurrir a un psicólogo sería lo adecuado”, advierte Maset. Y es que, “esperar puede llevar a que el estrés sea más profundo y la motivación para querer salir de él, menor”.

En el caso de los jóvenes, “la prohibición (salvo en casos muy agudos y con recomendación de psicólogo o psiquiatra) no parece ser la vía adecuada”, por lo que recurrir al refuerzo positivo tiene mejores resultados, según el portavoz de Cinfa. “Prohibir su uso en determinadas horas –ejemplifica– será menos efectivo que plantear una alternativa en ese mismo tiempo, como deporte en grupo, actividades lúdicas o de ocio en familia y que resulten tanto o más atractivas que el móvil o la tablet”.

Evitar incluirlos en el ocio diario

A su juicio, “los controles parentales son adecuados siempre que se trate de un menor de edad o que el joven lo acepte como vía para conocer sus hábitos e introducir consejos, pero lo ideal es que aprendan a planificar su tiempo libre con actividades que no incluyan el uso de estos dispositivos”. Se trata de que el dispositivo no se use por mero aburrimiento sino como una herramienta.

Además de dar consejos sobre hábitos saludables, con el paciente ya tratado por un especialista, el farmacéutico “debe llevar a cabo un seguimiento farmacoterapéutico para asegurarse de la adherencia al tratamiento, detectar posibles interacciones o efectos secundarios y aclarar dudas”, defiende Maset.

Tome nota

1. Planificar la agenda del día, sin sobrecargarla y gestionando los imprevistos con flexibilidad.

2. Desconectar el móvil durante el tiempo de ocio y, fuera del trabajo, no enviar correos a compañeros.

3. Usar líneas de teléfono o aparatos diferentes para el trabajo y para uso particular.

4. Hacer cursos que ayuden a usar bien la tecnología. Esto contribuirá a reducir la ansiedad.

5. Practicar técnicas de autocontrol (relajación, meditación, mindfulness, yoga…).

6. Hacer deporte  reduce la intensidad del estrés y ayuda a que los episodios duren menos.

A fondo: Enfermedades del siglo XXI, enfermedades causadas por la tecnología

Postado em

fuente-shutterstock_autor-solarseven_cerebro-684x513

 

Nomofobia, amnesia digital, aislamiento social, depresión… son varios los trastornos que se están detectando entre los adeptos a la tecnología. ¿Están muy generalizados? ¿Cómo ayudar a quien sufre estas enfermedades? ¿Tienen cura?

En los países más desarrollados del mundo, aquellos donde los índices de adopción de Internet alcanzan a casi toda la población, es imposible imaginarse ya rutinas en las que la tecnología no esté implicada. En especial, las puramente TIC. Todo comenzó con el PC. Pero la aparición y posterior popularización de dispositivos fáciles de transportar como los smartphones y las tabletas han sumergido a la sociedad en la vorágine de la conexión permanente. Los dispositivos, entre los que también se encuentran los wearables, se han convertido en una extensión más de nuestro cuerpo. Los ciudadanos del siglo XXI nos encontramos permanente localizables, conocemos las noticias en el mismo instante en que suceden, podemos resolver situaciones en remoto y, en los casos más extremos, apenas levantamos la vista de la pantalla aun estando rodeados de gente.

Y es que la relación de algunos usuarios con la tecnología puede traspasar los límites de la lógica. Puede volverse problemática. Hay quien llega a enfermar por abusar de la tecnología. Y “no sólo enfermar, sino incluso morir”, expone el doctor Antonio Cano Vindel, profesor de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid y presidente de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), con quien ha hablado Silicon.es. “Por ejemplo, ha habido casos de usuarios de videojuegos que han fallecido tras permanecer tres días jugando sin interrupción para intentar batir un récord”, recuerda. “El uso de nuevas tecnologías puede ayudarnos en muchos sentidos”, de hecho los desarrollos web favorecen cada vez más la accesibilidad para personas ciegas, sordas o con movilidad reducida, se está investigando sobre lentillas para diabéticos y se han lanzado monitores de actividad que incitan a llevar una vida más sana, “pero también puede estresarnos. Y el estrés puede enfermar cuando es demasiado intenso, no hay descanso y se vuelve crónico”.

Un sinfín de enfermedades

“Los efectos nocivos pueden ser de diversa índole”, relata Cano Vindel. “A nivel físico, el abuso tecnológico tiende a producir sedentarismo, obesidad, exceso de activación fisiológica, aumento de la presión arterial, problemas músculo-esqueléticos, síndrome del túnel carpiano, pérdida de visión, ojo seco, entre otros” como problemas auditivos por un uso excesivo de los auriculares o dolor de espalda por sentarse de forma incorrecta ante el ordenador. “A nivel psicológico, puede producir adicciones a distintos aparatos” y “a Internet”, identifica el presidente de la SEAS. Una de esas adicciones se conoce ya como “nomofobia”. Se trata de la necesidad de llevar siempre el teléfono móvil para poder consultarlo, del miedo de salir de casa sin él por un simple olvido, por una avería o porque la batería está descargada. El ‘no sin mi móvil’ afectaría a 3 de cada 5 españoles, según datos del centro de terapias grupales Coaching Club. En esto habrían tenido que ver unas campañas de marketing que los expertos califican de “agresivas y eficaces”.

La popularización insana de la tecnología estaría generando “altos niveles de ansiedad, irritabilidad, pérdida de comunicación social y familiar, estado de ánimo depresivo” y, “en general, todas las consecuencias negativas que puede acarrear el estrés”, resume Antonio Cano Vindel. Aquí entraría también el insomnio. Han aparecido “problemas nuevos, que están comenzando a definirse a nivel internacional como son el tecnoestrés o las tecnoadicciones”. En este sentido, desde el fabricante español de nuevas tecnologías Energy Sistem indican que más de una quinta parte de los jóvenes españoles se ha enganchado a Internet. España sería el país con mayor adicción adolescente a Internet de toda la Unión Europea, donde la media se sitúa en menos de un 13 %. Esta misma firma identifica fenómenos hasta ahora inexistentes como la “whatsappitis” y la “selfitis” o el “phubbing”. Las primeras se refieren a las hiperdependencias a la mensajería instantánea, sobre todo en conversaciones de grupo, y a la toma de autofotos. La selfitis llevaría a personas con problemas de autoestima a compartir imágenes constantemente en redes sociales, aunque también existe la “selfiefobia” que es justo lo contrario. Mientras, el phubbing consiste en prestar más atención al móvil o la tableta que a la gente que te rodea… o, directamente, toda la atención.

 

Fuente-Shutterstock_Autor-Don Pablo_smartphone-telefono-movilOtros inconvenientes que se han detectado son la “editiovultafobia” o el rechazo a saber de los demás por plataformas tipo Facebook por miedo a comparar su vida con la propia, la “retterofobia” o el terror a escribir mal los mensajes por móvil, la“vibranxiety” o esa impresión de sentir vibrar el teléfono incluso si no lo ha hecho, la “telefonofobia” o la ansiedad que causa el timbre del teléfono al no querer recibir llamadas y la “cibercondría” o la investigación online sobre enfermedades en vez de acudir a la consulta del médico de cabecera. El vínculo entre tecnología y salud también golpea a la memoria. Un estudio elaborado por Kaspersky Lab apunta al “efecto Google” o la propensión a olvidar información porque en vez de retenerla por medios propios se confía en las consultas por Internet, o en la revisión de la información que se ha ido acumulando en los equipos informáticos. El 55 % de los españoles todavía intenta recordar, pero un 34 % se va a Internet. Y eso a pesar de que el 22 % borra de su disco duro particular la respuesta online una vez utilizada. De ahí que se hable de amnesia digital. Hoy en día parece más importante acceder rápido a la información que crear una memoria permanente, a largo plazo. Buena parte de los usuarios es incapaz de recordar números de teléfono de familiares o del trabajo.“A su vez, las nuevas tecnologías cambian los comportamientos y pueden acentuar otros problemas como el acoso psicológico”, algo que “puede llevar al ciberacoso”, advierte Cano Vindel. Éste también apunta hacia “la ludopatía, que se hace más grave cuando se desarrolla en Internet”. La lista de enfermedades que han surgido o que empeoran por la existencia de la tecnología ya es larga. ¿Seguirá creciendo? ¿Aparecerán durante los próximos años nuevos trastornos de origen tecnológico? El doctor Cano cree que “las nuevas tecnologías seguirán desarrollándose para bien en muchos casos y también en algún caso para traer nuevos problemas”. Hay que tener en cuenta que “algunas personas ya viven casi exclusivamente ‘dentro de su cerebro’, es decir, activando neuronas, pensamientos, emociones, sentimientos… tan sólo con un aparato, como por ejemplo su teléfono inteligente y sus aplicaciones”. Y eso difícilmente puede concebirse como saludable, como un precedente esperanzador. “La incidencia de los problemas derivados del mal uso de las nuevas tecnologías puede aumentar en los próximos años, como aumentaron en su día las muertes en carretera, al incrementarse el uso del automóvil”.

Síntomas a identificar

Utilizar la tecnología, aprovechar sus ventajas, no significa que se vaya a acabar padeciendo un problema físico o mental. Sin embargo, existe cierto punto en el que hay que comenzar a preocuparse. Y ese punto, como ocurre con “todos los abusos”, es “cuando el sentido común nos dice que se está comenzando a usar de forma excesiva, dañina para el individuo a nivel económico, familiar, social, académico o laboral, y aparecen problemas de salud o malestar”, explica el catedrático de Psicología en la Complutense con el que ha contactado Silicon.es. ¿Cuáles son, por tanto, los síntomas típicos que denotan que dicho uso es perjudicial? “Por ejemplo, un bajón de rendimiento académico, la falta de comunicación familiar o en la pareja, el gasto económico injustificado”, así como “el insomnio, la ansiedad, las somatizaciones, etc. Es decir, los síntomas que” también “se observan en una persona que sufre estrés” por otras causas “o tiene alguna adicción”, aunque no sea tecnológica.

Conviene diferenciar la repercusión directa de los daños colaterales, según Coaching Club. La dependencia obsesiva por el móvil, sin ir más lejos, causa taquicardias y ansiedad, pensamientos de carácter catastrófico, jaquecas, dolor de estómago y sudoración excesiva de las manos. Pero, además, lleva aparejada la desconexión del enfermo con el entorno que le rodea. Éste no ve más allá de móvil, independientemente de dónde se encuentre. Cae en la revisión, una y otra vez, de aquellos mensajes que recibe en busca de significados ocultos. Si no es capaz de comunicarse con algún conocido justo cuando quiere hacerlo, puede perder los nervios. También sufrirá de autoestima baja y de un control enfermizo de sus conocidos, incluida su pareja. Lo curioso es que las denominadas tecnologías de la información y de la comunicación pueden acarrear una “paradójica pérdida de comunicación”, indica Antonio Cano Vindel. Sobre esto se han realizado análisis de “la disminución de la frecuencia de las relaciones sexuales en las últimas décadas” como consecuencia de “los cambios tecnológicos”.

Algunos entendidos han identificado que jóvenes y mujeres se encuentran entre los más proclives a padecer ciertas adicciones y fobias tecnológicas. Pero otros investigadores, como quienes han realizado informes sobre los efectos de la tecnología para Kaspersky Lab, no han hallado diferencias en la incidencia de la amnesia digital, en este caso, por grupos de edad ni sexo. “Quienes más usen estos aparatos” tecnológicos “y más estén descuidando las relaciones sociales, el descanso, el autocuidado en general, la salud” son los que acabarán cayendo, según dice Cano. Y esto, “por supuesto, puede afectar tanto a jóvenes como a adultos”. Los trabajadores más maduros no se libran de este peligro. “Los factores de riesgo para el desarrollo de este tipo de problemas son varios. Por un lado, tenemos factores individuales, como la genética, la personalidad, el nivel de ansiedad y estrés, el estilo de vida o los aprendizajes pasados. Por otro lado, existen factores sociales, como son las modas, la publicidad en los medios o ciertos grupos sociales”, cuenta el experto que preside la SEAS. Así, “algunas personalidades proclives a las adicciones, como la ludopatía, es más fácil que desarrollen adicción a los juegos online”. Cabe recordar asimismo que “los hombres usan más los videojuegos violentos y las mujeres, las redes sociales”, lo que generaría ciertos patrones.

 

Fuente-Shutterstock_Autor-www.BillionPhotos.com_medicina-saludConcluir por qué acaba metida la gente en este tipo de problemas no es sencillo. No hay una única razón. Cada uno tendrá la suya. Pero, ¿un adicto tecnológico es consciente de lo que le está sucediendo? “Los adictos en general suelen ser los últimos en darse cuenta de que tienen un problema”, contesta Antonio Cano Vindel. De hecho buscarían excusas. “¿Qué fumador carece hoy en día de información sobre los efectos letales del tabaco? Y sin embargo, muchos justifican su consumo de tabaco de muchas maneras”, compara este profesional. “No suele haber conciencia de la verdadera magnitud del problema. Por el contrario”, lo que caracteriza a los adictos es que “tienden al autoengaño e incluso a mentir a las personas de su entorno, sin mucha conciencia de tener un problema. Un padre que se queda en el paro y busca trabajo en Internet durante 8 horas diarias, pero termina con adicción a cibersexo y no lleva a sus hijos al colegio o los lleva en pijama, puede que intente justificar sus ‘fallos’ por la búsqueda del empleo, sin pensar que tiene una adicción”.

Existe tratamiento

Estas enfermedades del nuevo siglo no son irreversibles. Tienen cura. Una persona que padece un trastorno asociado a la tecnología no está desahuciada, y ésa es la parte buena. El primer paso es admitir que algo no va bien. Y, a partir de ahí, será posible ponerle solución. “Todos los problemas relacionados con el estrés y las adicciones tienen tratamiento”, anima Cano Vindel. “Las técnicas psicológicas cognitivo-conductuales han demostrado en estudios científicos rigurosos, como son los ensayos clínicos, que son eficaces y pueden revertir el problema”. Alguien que ha establecido una relación obsesiva con algún gadget tendrá que aprender a reducir su uso, a seguir unos horarios estructurados, a alejarse de ellos durante ciertos momentos del día, a apagarlos por la noche… Tendrá que seguir terapia para aprender a estar sin ellos, de modo que cuando los tengan en su poder no sufran ni vivan sólo para ellos. Establecer una conexión sana resulta vital en esta época en la que el uso de Internet, smartphones, tabletas y demás dispositivos no hace más que aumentar.

Un escollo que queda por superar de cara a una correcta aproximación a los trastornos tecnológicos es el de la preparación de la comunidad médica. Desde el punto de vista del diagnóstico, “los problemas de estrés y los problemas emocionales tienden a ser mal reconocidos por el médico de atención primaria, pues no es especialista en ellos y no dispone de tiempo de consulta suficiente para hacer un buen diagnóstico. Por otro lado, no sólo falta información en el médico sino en el paciente, que no informa bien de todos los problemas que está teniendo, porque no los tiene identificados como tales”, observa el máximo representante de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés. “Un segundo problema, además del diagnóstico, es el tratamiento. En atención primaria, estos problemas se atienden con psicofármacos para reducir los síntomas: ansiolíticos o tranquilizantes, para reducir la ansiedad; antidepresivos, para la ansiedad y el estado de ánimo; somníferos, para el insomnio; analgésicos, para el dolor. Pero no se atienden los aspectos psicológicos“, lamenta Cano.

En la actualidad, “no hay psicólogos especialistas en atención primaria para cambiar las conductas, las emociones, las adicciones, los pensamientos erróneos” y una serie de aspectos fundamentales, denuncia este experto. “Esto es poco lógico, porque sólo se intenta disminuir los síntomas, pero no los pensamientos, las emociones y las conductas que producen esos síntomas. Con lo cual, el tratamiento es menos eficaz, y en lugar de resolver el desorden con las técnicas basadas en la evidencia, el problema se vuelve crónico”. Para combatir esta forma de actuar se ha puesto en marcha el ensayo PsicAP (siglas de Psicología en Atención Primaria), “que se está aplicando en veintidós centros de salud de toda España”, comenta uno de sus promotores. Gracias a él “estamos demostrando que el tratamiento psicológico de los problemas emocionales y del estrés es más eficaz que el tratamiento habitual de atención primaria, básicamente farmacológico”. Así las cosas, ¿qué pautas básicas deberíamos seguir todos para mantener un trato sano con la tecnología? “Las recomendaciones son obvias”, señala Antonio Cano Vindel. La lógica debe regir el proceso. No hay más. “Hay que hacer un uso adecuado de estas nuevas herramientas, que pueden ser muy útiles” para cosas como “facilitar la comunicación, pero nos pueden incomunicar con las personas más próximas” y, al final, “aumentar nuestro estrés laboral”.